Iniciativa empresarial e integración social

Manuel Castells

La Nueva Economía no es una economía de las empresas de Internet, es una economía de las empresas que están articuladas en torno a redes de comunicación externas e internas, lo cual quiere decir cada vez más en nuestra sociedad, aquellas que utilizan Internet como instrumento tecnológico central de producción, gestión, comunicación y relación, tanto como mercado como proveedor. Pero diría más. Fundamentalmente, la Nueva Economía es nuestra economía, es toda la economía, y es una economía que se caracteriza -como traté de explicar hace algún tiempo- por tres rangos fundamentales. El primero, es una economía en que la productividad y competitividad de empresas, regiones, ciudades y países dependen de la capacidad de generación de conocimiento y del procesamiento de la información. Segunda característica: es una economía construida en torno a redes, redes internas en las empresas, entre las empresas, y entre las empresas y distintos mercados y sistemas de proveedores. Y, en tercer lugar, es una economía que a través de su carácter expansivo y utilizando las tecnologías de comunicación y transporte de base electrónica, abarca el conjunto del planeta.

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Abarcar el conjunto del planeta no quiere decir que todo el mundo esté integrado en la Nueva Economía. La mayoría de la población y del territorio del planeta no lo está. Quiere decir que las redes articuladas de las que depende el conjunto de los procesos económicos y sociales de todo el planeta están construidas sobre la base de la lógica de la Nueva Economía. Por ejemplo, Johannesburg está integrada en la Nueva Economía a través de su centro financiero, tecnológico y empresarial, pero la mayor parte de la población de Sudáfrica no lo está. Pero incluso en situaciones donde gran parte de la población no lo está, cualquier cosa que tiene valor en ese sistema dentro de un país está articulada a esa Nueva Economía. Por tanto, las demás actividades y la demás gente, aunque no estén directamente articuladas a la Nueva Economía, dependen de ella, de la capacidad de generación de riqueza, información y poder que se genera en una Nueva Economía articulada a la red global. Por tanto, globalización y Nueva Economía es lo mismo. No hay globalización sin Nueva Economía y la Nueva Economía, por su dinámica, se convierte en global necesariamente. Con su carácter de red permite la inclusión y exclusión simultánea de procesos, de personas y de actividades en el conjunto del planeta.

Esta es la visión macro de la Nueva Economía, pero quisiera ahora entrar en el modelo a través del cual surge esa productividad y esa competitividad que la caracterizan y proponer un modelo de análisis que explica, a la vez, cómo y por qué funciona la Nueva Economía, y cómo y por qué se desarrolla su crisis. Considero que un modelo analítico sólo es satisfactorio si explica, a la vez, la expansión y la crisis. Si cada vez que cambia la coyuntura hubiera de cambiar el modelo, tendríamos un problema metodológico.

Si se puede hablar de Nueva Economía hoy en día, no es porque existe Internet, aunque Internet y las demás tecnologías de la información sean elementos fundamentales sin los cuales no puede funcionar esa Nueva Economía. Si se habla de Nueva Economía es, como cada vez que hay un cambio cualitativo de modelo económico, por un crecimiento sostenido y, digamos, de gran dimensión de la productividad económica. Si no hubiera productividad económica, cualquier tipo de desarrollo y de crecimiento basado en la evaluación de mercados financieros sería especulativa. Pero lo que observamos es que la Nueva Economía lo que genera es un incremento fundamental de productividad. Y la productividad es la madre del cordero, es decir, la madre de la riqueza y la madre de cualquier tipo de crecimiento económico. Esa es la base de todo lo demás. En un contexto de economía global, añadiría la competitividad de empresas y territorios, porque aunque la competitividad depende en parte de la productividad, no son exactamente lo mismo. Las dos variables económicas fundamentales son la productividad y la competitividad, con sus sistemas de relaciones. Pero no son lo mismo. No hace falta ser economista para entender que la competitividad se basa en ganar partes de mercado para una unidad determinada, ya sea esa unidad la empresa o el territorio. Simplemente consiste en ganar partes de mercado.

Hay que matizar que existen dos formas de competitividad: la competitividad por arriba y la competitividad por abajo. Por abajo significa suma cero: "te quito algo y tú eres más pobre y yo más rico, pero poco a poco nos empobrecemos los dos". Esto pasa en muchas competitividades regionales. La competitividad por arriba quiere decir que "yo me esfuerzo por ganar partes de mercado, las gano, pero al mismo tiempo, tú haces lo mismo y, por tanto, aumenta la demanda y aumenta el mercado para todos"; con lo cual, aunque unos vayan ganado más parte de mercado que otros, en el conjunto puede haber prosperidad compartida para todos.

O sea, hay dos tipos de competitividad. La primera competitividad, en general, va asociada a la baja de costos, la segunda competitividad va asociada al incremento de productividad. Y eso es, en cierto modo, la ecuación mágica de la Nueva Economía que es asociar incrementos de productividad, en general, con incrementos de competitividad para ciertas unidades económicas.

Los temas de medición de productividad son demasiado técnicos para abordarlos en este marco pero digamos, para simplificar, que aunque hay una gran polémica entre los economistas en este aspecto -luego trataré de explicar por qué, sin entrar en los aspectos técnicos-, en lo esencial, lo que observamos es que, en aquellos países y regiones en los que realmente se ha manifestado la Nueva Economía en términos de modelos empresariales, de sectores dinámicos, de penetración de tecnologías de información, etc., se ha visto un incremento sustancial de productividad en los años 90 y, sobre todo, en la segunda mitad de los 90. Es el caso de Estados Unidos en general, sobre todo de California -pero también Nueva York- en donde ha habido ese incremento de productividad que, aún medido de manera insuficiente y con categorías estadísticas inadecuadas porque corresponden a la Era Industrial, aún así, se ha reflejado en las estadísticas de productividad, y se ha reflejado asociado a dos factores: al desarrollo de las Nuevas Tecnologías y al desarrollo de un modelo empresarial en red.

