El impacto de la inmigración en el Estado de bienestar

Juan José Dolado

Voy a organizar el artículo en seis temas que me parece que son relevantes. Uno es examinar los fenómenos migratorios actuales desde una perspectiva histórica. Obviamente, el pasado nos enseñará a aprender determinadas lecciones sobre cómo tratar este fenómeno. El segundo tema es más específico, es el tema de la inmigración en España, por qué es tan relevante en estos momentos. En tercer lugar, hablaré algo sobre los aspectos económicos de la inmigración, es decir, trataré de poner a los lados de la balanza los beneficios y los costes y tratar de examinar en qué medida unos superan a los otros o al contrario. Esto lo haré también dándoles determinadas cifras en el punto cuatro. En el punto cinco hablaremos de un tema, que es de los más importantes, señalados, desde el punto de vista del papel que juega la inmigración cómo sostén de nuestro sistema de pensiones, en países cada vez más envejecidos. Veremos en qué medida es una solución. Y, por último, hablaremos de los retos y las políticas de inmigración con especial énfasis en lo que está ocurriendo en España. Estos son los seis temas que cubriré.

 Mujeres y niños refugiados sirios golpeando la valla de la estación de ferrocarril Budapest Keleti. Foto: Mstyslav Chernov.

Mujeres y niños refugiados sirios golpeando la valla de la estación de ferrocarril Budapest Keleti. Foto: Mstyslav Chernov.

Primero tenemos que definir qué entendemos por inmigrante. Un inmigrante no es un turista, pongamos por ejemplo. Generalmente, las estadísticas internacionales tienen dos definiciones de inmigrante: persona residente en un país distinto a su país de origen y nacimiento, por un periodo de más de un año, ó, aquellas personas que aún habiendo nacido en un país distinto no tienen nacionalidad del país de destino.

Las dos definiciones son diferentes. La primera, obviamente, cubre muchas más personas que la segunda. Por eso, a veces, las cifras que se dan de inmigración hay que interpretarlas cómo grandes o pequeñas dependiendo de si se utiliza el criterio de nacionalidad o el criterio de nacimiento. En el mundo, actualmente, las estimaciones que tenemos de Naciones Unidas nos dicen que alrededor de 150 millones de personas son inmigrantes, de acuerdo con la característica de no haber nacido en el país donde residen. Esa cifra, hace 20 años, era de 60 millones, con lo cual ha habido un crecimiento muy grande. Pero, obviamente, históricamente, no ha sido la cifra… por ejemplo, en el siglo XIX se produjeron movimientos migratorios de mayor importancia. Este crecimiento que ha habido durante los últimos 20 años lo podemos achacar a varias causas. Por una parte, al posible crecimiento o distanciamiento entre las rentas entre los niveles de bienestar de unos países y otros: sobretodo dentro de determinados países en vías de desarrollo. Y, en segundo lugar, a fenómenos cómo es el aumento de la educación y el envejecimiento de los países desarrollados, que supone la necesidad de utilizar flujos de inmigración para determinadas tareas que los nacionales no están dispuestos a ejercer, por ese aumento educativo que se produce en los países de destino. En tercer lugar, está el aumento de la población urbana y el aumento de las tasas de fertilidad en muchos de los países de origen, que hace que haya una fuerza de empuje y que esa gente no pueda continuar viviendo en las condiciones que lo está haciendo y los empuja hacia fuera. Y en cuarto lugar, es obvio, sobretodo en los últimos 20 años, el abaratamiento de los costes de información y de transporte que ha supuesto una vía de empuje a la inmigración muy importante. A efectos de ilustración, por ejemplo, en Marruecos se ven los canales internacionales de Televisión Española y en España “todo va bien” y uno se siente animado a marchar hacia allí. Desde un punto de vista internacional, la cifra de inmigración en los EE.UU. normalmente se suele ser del 12%, pero esto es con la cifra de no-nacido, si se coge la de no-nacional, que es la que se utiliza en las definiciones europeas (Eurostat, etc.), entonces es muy parecida a la europea, es de un 6,7%. Pero hay ciudades, por ejemplo Nueva York, donde el 35% de la población son no-nacidos en esa ciudad, por eso a Nueva York la llaman “melting pot” (“tarro mezclado”). Países cómo Australia o Canadá tienen un 20%. En cuanto a la Unión Europea hay alrededor de un 5% de inmigración de acuerdo con el criterio de nacionalidad, no con el criterio de nacimiento. Y hay una gran variabilidad, va desde países cómo Alemania o Austria con un 10%, hasta nosotros que estamos en la parte baja, tenemos en la actualidad un 3,8%. Los flujos de entrada anuales en EE.UU. son alrededor de 1 millón y en la Unión Europea, en estos momentos, alrededor de 1,2 millones. En España, cómo media en estos últimos años, unas 160.000 personas.

