Migración venezolana: ¿escape o tortura?

ENRIQUE J. MARRERO RODRÍGUEZ (@ejmr17), comunicador social venezolano

Para todos es bien sabido que las migraciones vienen dadas desde años ancestrales. Sin embargo, cada una cumple patrones, consecuencias y características particulares, pero la gran mayoría han sido causadas por problemas socio-políticos. Pudiéramos nombrar los años de la Segunda Guerra Mundial, y antes de ella la Revolución Francesa, la integración de la Unión Soviética, la eterna Revolución Cubana en Chile el Sr. Pinochet o el eterno sueño americano de México.

Foto: Unsplash.

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Hoy conversaremos sobre la migración venezolana y sus torturas para llegar al destino. Intentar salir de Venezuela no es una tarea fácil, y el recorrido pone cada vez más escollos por sortear, llegar a un terminal cualquiera es complejo, los boletos son costosos y por demás escasos; allí comienza la suerte de salir. Siempre encontrarás a los inescrupulosos con los expresos que están casi desocupados pero en las taquillas en donde se expenden los boletos dice “No hay pasajes”. Allí les toca a los pasajeros acudir a los especuladores, se acercan y les preguntan el destino, el costo muchas veces es 3 o 4 veces su costo original, pero el desespero por salir hace al viajero caer en esas mafias inescrupulosas.

Carmen Cabriles (nombre no real para proteger identidad), cuenta que una vez llegada a la frontera Colombia-Venezuela comienzan las torturas, “Nos abordaron muchos chicos que en sus camisetas decían Asesores, ellos se dedican a buscar migrantes venezolanos para que les paguen por pasar por las llamadas trochas, comienzan diciendo que por el puesto fronterizo las posibilidades de acoso y pago doloso es inminente, que en muchas ocasiones los funcionarios venezolanos piden entre 20 a 30$ para poder pasar por la frontera. Estos chicos te piden entre 4 mil y 5 mil pesos colombianos, pero el trayecto es de unos 15 minutos, entre caminos de tierra, puentes improvisados por el río y pequeñas veredas entre casas y comercios”. Pero la historia no termina allí, es el comienzo de la travesía, porque has llegado a Cucuta, desde que pisas tierra fronteriza es un bazar de ofrecimientos, contemplaciones, cuentos y sorteo de opciones. “Tienes que pasar muchas horas en la cola para cambiar efectivo, giros e incluso las colas para la oficina de Migración son exageradamente largas, a cada instante te pasan personas diciendo que para evitar la cola puedes pagar entre 50 y 60$”.

Las colas y mercaderes de todo tipo en estas fronteras son interminables, en muchas ocasiones quedan a la deriva los migrantes, corriendo suertes inesperadas. Este es el caso de Rosa.

Rosa Pacheco: “me tocó negociar con un grupo de asesores que me vendieron 3 pasajes para Bogotá, mis hijos se fueron a las 5:30h de la tarde y a mí me tocó un pasaje más tarde. Debido a que decidí buscar sellar mi pasaporte en la oficina de Migración, me tocó un número superior al 2.000, me coloqué desde las 4 de la tarde para realizar la cola, a la altura de las 7:30h de la noche un grupo de personas nos manifestaron que no sellarían más, si no hasta un par de horas, y 300 o 400 personas que tendrían que repetir la faena hasta el día siguiente”. Cualquier cosa en la frontera cuesta siempre el doble. “Decidí no quedarme y regresé hasta las oficinas del grupo con el que había preparado mi viaje. Para sorpresa, sólo quedaba una persona allí y hizo algunas llamadas para que me buscaran el transporte prometido y pagado. Al cabo de 2 horas me dijeron que el único transporte que me podían ofrecer partiría en unos 10 minutos y no sería lo prometido (un bus cama), sería uno que llevaría a un grupo de ilegales y viajaría por el páramo, sin asientos reclinables, sin aire, sin baño y sin escala. Logramos salir a las 10 de la noche con el inconveniente de que toda la vía fue una verdadera odisea, este transporte se dañó cerca de un pequeño pueblo, sólo así pudimos ir al baño y comer algo caliente, para soportar el frío”.

No obstante, allí no termina el padecimiento de los viajeros venezolanos. Según sea su destino, hay más obstáculos por sortear. Independientemente de lo que elijas, siempre eres y serás tratado como migrante. Ese título queda plasmado y no hay manera de quitar la etiqueta. Los países latinoamericanos están pasando por un cambio social radical, en la gran mayoría se debaten entre cómo aceptar al desertor venezolano, pero sin embargo nadie quiere entender las razones de la migración abrupta y desproporcionada que se ha venido dando en los últimos años.

Las distintas organizaciones se reúnen en grupos polarizados que fueron formados para discutir el tema migratotio, pero cabe hacer las siguientes preguntas: ¿Qué han logrado después de tantas reuniones y resoluciones? ¿Por qué sólo tenemos un discurso poco congruente y claro sobre las posibles soluciones? Me permito destacar algunas respuestas de los países que hoy albergan a migrantes venezolanos. El caso de Chile, con un discurso político de presidente Sebastian Piñera de 09 de abril del año 2018: "ha llegado el momento de poner orden en este hogar que compartimos, en esta casa que es la casa de todos", pero dicha norma propuesta sólo incluiría a los migrantes que habían ingresado hasta el 08 de abril 2018, albergando a dos nacionalidades en particular: la haitiana y la venezolana.

En su discurso, Piñera manifestó su respecto a los venezolanos, "un país que acogió a muchos chilenos que buscaban refugio en sus fronteras". Anunció la creación de una visa de responsabilidad democrática, que deberá solicitarse en el consulado chileno de Caracas a partir del 16 de abril. "Otorgará un permiso de residencia temporal por un año, prorrogable por una vez, que posibilita luego pedir la residencia definitiva". Para que sepan más de la mitad de estas solicitudes, son rechazadas por cualquier motivo, sin importar que hayan cumplido con todas las exigencias impuestas. Está por demás decir que fue una respuesta política del mandatario que debía dar una respuesta en pro de los chilenos sobre las presiones que recibían por parte de los agentes políticos. El Grupo de Lima y los gobiernos de Colombia, Argentina, Perú y Ecuador han generado respuestas muy similares que las de Chile.