En Europa, en aquellas regiones donde ha habido mayor desarrollo de Nueva Economía en los términos que he señalado -organizativo y tecnológico-, destaca Escandinavia, sin Noruega que es un país de rentistas del petróleo -si fueran árabes los llamaríamos jeques- que no quieren saber nada de tecnologías de información. Pero en los países escandinavos como Suecia, Dinamarca y Finlandia es donde ha habido mayor desarrollo de Nueva Economía y mayor crecimiento de productividad y de competitividad. Eso permite, tanto a las regiones de Estados Unidos donde esto se ha desarrollado como en las regiones como los países escandinavos, el crecimiento simultáneo de tres indicadores, que son los indicadores mágicos de la Nueva Economía: alta tasa de crecimiento, baja tasa de desempleo y baja inflación. En primer curso de Económicas se aprende que sólo hay una explicación posible para que estas tres variables vayan juntas: incrementos de productividad. Si no es teóricamente imposible.

 

La crisis actual

Si se pasa de países o de regiones a sectores de telecomunicaciones, sectores de informática, sectores de microelectrónica, sectores de ingeniería genética, es decir, todos aquellos sectores tecnológicamente más avanzados y más organizados en red, todos esos sectores, y casi todas las empresas de esos sectores, registran también tasas de productividad considerables. Lo mismo ocurre en sectores como el bancario, cuando se introducen esas tecnologías y esos modelos de organización. Lo que pasa es que cuando se analizan estadísticas de productividad o de competitividad en el ámbito de una economía entera, hay cantidad de sectores en los que esos procesos ni siquiera han empezado, o en los que se introduce tecnología pero no se cambia el modelo de organización. ¿Y qué han encontrado los investigadores empíricos? Que cuando se introduce más tecnología en una organización rígida, vertical y burocrática, baja la productividad, y baja la competitividad, es decir, ordenadores sin cambio organizativo equivale a caos. Pero no caos de la Teoría del Caos, sino caos del antiguo, del que desorganiza las redes de producción.

Así pues, primera observación de base: existe Nueva Economía, no por los mercados financieros, aunque estos mercados financieros son la base del funcionamiento de la Nueva Economía, pero existe. Podemos decir que hay Nueva Economía, porque hay incremento de productividad y de competitividad que se observa todavía de manera no generalizada, pero ya se observa en los últimos ocho años de forma suficientemente acentuada como para que podamos decir que estamos en una Nueva Economía.

Esa Nueva Economía tiene una crisis en este momento, no diría todavía una crisis, sino un momento bajo del ciclo económico, y voy a tratar de explicar por qué y las características específicas de ese ciclo. Esto sólo puede sorprender a quienes pensaran que la Nueva Economía era una tierra de fantasía económica en la que se podía crecer ilimitadamente sin ningún tipo de problemas y sin que hubiera ciclos a la baja. Evidentemente, el ciclo de negocios no ha desaparecido; tiene características nuevas ligadas a la Nueva Economía, pero no ha desaparecido, y por tanto, debíamos saber que todo lo que sube, baja. Hay una Ley de Gravedad, y no solamente en la naturaleza, sino en la Economía. A quien pensara que sus inversiones maravillosas iban a seguir creciendo con beneficios del quince al treinta por ciento anual podemos decirle que soñar en la vida está bien. Quien soñara que podría controlar, que "yo ya veré cuando va a bajar", pues también, porque no hay modelos predictivos que sean capaces de hacerlo, porque si los hubiera, entonces el mercado financiero cambiaría de funcionamiento para volver a crear la incertidumbre sobre la que se genera la ganancia. Si no, si todo el mundo supiera todo y lo mismo, y todo fuera a pasar, no habría mercado financiero cierto, habría simplemente la buena libreta de ahorros de antaño. Vamos, por tanto, a intentar entrar en la máquina de cómo se genera la Nueva Economía, y luego, una vez dentro, trataremos de ver qué pasa en esa máquina, que en un cierto momento empieza a funcionar en sentido contrario. En vez de funcionar a la alza, funciona a la baja. Inflación, entonces, es igual a "x". Esa será la primera parte del análisis, en la segunda parte intentaré abordar las dimensiones sociales e institucionales.

Crecimiento económico, paro débil y baja inflación. Estas variables están determinadas por productividad y competitividad. El mantenimiento de estas tres variables durante un período relativamente prolongado es el resultado, digamos de crecimiento económico estable de la Nueva Economía. Esto, por tanto, genera renta que se distribuye en consumo e inversión. Consumo que vuelve a estimular el crecimiento económico como demanda, naturalmente, e inversión -esto es fundamental- que va a los mercados financieros. Es decir, los mercados financieros son los que reciben la inversión. La inversión no va directamente a la empresa, o va a través de la empresa al mercado financiero, ninguna empresa guarda su dinero en la empresa, pasa por el mercado financiero para financiar la empresa, por tanto, todo lo que no se consume y vuelve al mercado como demanda, va al mercado financiero, que se convierte por tanto, en el regulador de la capacidad de relanzamiento de la Nueva Economía. Esta parte es fácil, estamos todavía en teoría económica clásica, simplemente recordando que esto es relativamente raro. El desarrollo de estas tres variables conjuntamente es relativamente raro en la historia económica reciente.

