Tres décadas que alumbraron la liberación homosexual: una visión internacional

JORDI PETIT

Las tres décadas que van de los años 50 a los años 70, implican una profunda transformación de valores culturales y morales. A la vista de hoy, y considerando el concepto de revolución clásico de toma del poder e instauración de un régimen nuevo, esos cambios no se adaptan a tal definición, ni a la toma de la Bastilla, ni del Palacio de Invierno. Sin embargo fueron muy profundos y en varios casos incluso contestando algunos de los valores de la izquierda tradicional. Luego, tras la caída del muro de Berlín, se diluye el concepto de revolución en cuanto a contenidos y referente de lo que fuera la URSS, así que en la actualidad no hay consenso claro de que significa el término revolución respecto del futuro.

Foto: Unsplash.

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Cambios sociales profundos

Esas tres décadas incluyen unos cambios importantísimos en algunos aspectos que liberaron o incluso fomentaron la aparición de insospechados movimientos sociales, como el caso de los y las homosexuales.

Si bien la economía siguió un ritmo de recuperación lineal tras la contienda mundial, hay que destacar dos fenómenos importantes. En primer lugar la reconversión agrícola que con nuevos métodos y maquinaria se industrializa, ahuyentando a gran cantidad de campesinado hacia las grandes ciudades. La mejora de las clases medias en occidente permite en pocos años ampliar su base y poder disfrutar de servicios y electrodomésticos antes considerados como un lujo.

Paralelamente asistimos a otro cambio trascendental y es la masiva incorporación de la mujer a la vida social y laboral, hecho que comporta casi mecánicamente situaciones de discriminación que conllevan protestas feministas que irán progresando a lo largo de esos años en todas partes (incluidos ya en los setenta los países en vías de desarrollo). No olvidemos que fue una mujer negra en EE.UU. quién negándose a ceder su asiento en un autobús a un blanco, encendió la chispa del movimiento antirracista.

Otro fenómeno importante fue la también masiva incorporación de jóvenes a los estudios superiores y el corte generacional que ello supuso por dos razones. El nivel de formación de éstos enseguida superó al de sus familiares, toda vez que se confrontaron actitudes distintas ante la mejora del nivel de vida de aquellas clases medias. Padres y abuelos nunca habían soñado tener televisión, por poner un ejemplo, mientras que para sus hijos eso formaba parte de lo usual y no apagaba su natural inconformismo. Es más, las infraestructuras educativas no estaban preparadas para el alud de jóvenes que llegó en poco tiempo a las aulas y las dificultades que se presentaron enconaron los ánimos contestatarios. El desarrollo universitario y su interconexión facilitó la circulación tanto de conocimientos como de ideas, generándose un potente movimiento estudiantil que apostaba por una revolución anticapitalista que desbordaba a una clase obrera reticente a aventurismos, dada la mejora de su nivel de vida.

“El desarrollo universitario y su interconexión facilitó la circulación tanto de conocimientos como de ideas”

En síntesis asistimos a la casi desaparición del campesinado en favor del desarrollo de las grandes urbes y al crecimiento del movimiento feminista y estudiantil, seguido del antirracista ya entrados los sesenta. Seguiría de inmediato el mayo del 68 francés, que originaría la crítica antiautoritaria contra los viejos partidos comunista y socialista, luego se sumó la contestación pacifista a la guerra del Vietnam en EE.UU.

Estas convulsiones sociales retroalimentaron unas y otras corrientes de pensamiento que influyeron en nuevas alternativas políticas, en el arte y la cultura y en los valores de los nuevos o renovados movimientos sociales, así como en la juventud contestataria. En definitiva entrados los setenta se consagró una ideología de superación de los ideales de la modernidad, todo empezó a ser “post”, sin definir muy bien nada más o tendiendo quizá a inventar, provocar y sintetizar.

“Entrados los setenta se consagró una ideología de superación de los ideales de la modernidad”

A todo este panorama escapa España sumida en la post-guerra y luego en el boom económico de los sesenta, éste común al resto de occidente, pero evidentemente sin posibilidad de desarrollo de movimientos sociales ni del pensamiento bajo la dictadura nacional-católica de Franco hasta 1975. De todas formas hubo incorporación de la mujer a la vida laboral y aumento del estudiantado que enseguida se reveló contra el régimen, toda vez que el masivo turismo llevaba a nuestro país divisas y nuevas ideas.