Obviamente, cuando hablamos de inmigración hay otro componente muy importante: la gente habla de inmigrante irregular, ilegal, clandestino, sinpapeles. Las cifras son, obviamente, muy aproximadas porque, por definición, la inmigración es un fenómeno irregular y, por tanto, no se puede medir de acuerdo con criterios administrativos. En EE.UU. hay medio millón de inmigrantes ilegales al año, con un stock de 8 o 9 millones de los cuales 4,5 millones son mejicanos. En la UE hay también medio millón al año, con un poco más de inmigración ilegal, alrededor de 9 o 10 millones. En España las recientes cifras del censo del 2001 nos han dado una estimación de la inmigración ilegal: de acuerdo con las cifras del censo, hay 1.570.000 residentes no-nacidos en España, que no son turistas, es decir, que llevan más de un año en el país. De acuerdo con la Delegación de Inmigración del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, hay 840.000 residentes legales (no-comunitarios) y hay 360.000 comunitarios. Con lo que si uno resta lo que hay en el censo menos los inmigrantes legales comunitarios y no-comunitarios verá que la cifra de inmigrantes ilegales es de 370.000 en el año 2001.

Desde una perspectiva histórica, simplemente refrescarles algunos de los movimientos migratorios que han transcurrido desde el siglo XIX al siglo XX. En EE.UU., los grandes fenómenos migratorios se produjeron a partir de 1840, la llegada de irlandeses, alemanes, posteriormente de italianos, del antiguo imperio austro-húngaro, etc. En esos momentos había alrededor de un 15% de inmigración, comparable al 12% actual con el criterio de nacimiento. El sistema americano tiene diferentes características pero fundamentalmente se basa en el sistema de cuotas y con un gran énfasis, cómo veremos más adelante al hablar de los distintos tipos de inmigración, de asimilación o de facilitar la llegada de los familiares directos de los inmigrantes que llegaron antes. Lo que llamamos la inmigración por enlace familiar. Los inmigrantes en los EE.UU., cómo sabemos, están en los dos lados de la distribución por cualificaciones: tenemos, por un lado, las personas con baja cualificación y, por el otro, las personas con muy alta cualificación, los “Nóbeles”. Las universidades americanas están siempre llenas de excelentes profesionales que no son americanos y las admiramos precisamente por esa apertura, a diferencia, por ejemplo, de las universidades españolas. Ha habido también un aumento sustancial de los diferenciales salariales entre los nativos y los inmigrantes. Y está también la preocupación de que la inmigración americana no es lo que era antes: antes llegaba gente con ciertas cualificaciones, pero cada vez llega gente con menos cualificaciones. No tanto la llegada, sino las segundas y terceras generaciones de hijos y nietos de inmigrantes que llegaron en el pasado no están a la altura de sus padres o sus abuelos y esto ha creado una cierta polémica en EE.UU.

Respecto a la UE, ha habido tres fases que se pueden señalar. En primer lugar, desde los 40 hasta los 70, después de la Segunda Guerra Mundial, existe un gran éxodo. Anteriormente hubo 60 millones de europeos que emigraron, tanto a EE.UU., Latinoamérica, o dentro de Europa. En la fase posterior a la Segunda Guerra Mundial, el punto de destino era el centro y norte de Europa, que estaba intentando reconstruir sus economías y necesitaba mano de obra barata. Posteriormente, la segunda fase empieza con las crisis del petróleo, que va del 70 a los años 80 y aquí cambia: los países del sur, que tradicionalmente eran países de origen, pasan a ser países de destino, porque sus economías no se ven tan afectadas cómo las de los países centrales. Y, por último, la tercera fase empieza con la caída del muro de Berlín y, por tanto, la mayor preocupación son los efectos de las migraciones de los países del este y centro de Europa.

Antes de hablar un poquito más sobre los aspectos económicos, simplemente un mensaje: la población norteamericana es mucho más propensa a cambiar de residencia que la población europea. Normalmente en EE.UU. cuando una región o estado sufre una perturbación negativa lo que ocurre es que la gente se va a otro estado. En Europa, lo que ocurre es que disminuye la participación en el mercado de trabajo y aumenta el paro. Son dos maneras de ajustarse ante perturbaciones negativas.