La productividad y la competitividad son fundamentalmente determinadas por la innovación. Es decir, el crecimiento de productividad y el crecimiento de competitividad de forma súbita y cualitativamente nueva; el salto de productividad y de competitividad depende de la capacidad de innovación. Es la innovación -intento hablar en términos empíricos, pero digamos se relacionan términos de teoría económica, directamente la teoría schumpeteriana- la que permite ese salto. Innovación simultánea en proceso y en producto. Se diseñan nuevos productos, aparecen nuevos productos, por ejemplo la mayor parte de lo que llevan ustedes, etcétera, etcétera. Incluso lo que llevan son nuevos materiales de fibra sintética, que conocen muy bien en el sector textil de Cataluña como se hacían hace diez años y como se hacen en estos momentos.

En el proceso, está fundamentalmente la Red: el paso a la Red como proceso de organización, de gestión, de distribución, de contacto con los proveedores, etc. Es la Empresa Red, lo que he analizado en varias ocasiones como Empresa Red, que utiliza Internet. Y la Empresa Red es la empresa que internamente es una red, que se relaciona en términos de red con otras empresas y cada una de estas empresas se relaciona con sus proveedores y con sus consumidores en forma de red, utilizando sistemas de información electrónica, fundamentalmente Internet. Innovación en proceso, innovación en producto, es decir, aparición de una serie de productos.

¿De dónde viene y cuál es la base de esta innovación? ¿Cómo empresas, sociedades, territorios, ciudades, aumentan súbitamente esa capacidad de innovación? Aquí, me baso bastante en los análisis empíricos que durante años y años hemos hecho sobre Silicon Valley, pero funciona en otros países también. Es muy complicado, pero las cosas complicadas hay que reducirlas a lo esencial para poder manejar modelos y entonces son, fundamentalmente, tres elementos los que determinan la capacidad de innovación tecnoeconómica.

 

Tres elementos clave

El primero es el conocimiento científico-tecnológico, que no es sólo tecnologías; que no es electrónica, que es también capacidad de organización, de management, capacidad de gestión. La innovación en gestión es tan fundamental como las demás. La capacidad de generar conocimiento y transformarlo en información, que desarrolla procesos útiles para lo que quiere hacer la economía o la empresa. Lo primero es el sistema de ciencia y tecnología más el sistema universitario. Es lo esencial. Pueden haber variantes, pero fundamentalmente esta es la base. No hay ninguna experiencia de un fuerte desarrollo de innovación en el sentido señalado que no esté basado en un sistema de ciencia y tecnología dinámico y creativo y en un fuerte sistema universitario, no hay ningún ejemplo en los últimos 25 años en el mundo. Y si quieren un contraejemplo, que es interesante, tomen Japón porque tiene, por un lado, un fuerte sistema científico y tecnológico basado sobre todo en las empresas, en las grandes empresas japonesas que generan sus propios departamentos y laboratorios de investigación reforzado por institutos de investigación del gobierno, pero con un muy débil sistema universitario. Débil ¿en qué sentido? En que es un sistema centrado, sobre todo, en la meritocracia, en producir gente muy preparada con un gran nivel de educación para introducirse en el sistema jerárquico de la gestión de las instituciones públicas y de las empresas privadas. Hay muy poca investigación de vanguardia en el sistema universitario japonés que algo conozco personalmente, pues he enseñado algún tiempo allí, y es un sistema mucho más burocrático que el sistema español, que ya es decir algo. Ningún profesor de una universidad japonesa puede dirigir un programa de investigación autónomamente sin un visado y control de una oficina central del Ministerio de Educación. Además, tiene prohibido trabajar en consultorías, porque para eso es funcionario público. En fin, todos tenemos la imagen de Japón como un país altamente desarrollado, eso son las multinacionales japonesas, no es Japón, y no es el sistema de investigación japonés.

¿Qué ha ocurrido?. Pues que Japón parecía imparable en los años 80, y lo era sobre la base de una gran capacidad tecnológica industrial, gracias a un enorme esfuerzo de sus trabajadores y directivos, y a un modelo de relaciones sociales muy avanzado que garantizaba empleo y participación a los trabajadores a cambio de que devolvieran todos su conocimiento y experiencia a la empresa, y se dedicaran totalmente a ella y a su vida laboral. O sea, el modelo de relaciones sociales del Japón era mucho más importante que todo lo demás en la competitividad japonesa. Ese modelo permitió adaptar innovaciones tecnológicas europeas y americanas, y utilizar esa innovación y fabricar mejor, más barato y de mayor calidad. Pero cuando Japón llega, por su propio éxito, a la frontera de la innovación, se para. Se para porque no puede ir más allá, y se para, en particular, en tecnologías decisivas como la ingeniería genética y, sobre todo, Internet.

Ahora, el sistema de investigación japonés se está relanzando, en particular DoKoMo, que se ha convertido en el gran competidor que tienen los sistemas de acceso móvil para Internet de las grandes empresas escandinavas, sobre todo Nokia y Ericson. El gran competidor de Nokia y Ericson es DoKoMo, que proviene de la empresa NTT de telecomunicaciones japonesas. Pero, ¿cómo lo han hecho? Han esperado que se desarrollara todo el sistema de telefonía móvil y de acceso a Internet de Nokia, Ericson y Motorola, y lo han copiado. Lo hacen mejor y con mayor dinamismo. Además, han tenido la idea genial de liberar a los jóvenes japoneses de la insoportable estructura familiar en la que vivían. El móvil japonés es la liberación de la juventud japonesa. Ahora están haciendo lo mismo en China y puede ser, al mismo tiempo, la destrucción del confucionismo y el desarrollo mundial de DoKoMo como sistema de móvil alternativo.

Por tanto, como decía antes de esta excursión por Japón, el conocimiento científico y tecnológico depende de la relación con un sistema universitario de calidad y dinámico.