 

Antecedentes para el surgimiento del movimiento homosexual

El desarrollo de los movimientos antes mencionados en Europa y EE.UU. fue alentando la toma de conciencia de las personas homosexuales, aún siendo consideradas entonces como enfermos y en muchos países como delincuentes. En conjunto las ideas del feminismo y la contestación estudiantil convergieron en reconocer la separación de sexo y reproducción y en afirmar los valores del individuo frente a la sociedad y sus normas impuestas. A ello hay que añadir varios aportes científicos esenciales. En primer lugar el Informe Kinsey de 1947, una primera macroencuesta sobre sexualidad en EE.UU. a 12.000 personas que conmocionó a la opinión pública al exponer, entre otros temas tabú, que hay un 10% de la población que mantiene preferentemente prácticas homosexuales y que otro 20 % ha tenido al menos alguna o varias experiencias satisfactorias de este tipo a lo largo de su vida. Tras ese demoledor informe, siguieron otros parecidos y más tarde las universidades añaden otras evidencias sobre las prácticas homosexuales en una mayoría de culturas del mundo, así como entre mamíferos (trabajos de los profesores Ford y Beach de la universidad de Yale).

Paradójicamente hasta los primeros años cincuenta se realizaban aún lobotomías en Europa (extirpación de la parte del cerebro que regula la sexualidad) para “curar” la homosexualidad, toda vez que las terapias aversivas con electro-shock casi han llegado hasta la actualidad.

 

La segunda y tercera generación del movimiento homosexual: 1945-1969 / 1969-1981.

Se ha convenido en llamar primera generación del movimiento homosexual a las organizaciones surgidas principalmente en Europa a finales del siglo XIX y primer tercio del Siglo XX, lideradas por el Comité Científico y Humanitario de Magnus Hirsfelch en Alemania. Período poco estudiado del que destaca el volumen y peso de tales grupos en un ambiente ciudadano tolerante que terminó abruptamente con la ascensión nazi y el holocausto homosexual en los campos de exterminio. Un libro que relata en primera persona estos hechos y que además incluye interesantes notas históricas a pie de página es ”Pierre Seel, deportado homosexual”, de Jean Le Bitoux y Pierre Seel, editado por Bellaterra, Barcelona 2001.

La segunda generación del movimiento homosexual sería una tímida y precavida continuación de la primera, tras la segunda guerra mundial. Hasta entrados los años sesenta hablamos de grupos de homosexuales clandestinos en lo social y en muchos países en lo legal. Si bien los pioneros alemanes de los años veinte se autodenominaban “tercer sexo” y buscaban respuestas científicas, en los 50 el conservadurismo de los gobiernos de unidad nacional en Europa tras la guerra y el rechazo tanto de la izquierda estalinista como de la derecha democristiana y de la opinión pública, los sumió en un gran silencio. Algo más llegaron a hacer en los EE.UU., en Holanda y Escandinavia.

Por otra parte la revolución castrista en Cuba, sea por el machismo imperante en la cultura latinoamericana, sea por influencia soviética, en sus primeros años se ensañó contra los homosexuales.

Entrando ya los años sesenta se hacen notar progresivamente los efectos económicos y sociales de las transformaciones antes referidas. En base a los aportes científicos de Kinsey y otros, más las revueltas feministas, estudiantiles y antirracistas, surge un nuevo movimiento o tercera generación en 1969 que cambia la palabra homosexual, sinónimo de enfermedad, por “gay”, alegre y divertido, que ya no busca “comprensión” sino que la sociedad cambie para aceptar a todos y todas los gays, lesbianas, bisexuales y travestís (la palabra transexual y transgénero es de uso más reciente). Precisamente esta tercera generación surge donde menor control social existe, las grandes urbes de los países democráticos.

“Surge un nuevo movimiento en 1969 que cambia la palabra homosexual, sinónimo de enfermedad, por “gay”, alegre y divertido”

San Francisco, microcosmos de referencia

Esta ciudad fue durante la Segunda Guerra Mundial lugar donde fueron a parar muchos hombres y mujeres que licenciados del ejército del Pacífico por causa de su homosexualidad, desembarcaban allí y allí se quedaban, básicamente por dos razones: el miedo a volver a sus conservadores pueblos natales y el anonimato y vida bohemia que ofrecía la ciudad. Eso produjo tras el fin de la guerra un efecto llamada que congregó a más homosexuales que empezaron a reunirse en bares específicos. Uno de estos resultó ser el legendario “Black Cat” que tras el acoso policial, logró en 1951 que el Tribunal Supremo de California declarase ilegal cerrar un establecimiento por causa de que su clientela fuera homosexual, entonces todo un hito.

