El efecto positivo de la música en nuestra vida

ELIANA SILVIA SOZA MARTINEZ (@fizcaeliana), comunicadora social boliviana. 

“La música es la banda sonora de la vida” Dick Clark; concuerdo completamente con este presentador reconocido en el mundo. Para mí, la vida sin música no sería la que es. Me declaro una melómana empedernida; si tengo una adicción, es a la música.

 “La música es la banda sonora de la vida” Dick Clark. Foto: pixabay.

“La música es la banda sonora de la vida” Dick Clark. Foto: pixabay.

Desde que tengo uso de razón, mi vida ha estado envuelta de esta maravillosa creación del hombre, desde los boleros y baladas que mi tía Margarita ponía a todo volumen cuando arreglaba la casa, hasta la nueva trova de mi tío Willy.

Poco a poco fui creciendo y descubriendo los géneros que me gustaban y los que disfruto, como el rock, el jazz, la nueva trova y muchos más; primero solo en las radios para luego recién disfrutarlos en casettes y luego en discos compactos.

Cada momento feliz y triste de mi vida tiene un fondo musical. Como cuando estaba enamorada por primera vez; todavía escucho a Sui Géneris. Mis desilusiones con Silvio Rodríguez, mi matrimonio con los Presuntos Implicados y su canción “Te esperaré”. Cuando estaba a punto de dar a luz a mis dos hijos con “Time” de Alan Parson Project, o mis días más tristes con baladas de rock. Espero que cuando muera también mi velatorio y funeral tengan música épica.

Como en una película, cada momento tiene su propia banda sonora, que va desde “It is love” de Whitesnake hasta “Georgia on my mind” de Ray Charles, “Si tú me miras” de Alejandro Sanz, “Ojalá” de Silvio Rodríguez, o las canciones de las bandas bolivianas Octavia y Efecto Mandarina.

Pero ¿cuál será la influencia de la música en la vida de los seres humanos? La ciencia ha ido descubriendo que es cierto eso que sólo intuíamos los melómanos. La música afecta, en la mayoría de los casos, positivamente en nuestra vida; no solo causándonos placer cuando la oímos o creamos, sino que los estudios están demostrando que sus frutos son muchísimos más diversos y ricos.

Por ejemplo, en una investigación de la Universidad Northwester (EEUU) se ha descubierto que gracias a la formación musical, en niños pequeños, se ha conseguido un vocabulario más desarrollado, mayor concentración y otros aspectos de la comunicación humana. Por tanto, aporta de sobremanera en el desarrollo cognitivo humano y en el estímulo de nuestra inteligencia.

No obstante, no se quedan ahí sus beneficios. Según la Universidad Caledoniana de Glasgow, “recetar” música parece ser que logra disminuir dolores físicos y emocionales, acelerando la recuperación de las personas que están enfermas. Cuando estuve cinco días hospitalizada por apendicitis, si no hubiera sido la música que tenía en el celular y la que compartía con nosotros un joven residente, no hubiera aguantado todo ese tiempo.

Me imaginaba que las salas en todos los centros médicos serían mucho más agradables con dulces ritmos en sus parlantes, pues según la misma investigación, se reducirían el estrés, el insomnio, la depresión, calmando el dolor y mejorando la inmunidad.

Así corrobora otro análisis, esta vez del Instituto de Investigación del Cáncer del Reino Unido, que anunció los resultados de una investigación que lleva a cabo desde 2002. Demuestra que las técnicas de relajación en las que se emplean melodías pueden reducir hasta en 30% los dolores y las náuseas derivadas de la quimioterapia en tratamientos contra el cáncer de mama.

Con todos estos respaldos científicos podemos afirmar que el poder de la música no solo influye en nuestro estado emocional, como cuando estamos tristes y una melodía alegre puede animarnos, o una melodía que nos traiga recuerdos pueda tornarnos nostálgicos o tristes, sino que también su impacto a nivel neurológico, físico y emocional, puede considerarse como una herramienta más dentro del desarrollo del ser humano.

Por tanto, como afirmó Bono, el vocalista de la banda inglesa U2: “La música puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas”. Gracias a esta forma del arte, las personas pueden llegar a ser más felices y, por tanto, compartir esa alegría con los demás. La música, como cualquier tipo de disciplina artística, promueve la expresión de las personas, cambia estados de ánimos y, por tanto, contribuye a que seamos mejores seres humanos, más empáticos y solidarios con los demás. Como afirma el cantautor estadounidense Jason Mraz: “la música es un arma en la guerra contra la infelicidad”.

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