El segundo elemento para el sistema de innovación es el trabajo. Trabajo con dos características: de alta cualificación pero, sobre todo, algo más, trabajo autoprogramable. Trabajo autoprogramable quiere decir la capacidad del trabajador de redefinir sus capacidades profesionales a lo largo de toda su vida de trabajo: aprender nuevas cosas, organizar lo que sabe de forma específica para cada tarea e ir cambiando y evolucionando con el rápido cambio tecnológico y organizativo. Esto es decisivo, absolutamente decisivo, porque la alta cualificación técnica, si son de técnicas que quedan obsoletas en cinco o diez años, no sirven, sirve sólo si junto a esa alta cualificación en un tiempo se instala la capacidad mental de autoprogramación o reprogramación. Por eso, para hablar claro, las escuelas profesionales alemanas, que eran la gloria de Alemania y la base de la calidad de la fuerza de trabajo industrial en Alemania, están completamente obsoletas, porque producen torneros muy especializados, trabajadores mecánicos, incluso con ordenadores y máquinas de control numéricas electrónicas muy especializados pero ¿cómo eso se engrana después con un trabajo en red en Internet? Lo tienen que volver a reaprender, y esa capacidad no la tienen instalada.

Y el tercer elemento que concurre en la innovación es la cultura o iniciativa, como la quieran llamar, empresarial. Ese es otro aspecto fundamental que también se observa. Sin cultura-iniciativa empresarial, por mucho que sepa un ingeniero, un "teleco" muy cualificado -en términos españoles- que lo que sueña es ser funcionario cuando sea mayor, por muy listo que sea no va a entrar en el sistema de innovación; va a hacer lo contrario, va a frenar la innovación.

Ese es mi estudio empírico sobre el fracaso tecnológico de la Unión Soviética. Su capacidad científica era igual o superior a la de Estados Unidos, pero el sistema, era un sistema basado en que la innovación la controlaban los ministerios militares, y sólo en función de lo que querían, cuando querían y para hacer lo que querían, y sin difusión en el resto de la industria y de la sociedad. Por tanto, no es sólo la capacidad científica, también cuenta la capacidad humana de realizar innovación y autoprogramarse y luego, el deseo y la capacidad de riesgo humana de transformar lo anterior en iniciativa empresarial, que lleva a la innovación.

Todo eso está muy bien, pero creo que nos hemos olvidado algo para que funcione la economía. Hay mucha innovación, mucha productividad, mucha competitividad, fuerza de trabajo, un mundo maravilloso ¿no? Pero falta algo. ¿Qué falta? El dinero, porque ni siquiera mencioné que todo esto es una economía capitalista. Aún hay quienes discuten si la Nueva Economía es capitalista. La Nueva Economía es capitalista, la vieja economía es capitalista y toda la economía es capitalista. Eso ya está, no hace falta analizarlo porque es lo que vivimos, puede hacer falta transformarlo, pero es cuestión de los políticos. Lo que es fundamentalmente básico es que toda esta economía sólo funciona sobre la base de inversión, a dinero, exactamente, pero a dinero funcionando como capital, es decir, como inversión con expectativa de ganancia. El mayor empresario innovador del mundo, si no tiene capital para su innovación, se queda con la innovación en la cabeza y frustrado. Y tomen nota, porque es por ahí por donde creo que falla Europa, en general, y Cataluña, en particular.

¿Qué es lo que ha permitido ese cambio en la Nueva Economía? Lo esencial para esta innovación es, no cualquier tipo de capital, sino capital-riesgo, eso es lo fundamental. Si no es capital-riesgo, no hay innovación. Es decir, la innovación requiere capital-riesgo, porque inversión en lo que ya existe, la inversión segura, no genera innovación. La innovación siempre tiene un riesgo, por eso es innovación. Pero aquí no estoy hablando en términos lógicos, sino en términos empíricos basados en los estudios que hemos hecho sobre Silicon Valley y en Finlandia.

¿Cuál es el mecanismo por el que se genera este capital-riesgo? Se genera porque espera una alta remuneración ligada a una revalorización de acciones de las empresas en que invierte. Empíricamente, el capital-riesgo de Silicon Valley, que es la principal plaza de capital-riesgo del mundo -más que Nueva York- fracasa en el cuarenta por ciento de los proyectos; fracasa, pierde dinero. Tiene ganancias limitadas en otro cuarenta por ciento. Pero el otro veinte por ciento hace que tenga ganancias entre uno a cuarenta por término medio, es decir, cuarenta veces lo que se invirtió. Como término medio en los siete años últimos, lo cual quiere decir, que con alzas y bajas, ha habido ganancias de 100, de 200, 300. Estoy hablando de cuarenta a uno, no de cuarenta por ciento.

 

La pequeña empresa

Veamos el mecanismo por el que funciona con respecto a la pequeña empresa. Primero, me referiré al caso arquetípico de lo que en América llaman "start up", y que en Cataluña llaman "start up", o sea, la primera empresa que empieza. Esa empresa empieza con una idea, más o menos acabada, de un nuevo producto, de un nuevo proceso, etc. Recibe dinero, y con ese dinero hace algo que todavía apenas vende. El mecanismo esencial es salir a oferta pública, ese es el mecanismo esencial, es decir que esa empresa que empieza de la nada, empieza, sale a oferta pública, y entonces recibe financiación a través del mercado financiero, del mercado de capitales. Y es ahí donde, si las cosas van bien -si se pone un millón de dólares y hay control por parte de ese capital-riesgo, en relación con la empresa, del cien por cien de las acciones-, luego esas acciones se venden. En lugar de venderse a diez dólares, se venden a cien. Ese es el mecanismo. O sea, la salida a cotización pública es lo que permite el mecanismo. Una acción que vale uno, pasa a valer diez. A partir de ahí todo el mundo dice: "interesante, o sea, que si yo pongo uno me darán diez". Y lo pone. Como cada vez más gente pone, la otra gente sigue y se revaloriza todavía más. Ese es el modelo ideal, digamos, de la financiación por capital-riesgo.