A finales de la década y gracias al apoyo del movimiento “beatnik”, opuesto a la ola conservadora que asolaba EE.UU., los homosexuales dan el salto de los bares nocturnos a la calle, a relacionarse a plena luz del día y actuar en política. La propaganda sensacionalista de época adujo la tolerancia de los “beat” hacia éstos como una prueba de su desvarío, lo cual sirvió de nuevo como efecto llamada de muchos homosexuales que llegaron a San Francisco huyendo de sus lares. En este clima florecen nuevas asociaciones reivindicativas, incluidas las lesbianas y la revista decana “Advocate”. Cuando en 1961 los propietarios de estos establecimientos empezaron a denunciar las extorsiones y corrupción a la que se veían sometidos por la policía, ésta replicó con redadas masivas y la retirada de licencias a 12 de los 30 bares de la ciudad. Este tira y afloja se resolvió de parte de la legalidad y gracias a que el empresariado constituye una sociedad para defenderse.

La cultura hippy de los sesenta, californiana de nacimiento, como los “beat” en los cincuenta, también apoyó con simpatía a los homosexuales de San Francisco y de todo el mundo por extensión. En 1964 se funda la Sociedad para los Derechos Individuales que agrupa a mil miembros.

La revolución de Stonewall de 1969 con el nacimiento del Orgullo Gay en Nueva York no haría más que encontrar terreno abonado en la meca homosexual por excelencia.

 

Datos sobre la segunda generación

La ciudad de Los Ángeles también fue un punto de partida de esta segunda generación. En 1948 ya hubo un fallido grupo de apoyo al candidato Wallace contra Truman para la presidencia de EE.UU.. En 1950 se funda la clandestina “Mattachine Society” a base de grupos de discusión y en 1952 ocurre un hecho de referencia. Dele Jennings, miembro de este grupo, es arrestado por un policía secreta en un parque de encuentro homosexual de Los Ángeles. Se organiza la primera campaña de protesta y el jurado le declararía inocente. En 1953 aparece el primer ejemplar semiclandestino de la revista ”One” que no llegaría a los kioscos hasta 1958. También en 1953 se celebra la primera asamblea pública de homosexuales en una iglesia universalista de esta ciudad y la Mattachine Society reúne ya cien grupos de debate. Es auge de este movimiento atrae al FBI que se infiltra y abre deliberadamente una crisis interna. Estamos en la época MacCarthy.

En Europa las cosas fueron un poco mejor en algunos países como Holanda. Durante la ocupación nazi un comando de homosexuales asaltó y destruyó la sede donde éstos acumulaban datos y ficheros para proceder a las deportaciones, acción que les valió un gran reconocimiento posterior. En 1950 se crea el Comité por la Igualdad Sexual donde participan heterosexuales y homosexuales y cuya tarea es clarificar estos temas ante la sociedad, y en que momento las cuestiones de la anticoncepción y los preservativos. Ya en 1953 reúnen un comité internacional sobre “Homosexualidad y salud pública”. El COC será la organización homosexual de referencia en Holanda, que junto a otras de veteranas como el F1948 en Dinamarca y el RFSL en Suecia, abrirán camino ininterrumpidamente hasta incluso la actualidad.

“Durante la ocupación nazi un comando de homosexuales asaltó y destruyó la sede donde éstos acumulaban datos y ficheros para proceder a las deportaciones”

Nuestra vecina Francia tuvo que contentarse con un movimiento mucho más discreto. En 1942 el gobierno de Vichy introdujo la condena de los actos contra natura en el Código Penal, y nadie lo reformó tras la liberación. Las revistas fueron la única expresión organizada de esta segunda generación, de 1952 a 1955 “Futur” y de 1954 a 1982 la de mayor peso “Arcadie”. En 1957 ya tenía 4.000 abonados. En 1955 se reúne en París el Comité Internacional para la Igualdad Sexual, pero de poco serviría pues en 1960 la Asamblea Nacional califica la homosexualidad de mal social como el alcoholismo y la prostitución. Tras el mayo del 68 y el empuje de la Revolución de Stonewall de 1969, “Arcadie” alcanzó en 1972 los 15.000 socios que además disponían de clubes privados. Decaería con los nuevos aires del movimiento y se disolvería en 1982 para dar paso a la revista “Gai Pied”.

En Italia la situación no podía ser peor dado el enorme peso del Vaticano en la vida política y social del país. En Portugal la dictadura y la estructura rural del país no permitió el más mínimo atisbo de movimiento homosexual.

