Pasado, presente y futuro de las políticas públicas de juventud

Manel Clavijo Losada

Uno de los problemas que ha tenido la clase política desde el reinicio de la democracia hasta hoy ha sido qué hacer con la juventud. Por un lado se dice que los jóvenes son el futuro del país, pero por otro lado no se les ha considerado nunca como parte del presente de esta sociedad. Los dos principales motivos por los que no se ha dado en el clavo en materia de políticas públicas de juventud son: la estrategia electoral y el egoísmo generacional.

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La estrategia electoral parece una razón bastante clara: los jóvenes son el futuro en todos los sentidos, también electoralmente. No sólo no votan aquellos que no tienen edad para ejercer este derecho; tampoco votan demasiado aquellos que justo acaban de cumplir la edad legal. Este abstencionismo es una característica que acompaña al ciudadano joven hasta pasados los 30 años. El cortoplacismo de la política actual impide ver más allá de los cuatro años de legislatura, así que tratar de incentivar el voto de este sector social resulta arriesgado. Es por eso que se suelen centrar en generaciones más agradecidas electoralmente: la infancia (ya que los padres sí votan) y la 3ª edad, uno de los sectores más movilizados. En medio quedan sólo aquellos que son mayores de 14 años y no son padres o ancianos. Este es uno de los motivos por los que las diferentes administraciones se han ido pasando la pelota y, en la gran mayoría de casos, la responsabilidad al respecto ha recaído en los entes locales.

Respecto al segundo motivo (el egoísmo generacional), se trata más de la psicología del individuo (en este caso el cargo público de turno). La clase política actual no suele ser demasiado joven. Esta característica que parece baladí, podría ser una de las claves del asunto que nos ocupa. Ser de mediana edad implica necesariamente dos cosas: has dejado atrás los problemas intrínsecos de la juventud y te preocupa un futuro que te llevará necesariamente a la vejez. Es normal que psicológicamente las políticas públicas vayan dirigidas al presente y al futuro: políticas de infancia (porque muy probablemente son padres) y políticas de vejez (porque muy probablemente serán viejos). Es necesario que el político sea, no sólo el ejecutor de las políticas públicas, sino también el sufridor. Sólo así se puede mantener cierto equilibrio al respecto.

Todo esto ha llevado a una gestión de las políticas públicas de juventud, desde los municipios, que puede dividirse en dos fases temporales y una más prescriptiva: pasado (durante el auge económico), presente (durante la actual crisis económica) y futuro (hacía donde deberíamos ir).

Durante los años de crecimiento económico, se empezó a tratar la política de juventud de manera más concienzuda. Aquellos ayuntamientos que no lo habían hecho aún se empezaron a dotar de departamentos de juventud y de ciertos equipamientos especialmente dedicados a este sector social. Se equiparó la juventud a cualquier otra problemática social: del mismo modo que existía el departamento de medio ambiente, cultura o servicios sociales (dedicados a problemas ecológicos, de acceso a la cultura o de índole socioeconómico), se creó el departamento de juventud. Dicho departamento trataba sus políticas públicas de manera independiente, como un compartimento estanco. La juventud se representaba como un problema en sí mismo y además se acotaba de los 14 a los 30 años. Eso sí, no se dedicaba demasiada financiación y la interacción con el resto de departamentos se limitaba a peticiones de capital.

Con la llegada de la presente crisis económica la situación cambió más de lo esperado. A todos los niveles se pone el acento en la contención y equilibrio presupuestario y eso implica recortes en todo tipo de partidas (sobre todo en las más superfluas). La financiación a las políticas de juventud se ve mermada de tal manera que muchos de los proyectos llevados hasta el momento deben cesar y la posibilidad de ir pidiendo financiación al resto de departamentos es prácticamente imposible. La prioridad, en el mejor de los casos, es hacer frente a los problemas económicos y al paro; en el peor: pagar a los proveedores y evitar una intervención externa.  

¿Hacia qué horizonte deben dirigirse las políticas públicas de juventud? A mí modo de entender hay una idea que debe erradicarse: la juventud no es un problema en sí mismo, por lo que no hay que tratarlo como tal. Es un error gestionar un conflicto social mediante una ley o mediante la creación de un departamento concreto al respecto. Hay que analizar las causas de los conflictos juveniles y atacar esas dificultades. El problema de este sector de la sociedad es todo aquello que lo envuelve y le dificulta la correcta realización personal. Si algo caracteriza a una persona joven es que debe enfrentarse por primera vez a muchos retos vitales que le desconciertan y alteran: acceso al mercado de trabajo, adquisición de una vivienda digna, emprender estudios superiores o complementarios, creación de proyectos diversos…

Para lo que afecta a las políticas públicas de juventud, un joven es todo el que se enfrente por primera vez al reto de buscar trabajo o vivienda, que deba hacer frente a su formación postobligatoria, que pretenda crear proyectos asociativos o empresariales y también el que requiera asesoramiento sobre temas de índole más personal… Por lo que no debe importar que tenga 15, 25 o 35 años. Está claro que la mayor parte de estos obstáculos lo afrontarán los más jóvenes, pero no es un problema exclusivo de éstos, lo es de cualquiera que lo sufra. Más vale tener direcciones generales de juventud en las conselleries de Ocupación, Universidad, Educación, Salud, Economía, Cultura y Bienestar Social que crear una Conselleriaexclusiva de Juventud sin competencias ni capitales reales.

Quizá así evitemos que en el futuro se repita la dramática situación que existía en el período de auge económico anterior a la crisis ya que, en caso de haberse emancipado, el 70% de los jóvenes vivirían actualmente en la pobreza o en la extrema pobreza.



 

Manel Clavijo Losada
Primer secretario de las J.S.C. de Cornellà de Llobregat.