Ese capital-riesgo permite, no solamente el financiar la innovación, también pagar el trabajo de alto nivel, son las famosas "stock options". Las "stock options" significan que en lugar de pagarle al ingeniero, al ejecutivo, etc., su salario, le pagan en acciones que valen poco, que incluso no valen nada, pero con la esperanza de que van a valer mucho, y es así como la gente acepta matarse a trabajar, dar todo su talento, toda su energía para algún día ser millonario y poder seguir trabajando setenta horas por semana. Ese ya es otro tema en que todo el mundo dice que luego se va a retirar a una isla tropical y a no hacer nada, pero luego nadie encuentra nunca el momento de retirarse multimillonario a una isla tropical, y es cuando, incluso los que venden sus acciones para ser ricos, al cabo de unos meses crean otra empresa y vuelven a empezar porque no saben qué hacer. Sé que aquí sí tenemos capacidad ilimitada para hacer nada, pero es un duro proceso de aprendizaje para gente que ha estado trabajando durante toda su vida.

Por consiguiente, este mecanismo de revalorización de acciones es el que explica el mecanismo de innovación. Es decir, genera la base financiera de este mecanismo. Ahora bien, ¿de qué depende esta alta valorización de empresas? ¿Qué es lo que en último término hace que una empresa salga al mercado y le den uno, o le den diez, o le den cien? Depende del mercado financiero, obviamente. Mercado financiero que resulta que es global, que los mercados financieros de todo el mundo están interconectados electrónicamente y funcionan en tiempo real, o en tiempo seleccionado. No se puede hablar de un mercado financiero español o catalán o francés, sino, como sabemos muy bien, de mercados interconectados. ¿Sobre la base de qué funcionan estos mercados financieros? Tengo sobre mi mesa la tesis doctoral de una estudiante de Berkeley que la ha terminado y ha hecho antropología de los mercados financieros, siendo ella "trainer", es decir, agente de cambio en la Bolsa de Chicago y en la Bolsa de Londres -que es como se hacen las tesis doctorales. Ella añade a los factores estructurales que voy a explicar una serie de factores subjetivos, que nos harían temblar si los conociéramos porque viene a decir que miles de millones de dólares se despachan de cualquier manera, por ejemplo: "si son 57'3, ponemos 60", o dependiendo del nivel de cansancio, de cuanto se ha bebido esa noche, etc. Porque, finalmente, las decisiones las toman humanos, en situaciones de estrés absoluto y en minutos. En lo esencial, los estudios que hay sobre cómo funcionan los mercados financieros nos dicen que funcionan sobre la base de decisiones. No funcionan sobre la base de las leyes de la oferta y la demanda. Las leyes de oferta y demanda son los modelos de cálculo en torno a los cuales se toman las decisiones, porque las decisiones son de miles y miles de inversores, y estos miles y miles de inversores no tienen una voluntad única, esa voluntad está determinada por cómo -en torno a datos de oferta y de demanda y a parámetros económicos institucionales del conjunto de los mercados- miles de inversores en todo el mundo toman decisiones de inversión y las cambian constantemente en tiempo real. Cierto.

Lo fundamental es la relación entre confianza y expectativas. ¿Qué quiere decir? Primero, confianza. Confianza de que si se invierte en algo no hay una empresa mafiosa que manipula el mercado. Por eso hay ciertos países en los que la gente no invierte aunque las tasas potenciales de ganancias sean muy altas. Por otro lado, expectativas. ¿Expectativas de qué? Expectativas de ganancia. La combinación óptima entre cuanta confianza se tenga y cuanto se pueda ganar es lo que determina el nivel de inversiones. La confianza y las expectativas son, por un lado, digamos, institucionales: cómo funciona este mercado. Pero, por otro lado, son también sobre qué sectores se va apostando, qué sectores, qué empresas son las que pueden ganar más o menos. ¿Qué pasa con las expectativas en este caso? Pues que si de repente parece que todo el mundo utiliza o va a utilizar Internet, las empresas utilizan Internet, los medios de comunicación pasan a Internet. Parece que no sería tan loco pensar que si hoy hay una empresa de Internet que vale uno, voy a invertir en Internet porque dentro de diez años puede valer bastante más. No parece una pura especulación. Es expectativa, especulación es algo distinto, especulación es una apuesta, pero es una apuesta de inversión. Como todo inversor, cualquier inversor apuesta con la idea de que el mercado en que invierte va a aumentarle la ganancia. No es distinto a pensar que si hago unos zapatos verdes o marrones con una estrella de color púrpura, va a haber un aumento de demanda, porque a los jóvenes de hoy en día les encanta cualquier cosa estrambótica. Es una apuesta sobre la base de una estrategia de mercado según la cual, lo que hoy invierto con bajo valor va a revalorizarse en el horizonte inversor. ¿Esto a qué ha llevado? A que cuando aparece la certidumbre de que estamos en una revolución tecnológica, y de que se están desarrollando nuevas tecnologías, hay un extraordinario aumento de expectativas de ganancia en sectores tecnológicos. Como hay un aumento de expectativas, hay aumento de inversión y, por tanto, como la inversión aumenta, aumenta la valorización y se confirman las expectativas.