 

España, de los años 50 a los primeros 70

Ni siquiera bajo la Segunda República hay noticia alguna de grupo homosexual organizado como los había coetáneos en Alemania. El peso de la tradición católica y la ausencia de hábitos asociativos y democráticos debieron de impedirlo. El franquismo supuso después la historia de la represión de la homosexualidad hasta la misma transición.

Tras la antigua Ley de Vagos y Maleantes donde en 1954 se incluye a los homosexuales, pasando por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970, no hay más que redadas y detenciones que justo ahora salen a la luz. Tres libros recientes recorren este oscuro túnel aportando interesantes testimonios y datos: “Redada de violetas” de Arturo Arnalte (Ed. La Esfera de los libros, Madrid 2003), “El látigo y la pluma” de Fernando Olmeda (Ed. Oberón, Madrid 2004) y “Una discriminación universal. La homosexualidad bajo el franquismo y la Transición” Editor Javier Ugarte, (Ed. Egales, Madrid 2008). Todavía no sabemos hoy cuantos homosexuales fueron condenados bajo la Ley de Peligrosidad Social.

Una de las películas más taquilleras de la historia del cine español fue precisamente “No desearás al vecino del quinto” (1970) de Ramón Fernández, donde Alfredo Landa representaba lo más tópico y rancio de la mariquita tradicional. Fueron unos años de callados suicidios, cárcel o emigración forzosa.

 

Estalla Stonewall y nace la tercera generación

La noche del 27 al 28 de junio de 1969, y tras los funerales de Judy Garland, amada diva de los homosexuales de medio mundo, se produce en Nueva York la revuelta de Stonewall. Los gerentes de los bares de encuentro homosexual, como Stonewall, concentrados al sur de Manhattan, se rebelan contra la extorsión policial, como antes hicieran en San Francisco, ésta responde con redadas que son contestadas por los clientes, especialmente travestís y se abre una batalla campal que duraría dos días y obtendría gran repercusión internacional. Finalmente de nuevo gana la legalidad y la policía deja de hostigar, había nacido el Orgullo Gay y los desfiles conmemorativos de aquella victoria por el derecho de reunión y contra la represión.

De las 50 organizaciones que había en 1969 en EE.UU. pasamos a más de 800 en 1973.

Se crea en EE.UU. el Gay Liberation Front, cuyos textos estudia el clandestino Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), fundado en Barcelona entre otros, por Armand de Fluvià. Las bases programáticas del Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) sucesor del MELH en 1975, contienen los siguientes principios: crítica a la ideología dominante de raíz judeo-cristiana en tres aspectos cruciales, el sexismo, el machismo y el heterosexismo, crítica al “ghetto” de bares y locales para homosexuales y llamada a superar la auto-opresión de cada gay y lesbiana. El “Manifest” del FAGC, además, incluyó una análisis althusseriano de los aparatos de estado que reproducen e imponen la ideología dominante, para proponer su transformación revolucionaria (ver “El moviment gai sota la clandestinitat del franquisme, 1970-1975”, de Armand de Fluvià, Ed. Laertes, Barcelona 2003). Con mayor o menor énfasis este fue el ideario que prendió en muchas organizaciones que surgen por todo el mundo occidental, en cualquier caso, coincidiendo en una menor o ninguna condena explícita de los locales de encuentro de como formulara el FAGC.


Ascenso y caída de los Frentes de Liberación Gay (1969-1981)

En términos generales la aportación de los frentes de liberación tuvo una exitoso resultado antirrepresivo en todas partes. Supieron ganarse a parte de la opinión pública e influir en las leyes. Allí donde existía una cierta tradición asociativa la ola liberadora consolidó y amplió las libertades conquistadas, en otros sitios supuso una novedad como en España e Italia. Se estructura una cierta subcultura gay que va desde la bandera del arco iris en EE.UU., signo de diversidad, a la reivindicación del triángulo rosa en Europa, como recuerdo del holocausto homosexual. Suenan grupos musicales afines como T.Rex en el Reino Unido y Village People en EE.UU. que copan las listas de éxitos, pero el cine sigue presentando a los homosexuales como seres desgraciados e infelices como en “Los chicos de la banda”.

“Supieron ganarse a parte de la opinión pública e influir en las leyes”

En San Francisco se afirma la participación política de la comunidad homosexual, candidatos gays devienen en condicionante para ganar la alcaldía, al igual que en Nueva York. A pesar de la reacción conservadora capitaneada por Anita Bryant en EE.UU., los avances siguen imparables. Se produce incluso un asesinato homofóbico en 1977 en San Francisco y en 1978 un concejal conservador mata al alcalde y al concejal y líder gay Harvey Milk, en sus propios despachos. Tras una multitudinaria despedida de 20.000 manifestantes, al año siguiente el culpable es condenado a la pena mínima, afrenta que desata la rabia y una violenta protesta en San Francisco.

