Para que nadie se quede atrás

ANTONIO BALMÓN

En los tiempos actuales, de ruidos soliviantados e hiperventilados en las redes sociales, de titulares malgastados en segundos pero sonoros durante horas, de diálogos intermediados por soliloquios quiméricos, cuesta recordar y reivindicar el peso de la proximidad; la realidad no virtual del día a día. En principio, esa breve descripción debería reforzar y destacar que probablemente la política municipal es quién mejor intuye las necesidades y carencias que se viven en nuestras comunidades humanas.

“La política municipal es quién mejor intuye las necesidades y carencias que se viven en nuestras comunidades”

Es en este ámbito donde obtienes información directa de la ciudadanía, opiniones sobre el estado de la ciudad, otras relacionadas con los aspectos políticos y sociales del momento, y es donde de manera franca se expresan las preocupaciones y valoraciones relacionadas con el desarrollo y progreso de tu ciudad. Esa profunda y amplia acumulación de conocimiento nos sirve para actuar en persona y en primera instancia, con el fin de paliar las graves situaciones familiares y personales que las diferentes crisis, económica y de convivencia social, que se han producido en Cataluña, generando angustias y preocupación, que obviamente todavía no se han cerrado.

 Cornellà de Llobregat. Foto: archivo.

Cornellà de Llobregat. Foto: archivo.

Para afrontar sin resignación el combate contra las crisis, el primer compromiso fue no recortar los servicios y las prestaciones sociales más básicos, en Cornellà no lo hicimos, crecimos en equipamientos y aumentamos servicios –sin cerrarlos, como pasó en otros lugares- incrementando el presupuesto.

Esa defensa se ha ampliado y reforzado, construyendo alianzas y consensos a través del Acuerdo Social Contra la Crisis, renovado ya en dos ocasiones, en el marco del cuál, con la participación de entidades, asociaciones vecinales, agentes sociales y empresariales, y los partidos políticos que han querido, se han debatido propuestas e impulsado numerosos programas sociales, y se han tomado compromisos de alcance relacionados entorno a la alianza cívica contra la pobreza.

Creo que el Acuerdo Social ha sido, y continúa siendo, un motor social innovador a seguir y de espacio de corresponsabilidad en el diseño de políticas municipales. De hecho, ha sido un laboratorio de ciudadanía donde muchos proyectos se han podido llevar adelante gracias a la transversalidad de los implicados; recordemos que habíamos entrado en una fase de la política municipal en que no había dinero para nada y las inversiones estaban, y aún siguen, fuertemente –e injustamente- limitadas.

“Habíamos entrado en una fase de la política municipal en que no había dinero para nada

Son programas que no generan titulares cada mes, pero comparten la característica de que muchos de ellos han salido del espacio de referencia; que es el Acuerdo Social: un marco de consenso. Y a día de hoy (lamentablemente) siguen estando vigentes proyectos como la Botiga Solidària –de carácter comunitario, con una fuerte implicación de entidades, mercados y asociaciones de vecinos-, que ofrece cobertura alimentaria a familias en situación de precariedad derivadas por los servicios sociales, la Oficina de Mediación Hipotecaria, acciones para facilitar oportunidades a  los jóvenes que pasan de los estudios al mundo laboral, y en el ámbito de la ocupación los planes de empleo que han contratado año tras año a centenares de personas, o este año un nuevo proyecto de contratación temporal  para complementar el sueldo de personas que trabajan pero sobreviven con rentas mínimas.

“Nuevo proyecto de contratación temporal  para complementar el sueldo de personas que trabajan pero sobreviven con rentas mínimas”

Mientras atendemos los programas sociales, no debemos descuidar actuar sobre la piel, en el espacio público, lo que vemos y pisamos cada día. Ambas cuestiones, el exterior y el componente humano de la ciudad, son imprescindibles para actuar en profundidad y tejer los mimbres de esa red de protección cívica y social.

Debemos entender que, para lograr el progreso colectivo de una ciudad, es importante llegar más allá de su piel, y podernos apoyar en el músculo asociativo, comercial y comunitario. Es el que da fuerza a la comunidad de ciudadanos y ciudadanas que la componen. Pero también es cierto que las personas necesitan un entorno a su medida, en que puedan desarrollar con comodidad sus proyectos vitales, que sientan afecto por su barrio y por lo que tienen.

“Para lograr el progreso colectivo de una ciudad, es importante llegar más allá de su piel, y podernos apoyar en el músculo asociativo, comercial y comunitario”

En lo que respecta al espacio público, esas reflexiones dieron paso al proyecto Cornellà Natura, una suma de actuaciones de nueva transformación, a través de la definición de ejes territoriales centrados en acercar la naturaleza a las personas que pasean y viven en esos espacios urbanos. Evidentemente, es un planteamiento a medio plazo, en que los resultados irán multiplicándose pensando en un horizonte situado alrededor de 2026.

Con calma y hechos, la realidad señala ya una evidente transformación, a pesar de los críticos que lo consideraban imposible o simplemente una marca. La suma de todas esas actuaciones ha configurado una nueva filosofía de trabajo. Y poco a poco asistimos a una nueva realidad más respetuosa con el medio ambiente; ahí está el premio Green Leaf que la Comisión Europea nos ha concedido este año para corroborarlo.

Superada la etapa de transformación de la ciudad vinculada a reforzarla en equipamientos culturales, lúdicos y deportivos que la historia nos había escatimado, ahora debíamos caminar hacia una segunda transformación basada en hacer realidad espacios más humanos.

“Ahora debíamos caminar hacia una segunda transformación basada en hacer realidad espacios más humanos”

No solo debemos conseguir que haya menos coches, sino que las personas se adueñen de ese espacio público para disfrutarlo. Por ejemplo, en las calles que se cortan al tráfico con motivo de los Diumenges sense cotxes, o mediante actividades culturales nuevas en calles, plazas y parques, nuevos festivales y programas deportivos populares, proyectos sociales como el proyecto socioeducativo llevado a cabo con el Pla Educatiu d’Entorn, o el programa Patis Oberts, en que abrimos los equipamientos escolares para uso social y ciudadano. Son nuevos programas deportivos, como Vine a Fer Esport Salut, o la Escola Esportiva Social. Unos y otros se caracterizan por desarrollarse en espacios con nuevos usos distintos a los habituales.

“Debemos conseguir que las personas se adueñen de ese espacio público para disfrutarlo”

En el fondo, Cornellà ya cuenta con un importante capital: el humano. Es evidente que tenemos las condiciones, y el esfuerzo para naturalizar y humanizar la ciudad. Lo que va a confluir en reforzar los mimbres de nuestra red de protección social. Debemos proteger el músculo social y educativo, y además contar con un espacio público cómodo y adaptado a nuestra dimensión, y a partir de ahí seguir trabajando desde el consenso para desarrollar las propuestas que nos hagan progresar hacia un modelo de ciudad más humano e igualitario, en el que nadie se quede atrás.

 

Antonio Balmón.

Alcalde de Cornellà de Llobregat.