La confianza se refiere al mercado, en términos de instituciones, pero también a que las cosas van bien. Y cuanto mejor van las cosas, más se confía en que van a seguir yendo bien. ¿Por qué?. Porque cuanto más se gana, más consumo, más inversión, y la economía sigue subiendo. Pero ¿qué ocurre? Que los mercados financieros funcionan sobre la base de la lógica económica, que se traduce en modelos matemáticos de cálculo de inversión; la combinación confianza y expectativas, y algo más. Algo más quiere decir movimientos de opinión que afectan a las decisiones de inversión, movimientos de opinión que dependen, según en que mercados, de acontecimientos políticos, que dependen de la psicología de masas, según señalan los psicólogos financieros. Alguien dice: "se ha hundido la economía de Malasia", y salen de Indonesia, porque hay una cosa que se llama los Mercados Globales Emergentes, en los que están Rusia, Brasil, Malasia, Indonesia, India y cualquier cosa que suene a extraño, tengan o no tengan que ver unos con otros, afecta a esos mercados. Eso es psicología de masas, no es cálculo económico.

Pasó algo en Asia en 1997-98 y se hundieron los mercados de aquel continente, a continuación salieron los capitales de Rusia en agosto del 98, que nada tenía que ver con Asia, y luego de Brasil en enero del 99, que tampoco tenía nada que ver.

En estos momentos estamos viendo, también, que pasa con Argentina y como la relación entre la crisis Argentina y la posible crisis o no de otras economías financieras depende de lo que sea la percepción de esos mercados financieros. Es una percepción ampliamente incontrolada, y dependiendo de lo que llamo turbulencias de información. Turbulencias de información de distinto origen. Estas turbulencias de información afectan negativamente la confianza, que afecta negativamente a las expectativas, que cambian el nivel de inversión. Entonces, ¿qué ocurre? Que si hay un proceso en el que esta máquina de alta valorización de empresas empieza a tener valores negativos, se traduce en valores negativos en la financiación de la innovación, que declina la innovación, que declina el sistema que he señalado anteriormente, que lleva a una baja de productividad y de competitividad, y que hace funcionar la economía en términos negativos, o sea, al revés. El modelo de expansión que teníamos se convierte en modelo de recesión. No estamos ahí todavía, pero podríamos estar. Eso, ¿qué quiere decir? Pues que hay un ciclo económico de nuevo tipo. Ese ciclo económico no depende tanto de la saturación de la demanda, sino de los cambios de comportamiento de los mercados financieros.

 

Lo nuevo del ciclo

¿Qué es lo nuevo de ese ciclo con respecto a los ciclos económicos clásicos? Ya hay una serie de gente que lo está estudiando, y la propuesta es la siguiente: lo nuevo es que, históricamente hasta hace poco, el ciclo financiero y el ciclo industrial, o digamos, de producción y de consumo, no coincidían. Los mercados de capitales tenían su comportamiento financiero, y por otro lado, la oferta y la demanda de bienes y servicios tenía su propio ciclo. Podía haber una bajada en el mercado financiero que no correspondía a la bajada del ciclo económico en la oferta y demanda de bienes y servicios, porque tenían otra lógica. En este momento, los ciclos se sincronizan: el ciclo del mercado financiero, el ciclo de la innovación tecnológica, y el ciclo de la oferta y la demanda y, por tanto, el ciclo económico está sincronizado. ¿Por qué? Porque la oferta y la demanda dependen de la innovación, que depende de la financiación. Esto quiere decir que cuando hay una bajada de confianza en los mercados financieros repercute en bajada del ciclo de innovación, que repercute en bajada del ciclo económico general. Cómo se restablece o no ese sistema, ya no depende de las políticas anticíclicas clásicas ¿Qué era la política anticíclica?: "baja la economía, pues hago carreteras", o, en el caso norteamericano, "produzco portaaviones, más nucleares", es decir, keynesianismo pacífico, keynesianismo militar, y el Estado introduce en la economía recursos contracíclicos. Eso no funciona aquí, porque mientras no se restablezca el mecanismo de financiación, no vuelve a haber inversión, no vuelve a haber innovación y, por tanto, sí se puede mantener el empleo pero artificialmente. La capacidad de innovación se ha roto.

Entonces, el mecanismo ¿cuál es? Aquí, en la base del sistema, es la ruptura de confianza: hay que pasar del signo "menos" de confianza, al signo "más" de confianza. Si hay confianza en que la innovación puede volver a producir altas ganancias, esa confianza relanza el ciclo de inversión, relanza el ciclo de innovación, y relanza productividad y competitividad. Esa confianza tiene que ver, por un lado, con factores propiamente psicológicos pero, sobre todo, tiene que ver también con factores institucionales y con factores sociales. Y es aquí donde quiero introducir la segunda parte del tema.

Vamos entonces a ver qué pasa con respecto a las condiciones sociales e institucionales de la Nueva Economía. En primer lugar, la Nueva Economía, por su dinamismo, que ya se ha desarrollado en todos los países dominantes, tiene una serie de consecuencias sociales que son la flexibilidad del empleo, del trabajo y de la organización empresarial que se traduce en una individualización de las relaciones sociales y, por tanto, en una desvinculación creciente entre la vida general de los trabajadores -que somos todos en el fondo-, y la actividad de las empresas. Fórmulas rígidas y tradicionales de la economía industrial pasan a entrar en crisis en estos momentos. Les recomiendo el libro de Martin Carnoy, que acaba de salir en castellano, titulado "El trabajo flexible en la Era de la Información", publicado en Alianza Editorial este mes; en él están todos los datos.