Aún así, en esos años se asientan los barrios de mayoría gay en Toronto, Seattle, Los Ángeles, Nueva York y por supuesto de San Francisco que pasa de 59 bares en 1969 a 234 establecimientos gays en 1980.

En el estado español se produce un movimiento pendular de la sociedad de interés hacia todo lo que estuvo prohibido bajo el franquismo, y eso alcanza a los gays cuyas organizaciones son enseguida integradas con gran normalidad por los medios de comunicación, algo insólito en el resto del mundo. Las campañas del FAGC (Front d’Alliberament Gai de Catalunya) y grupos similares en las grandes capitales contra la Ley de Peligrosidad Social son secundadas por todas las izquierdas y población progresista que llenan las manifestaciones del 28 de junio de 1977, la primera en Barcelona ( violentamente reprimida por la policía) y en 1978 en Madrid, Barcelona, Sevilla y Bilbao.

Así el Consejo de Ministros de la extinta UCD (Unión de Centro Democrático) el 26 de diciembre de 1978, retira la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social y el 16 de julio de 1980 legaliza al FAGC, y por ende a los locales y asociaciones de gays y lesbianas. Salvo alguna redada policial y cierre de varios bares gays en Barcelona al parecer como medida intimidatoria a su desarrollo, en 1981, termina la represión con la llegada del PSOE al poder en 1982.

En estos años destaca la creciente solidaridad de entidades civiles, artistas, médicos (que repiten que la homosexualidad no es una enfermedad), personalidades y de hasta 50 ayuntamientos catalanes, capitaneados por la ciudad de Barcelona, que en 1979 reconocen al FAGC apoyando su legalización.

En la católica Italia, donde entonces era impensable ni siquiera encontrar un bar de ambiente gay, pues los ayuntamientos, incluidos los del eurocomunista partido comunista, negaban licencias de apertura, aparece el FUORI!, grupo gay vinculado al Partido Radical. Su líder, Enzo Francone, ante la revolución islámica de Jomeini, tuvo el valor de realizar una acción testimonial con gran riesgo de su vida, llevando su protesta contra la homofobia ante la prisión de Teherán. Regresó sano y salvo gracias al esfuerzo diplomático y la noticia recorrió todo el mundo.

Portugal, a pesar de la revolución de los claveles, siguió sin ninguna expresión gay organizada, aunque empezó a florecer todo un discreto circuito de locales homosexuales en Lisboa y zonas de encuentro en playas como Caparica. Seguramente el carácter militar de la transición a la democracia no incluyó aspectos sexuales como el “destape” español, ni menos el reconocimiento de la homosexualidad. Hubo que esperar hasta los noventa para ver el despertar del movimiento gay en ese país.

En 1978 grupos de gays y lesbianas de Italia (Fuori!), Holanda (COC) y Reino Unido (CHE), fundan en Coventry la IGA, International Gay Association que reuniría su segunda conferencia en la pascua de 1980 en Santa Cristina d’Aro en Girona. La estrategia de la IGA daría un primer fruto legal con la declaración de 1 de octubre de 1981 en la que el Consejo de Europa reconoce por vez primera en la historia el derecho de autodeterminación sexual de la persona. Este hecho marcaría el fin de una concepción revolucionaria del movimiento surgido en 1969, substituido por la lucha por las reformas legales. La IGA devino en ILGA (International Lesbian and Gay Association), ver: www.ilga.org

En España, gays y lesbianas, disfrutando de una libertades antes jamás soñadas, vaciaron las asambleas de los frentes de liberación para llenar las discotecas. En 1981 la eurovisiva Massiel canta el “Noa-noa”, primer bailable que en España se refiere a los locales de ambiente gay, donde sonó mucho y tuvo gran éxito.

Pronto llegaría, mediados los ochenta, una extraña enfermedad que pondría fin a la fiesta, pero esa es ya otra historia.

Jordi Petit.

Presidente honorífico de la Coordinadora Gay-Lesbiana de Catalunya.

Bibliografía:

  • Castells Manuel, “La ciudad y las masas. Sociología de los movimientos sociales urbanos”, Alianza Editorial, Madrid 1986.

  • Hobsbawm Eric, “Historia del Siglo XX”, Editorial Crítica, 8ª edición en rústica, 2005.

  • Mirabet Antoni, “Homosexualitat avui”, Edhasa, Barcelona 1984.

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