Tecnología y trabajo ¿mensajeros, riders, trabajadores?

EDUARDO ROJO TORRECILLA

El futuro del trabajo y el impacto de la tecnología, es decir, principalmente de cómo afectan los procesos de digitalización y robotización de actividades productivas, tanto sobre las personas trabajadoras como sobre sus concretas condiciones de trabajo, está mereciendo especial atención. Más aún, la economía de plataformas (prefiero este término al más habitualmente utilizado de economía colaborativa, porque creo que empresas que se suelen incluir en los análisis no tienen en mi opinión precisamente la nota de colaboración entre los sujetos implicados) cada vez está siendo objeto de mayor interés, como lo prueban los numerosos artículos, ponencias y comunicaciones publicados en los últimos tiempos.

Foto: Unsplash.

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Ahora bien, podemos hablar, y hacer propuestas, sobre el futuro que nos espera en la vida laboral, pero creo que debemos hacerlo aprendiendo de lo que ocurrió en el pasado, así como también, y me parece obligado, de qué es la realidad presente que deseamos modificar, que entiendo que debe ser para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la gran mayoría de la población. Los cambios que afectan al trabajo deben ubicarse en unos cambios globales que afectan a toda la humanidad y que dependen en gran medida de cómo y para qué se utiliza la tecnología. Las virtudes y defectos, las aportaciones positivas, y negativas de la tecnología, o más exactamente de su uso, han sido recientemente puestas sobre la mesa (ahora sería más correcto decir sobre el ordenador o la tablet o el smartphone) por un prestigioso científico, Martín Rees. El hilo conductor de su libro "En el futuro. Perspectivas para la humanidad" (Ed. Crítica 2019) es que la prosperidad de la población del mundo, que va en aumento, "depende de la maestría con que se haga uso de la ciencia y la tecnología".

“Los cambios que afectan al trabajo deben ubicarse en unos cambios globales que afectan a toda la humanidad y que dependen en gran medida de cómo y para qué se utiliza la tecnología”

Mirar hacia el futuro es comprender que el mundo del trabajo tiene que atender a los nuevos retos y dar voz a todas las personas que tienen mucho que decir, en un marco de relaciones laborales que debería ser cada vez menos jerarquizado y más participativo, aunque sigan existiendo relaciones de trabajo subordinadas, que cada vez se combinarán más, - que sea de forma voluntaria o involuntaria es otra cuestión -, con proyectos emprendedores o de autoempleo puestos en marcha por jóvenes, y no tan jóvenes, que desean ser sujetos activos y no meramente pasivos de la vida económica y social.

La tecnología no es la causante de la precariedad, sino que son las decisiones que adoptan los humanos sobre su utilización la que puede afectar de una manera u otros en las relaciones de trabajo en términos de mayor autonomía y poder de decisión de la persona trabajadora a la hora de prestar sus servicios, o bien de restringir extraordinariamente su ámbito y facultades de actuación. Tenemos que seguir reivindicando, y no se extrañen por lo que voy a decir a continuación, el cumplimiento de la normativa laboral y de Seguridad Social. Dicho cumplimiento no es, en mi opinión, nada más ni nada menos que un signo de modernidad, porque no hay nada más moderno que conseguir que todas las personas, en su gran mayoría trabajadoras, tengan derechos, y entre ellos el de un trabajo digno y decente, y que la tecnología sirva para ello.

“La tecnología no es la causante de la precariedad, sino que son las decisiones que adoptan los humanos sobre su utilización”

Hace pocos días murió un ciclista trabajador en Barcelona. Si pensamos que este es el modelo del trabajo “moderno” de la sociedad tecnológica del siglo XXI, estamos (o están quienes lo piensen) muy equivocados, porque las circunstancias en las que se produjo el accidente, y la persistente negativa de la empresa (con alguna sentencia de Juzgados de lo Social que le da apoyo jurídico ciertamente, aunque también hay otras varias que se manifiestan en sentido radicalmente contrario y defienden, y es bien sabido que yo me alineo en esa misma línea, la laboralidad de la prestación) a reconocer que quienes trabajan para las plataformas como repartidores son trabajadores por cuenta ajena y no autónomos, nos devuelve a una realidad laboral que en ocasiones nos retrotrae al inicio de las relaciones laborales y al surgimiento del Derecho del Trabajo. Y si les parece que me voy muy lejos y exagero, párense a pensar en las condiciones reales (y no meramente formales) de quienes realizan esta actividad para los clientes de la empresa, y recuerden también que un conflicto parecido, afortunadamente en aquel entonces, sólo provocó un accidente que no fue mortal, se produjo con un repartidor a mediados de los años ochenta y a partir de ahí se desencadenaron las consecuencias jurídicas que llevaron a declarar por los juzgados y tribunales laborales la laboralidad de la prestación.

“Una realidad laboral que en ocasiones nos retrotrae al inicio de las relaciones laborales y al surgimiento del Derecho del Trabajo”

En fin, me permito recomendar que vean el capítulo 3 de la serie “Years & Years” de la plataforma HBO. Todos los capítulos son realmente interesantes, pero el 3 tiene un punto especial de conexión con el presente comentario, dado que uno de los protagonistas tiene múltiples trabajos para ganarse la vida, después de la quiebra de la entidad bancaria para la que trabajaba, y uno de ellos es el de repartidor. Pues bien, comprobarán quienes la vean que el encargado de la empresa le dice al “rider”, que no se denomina así, ni tampoco por supuesto es trabajador, sino que es un “mejorador del estilo de vida”, ya que “mejoráis la vida de la gente”, eso sí con unos ingresos por reparto efectuado que es tan mínimo en su cuantía como el que perciben los riders en las plataformas que operan en España (salvo que haya un mínimo garantizado diario con independencia de las entregas efectuadas, lo que abundaría en la caracterización como laboral de la relación contractual existente). Reconozco que no me hubiera imaginado que se pudieran utilizar esta terminología para referirse al trabajo de los mensajeros, y desde luego hay que felicitar a los guionistas por su imaginación.

Buena lectura.

Eduardo Rojo Torrecilla.

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Autónoma de Barcelona.