El empleo tradicional entendido como el empleo a tiempo completo, contrato indefinido, en una empresa con más de tres años de antigüedad y con un patrón de carrera predecible, de carrera profesional, en este momento, en España, aproximadamente más de la mitad de la fuerza laboral no está en esas condiciones, y la tasa sigue creciendo. El empleo flexible, donde más se ha desarrollado, obviamente, es en California donde las personas que están en patrones tradicionales de empleo asalariado son sólo el 22% de la fuerza laboral. Pero lo acabo de medir en Finlandia, socialdemocracia por definición, y en los últimos 10 años el porcentaje de empleo flexible ha pasado del 10% al 38% de la fuerza laboral. En Holanda ha pasado del 15% al 53%, y podría citar más casos. Y no hablo de los países del Tercer Mundo, porque allí, por definición, casi todo el trabajo es flexible. La mayor parte de la gente de las ciudades trabaja en economía informal urbana. Brasil tiene muy poca población agrícola, es 82% urbana, y de ese 82% en las ciudades más de la mitad está en la economía informal urbana. Así pues, el modelo flexible de empleo y trabajo lo encontramos por arriba, en la Nueva Economía y por abajo en la economía de supervivencia: está convirtiéndose en el modelo predominante. Pero eso, en sí mismo, no tiene, necesariamente, consecuencias sociales negativas.

Los actores de Hollywood son flexibles. Cobran 5 millones de dólares cada tres meses por hacer una película. No se puede hacer la ecuación: flexibilidad=precarización. La precarización es un atributo social, no un atributo del mercado de trabajo. Y ahí está el caso, efectivamente, de Finlandia o de Holanda, donde se puede tener un empleo flexible, a tiempo parcial, sin contrato indefinido, pero con todo lo que son derechos sociales -seguridad social, salud, educación, etc.-, garantizados por el Estado a todo el mundo, como ciudadanos. En California no. En California si no se tiene trabajo, no se tiene nada. En Finlandia se puede perder el trabajo durante tres meses y no pasa nada en lo esencial.

Lo que pasa en la economía, lo que pasa en la sociedad y lo que pasa en la tecnología está mediatizado por las instituciones, por la organización de la sociedad y por el valor que da la sociedad a lo económico y tecnológico, por un lado, y a lo social y a lo ciudadano, por otro.

¿Qué instituciones son esas? Por un lado, existe la idea de que en una economía altamente dinámica, pero altamente individualizante, en la que se fracciona y se fragmenta la fuerza de trabajo y en la que las personas se convierten en agentes del proyecto, en agentes empresariales, mientras todo va bien, es una economía dinámica, pero cuando no va bien, cuando hay crisis, cuando hay descenso del crecimiento y cuando el mercado no puede satisfacer las necesidades individuales y familiares, entonces, en ese momento, no hay mecanismos de restablecimiento del equilibrio social y económico, y hay una pérdida total de confianza. Cuando todo depende de como marche la productividad, que depende de cómo vaya la innovación y del mercado financiero, la volatilidad sistémica del mercado financiero necesita para que la sociedad y, por tanto, la economía se puedan restablecer de mecanismos de estabilización en los cuales haya formas de recomposición del equilibrio social y, por tanto, económico. Si no, la crisis económica se convierte en crisis social, en crisis institucional que rompe definitivamente la confianza y acaba con la posibilidad de financiación. De ahí que en lugar de tener, por un lado, la Nueva Economía dinámica y tecnológica y, por otro lado, el viejo Estado del bienestar que proporciona la base estable de la sociedad industrial, la nueva economía informacional necesita, más que nunca, un estabilizador social, un proveedor de trabajo cualificado y de personas con capacidad de iniciativa individual y colectiva no dependiente del mercado. Es decir, el mercado necesita ser provisto por instituciones de fuera del mercado para romper la mecánica diabólica de la sincronización de ciclos.

Si a la sincronización del ciclo tecnológico, el financiero y el de negocios, añadimos el ciclo social y el ciclo institucional, una economía que por definición es volátil, altamente dinámica pero altamente arriesgada, se puede convertir, y se está convirtiendo en algunos casos, en elemento destructivo. ¿Qué ha ocurrido, por ejemplo, en California? Que justamente en este momento se ha demostrado como las empresas eléctricas habían manipulado los precios y en un momento determinado en que hay una crisis de otro tipo se produce una crisis de provisión de electricidad, con restricciones seguras este verano debidas, no a la oferta y la demanda, sino a la manipulación de un mercado en situación de desregulación. Esto, añadido a la crisis actual, se convierte en una crisis que está produciendo realmente una sacudida social y económica en California. Sobrevivirá, porque es una economía extraordinariamente dinámica y fuerte, pero habrá un alto costo, tanto social como empresarial.

 

Nuevas instituciones

Hacen falta instituciones que aseguren el paso de una economía dinámica y de una tecnología innovadora, a una sociedad estable y creativa. Esas instituciones son, por un lado, instituciones de la sociedad civil y, por otro lado, instituciones del sector público. Por parte de la sociedad civil se asiste -y lo observamos en distintos países- a una creciente responsabilidad social de las empresas. La idea de que las empresas se ocupan de su negocio y de nada más se está terminando, sobre todo de las grandes empresas. Pero no son programas de caridad, son intentos, por ejemplo, de mejorar el sistema de educación, de asegurar mecanismos de integración social a los inmigrantes, de tener una política de inmigración, es decir, la vieja imagen de la empresa. Existen todavía las grandes empresas totalmente suicidas que deciden la política de tierra quemada del "yo aquí mi ganancia mientras pueda, y luego me voy", pero luego te vas a un lugar que ya está quemado, porque el planeta se ha agotado. Una dinámica de productividad por innovación, y de crecimiento por productividad, es superior a una dinámica por abaratar costos. Aquellas empresas que funcionan por abaratamiento de costos van siendo eliminadas por la competencia mundial basada en la productividad; siempre existen, y se pueden mencionar muchos ejemplos, pero hay una creciente responsabilidad social en las empresas.

También hay un nuevo papel de los actores sociales y, en particular, de los sindicatos que, por un lado aseguran la cohesión social y, por otro lado, entran en una dinámica de programas de formación asociados con las empresas y de políticas responsables que aceptan mecanismos de productividad, siempre y cuando el reparto de los beneficios de esa productividad sea equitativo.

Pero más allá de lo que ocurre en la sociedad civil, hay también un relanzamiento del Estado de bienestar. Nosotros hicimos para la Cumbre de Lisboa, durante la presidencia portuguesa de la Unión Europea el año pasado, un libro colectivo de varios expertos europeos que se acaba de publicar, en el que hay un artículo excepcional de Gösta Esping-Andersen que pueden consultar, mostrando, de hecho, la importancia del Estado de bienestar y la absoluta necesidad de elecciones estratégicas entre mantener los viejos derechos institucionalizados, y en ese caso dejar fuera a amplios sectores de la población, o redefinirse, con un sistema de prestaciones mucho más ágiles, mucho más enfocados a los lugares de necesidad real, no sólo de sectores de población, sino de impactos concretos en la vida de las personas, a lo largo del ciclo de vida. Quiero decir, que no tenemos la necesidad de un Estado de bienestar para todos los momentos, lo tenemos para cuando realmente hace falta y en los sectores y segmentos que hace falta. O sea, un Estado de bienestar gestionado política y socialmente, de geometría variable, que acompañe una economía dinámica y un sistema de innovación tecnológica que son igualmente variables e inestables.

Se observa también como las políticas de educación y de salud son claves para el relanzamiento de la productividad. En educación es obvio, pero en salud también. Alguien muy listo, muy preparado y muy flexible pero con poca salud, no produce y los costos sanitarios son costos que están comiéndose en estos momentos los presupuestos, no sólo de los estados, sino de las empresas y de las personas. Una política de salud, no es una política de pagar hospitales carísimos con la más alta tecnología, es una política de intentar que la gente viva de otra manera y que, más o menos, en lugar de ir a la playa a comer paella, vayamos a la playa a hacer otras cosas de vez en cuando. Es decir, una política de prevención, que es una política de actividad, una política ecológica, una política de integración entre calidad de vida y ritmos de vida; otra clase de políticas de salud centradas en la prevención y en la calidad de vida en general. Estas son las nuevas fronteras que se están discutiendo en las políticas sociales. Y, en fin, el aumento creciente del papel de las instituciones autonómicas y locales en la gestión, no sólo de los programas sociales, sino sobre todo, de la articulación entre la sociedad civil y los sistemas de innovación empresarial y tecnológica.

Ha habido, durante un tiempo, la idea de que las ciudades tenían que ser, sobre todo, actores estratégicos de desarrollo. Ahora se observa que la mejor forma de ser un actor estratégico de desarrollo, no es bajar los impuestos, sino proporcionar los recursos humanos de calidad y la infraestructura tecnológica de calidad a las empresas. Aquí también mi estudio de Finlandia me está enseñando muchas cosas. Por ejemplo, en Finlandia tienen la tasa de imposición más alta de Europa: el 75% de los finlandeses, incluidos los de altos ingresos, la apoyan y dicen: "perfecto". La ecuación fundamental no es cuantos impuestos se pagan, sino cual es la relación entre el crecimiento de la carga fiscal y el crecimiento de la productividad y, por tanto, de la renta. En los últimos diez años lo que ha ocurrido en Finlandia es que la productividad ha crecido el doble que la imposición fiscal, y, en consecuencia, la renta ha crecido mucho más que la imposición fiscal.

Si los servicios están cubiertos, tales como educación, salud, cultura, vivienda, transporte..., se aumenta extraordinariamente la productividad, se gana más, y se vive mejor al mismo tiempo. Finlandia tiene muchos problemas, y ya lo verán en mi informe cuando se publique pero, con respecto a esta relación instituciones-Estado de bienestar-productividad económica y tecnológica, es realmente un modelo alternativo y distinto del que Silicon Valley representa.

Por lo que hace a la descentralización y participación ciudadana, observamos un desarrollo creciente en todos los países de las ONG's -que llamo, como ya saben, organizaciones neogubernamentales porque en general están subsidiadas y protegidas por distintos niveles del gobierno, lo cual no es, ni mucho menos, un insulto si los gobiernos son democráticos. Además, mejor gobiernos descentralizantes que gobiernos centralizadores. Está habiendo, como digo, un enorme desarrollo en todo el mundo de ONG's conectadas a gobiernos locales, como mecanismos más flexibles, no sólo de participación sino de gestión de servicios, y esto conectado con algo que aquí en Barcelona están desarrollando muy activamente, el desarrollo de Internet y medios de comunicación electrónica, como redes ciudadanas de participación y de información, que es realmente la extensión normal de la democracia local y de la participación ciudadana en la Era de la Información.

La Nueva Economía, que es ya nuestra economía, es una economía de alta creatividad, de alta productividad, de alto dinamismo, pero también tiene bruscas caídas, que tiene una volatilidad sistémica del mercado financiero que no vamos a resolver, que va a continuar siempre y que, por consiguiente, para vivir peligrosamente en esta Nueva Economía -sin destruir la confianza y sin destruir las expectativas- hacen falta, más que nunca, instituciones de protección social fuertes y modernizadas, y al mismo tiempo una cierta confianza entre los ciudadanos y sus instituciones, a través de sistemas de descentralización y de participación que empiezan por el nivel local.


 

Manuel Castells.
Profesor de la "Universitat Oberta de Catalunya" y autor de la trilogía "La Era de la Información".

Transcripción de la conferencia, no escrita, pronunciada en el "Fórum Europa". Barcelona, junio de 2001.