 

Los rasgos principales

Cómo veremos enseguida, los determinantes de la inmigración están básicamente detrás de las diferencias de bienestar del inmigrante en el país de destino frente a lo que obtendría si se quedara en el país de origen. Estas diferencias, al principio, disparan la inmigración pero conforme la gente se va del país de origen, el trabajo en el país de origen se va volviendo más escaso y las rentas tienden a aumentar. Pero en el país de destino se hace más abundante y las rentas salariales tienden a disminuir. O sea, que la inmigración produce un fenómeno de igualación de rentas y, por tanto, esperaríamos que los fenómenos migratorios tuvieran una especie de forma de U invertida: al principio van subiendo, llegan a un momento y luego empiezan a bajar conforme las rentas de los países de origen y de destino se igualan. Eso explicaría que los cálculos que han hecho varios economistas sobre los efectos de la ampliación el 2004 de la UE nos den flujos de inmigrantes, en estos países, de alrededor de 300.000 durante 10 años y luego paren, porque las rentas de estos países irán convergiendo a las rentas de los países de la UE. Posteriormente, prevén que tendremos dos décadas con alrededor de 100.000 personas y luego se acabará, ya habremos convergido completamente. Esto haría que la tasa de inmigración de estos países subiera del 0,2% al 1,2% dentro de 30 años. El número de inmigrantes viviendo en Europa pasaría de 850.000 a 5 millones. Recuerden siempre: los fenómenos migratorios tienden a corregirse por la convergencia que se produce.

Antes les he comentado, entre los determinantes de los fenómenos migratorios de la actualidad, las diferencias de rentas y algunos procesos demográficos, cómo, por ejemplo, el envejecimiento. El año 2000 -no ha cambiado mucho posteriormente- un 70% del crecimiento vegetativo de la UE se debió a la inmigración. Sólo un 30% se debe a la fecundidad. Hay necesidad de inmigrantes en varios frentes, no solamente en aquellas ocupaciones que tienen requisitos de cualificaciones más reducidas -que son las que en seguida nos vienen a la cabeza-, sino también en ocupaciones que, por el cambio tecnológico, Europa se encuentra especialmente poco preparada, cómo son, por ejemplo, las nuevas tecnologías de información. Por ejemplo, todos hemos oído a hablar de estas solicitudes de especialistas informáticos, de cupos especiales en Alemania, Irlanda, el Reino Unido. Luego les hablaré de por qué estas peticiones, sobretodo, son las de nacionalidad india (que tienen una formación estupenda), han tenido un éxito tremendo en el Reino Unido y han sido un fracaso en Alemania. Y luego intentaremos explicar por qué los indios no querían ir a Alemania a trabajar cuando se les ofrecían buenas remuneraciones, etc.

Por ahora nos hemos centrado en la inmigración económica, pero también existe otro tipo de inmigración: la de los refugiados. La inmigración de los refugiados, cómo bien sabemos en el momento actual, depende mucho de la variabilidad que haya en los conflictos bélicos. Por ejemplo, en Europa, durante esta década, ha habido unos 200.000 inmigrantes por asilo político al año, y en los años de conflicto en Bosnia subió a 600.000 y en Kosovo subió a 400.000. O sea, que hay subidas dependiendo de que haya conflicto bélico en determinados momentos. El promedio está en unos 200.000. Luego veremos cómo tratamos este tipo de inmigración.

En España hay 1.570.000, el 3,8% de la población, de acuerdo con el censo de 2001. Hay 2,2 millones de españoles que están fuera, residen fuera. España todavía es un país de origen: los que entran menos los que salen todavía da una migración negativa. Es un país que en una década, y sobretodo los últimos 5 años, hemos visto que todavía está a la cola, en tasa de inmigración, de los países de su entorno, pero esa tasa ha crecido muchísimo. A principios de los 90 apenas alcanzaba el 1% y en 10 años ha pasado a ser el 4%. Hemos pasado de 350.000 inmigrantes a 1.570.000 en 10 años y esa aceleración se ha producido principalmente en los últimos 5 años, lo cual hace que el fenómeno migratorio sea un fenómeno de gran actualidad. Si continuáramos con esas tasas dentro de otros 10 años, posiblemente estaríamos a la altura de países cómo Austria o Alemania. El 23% pertenecen al régimen comunitario y el resto, que son 1.250.000, son sobretodo africanos, latinoamericanos, PECOS (terminología que se utiliza para los países del centro y del este de Europa) y asiáticos. En Catalunya y en Madrid se concentra el 52% de la inmigración. Solamente por curiosidad, si miramos la densidad de inmigración dentro de la población, la ciudad española que tiene más inmigrantes es Alfás del Pi, de acuerdo con el censo del 2001, que tiene un 49%, sobretodo jubilados alemanes. Cuando miramos a los no-comunitarios son Murcia y Almería, la ciudad de Fuente Álamo en Murcia. La distribución sectorial de la inmigración se centra básicamente en servicios, agricultura y construcción, menos en industria. Los asiáticos, fundamentalmente, en servicios; los africanos, en la agricultura; los latinoamericanos, en servicios; y los europeos del este, en todos sitios. En cuanto a la seguridad social (cómo veremos posteriormente a la hora de evaluar beneficios y costes, tendremos que ver si los inmigrantes aportan a las arcas de la seguridad social), ha ido creciendo muchísimo. Todos los aumentos últimos de la seguridad social de los que presume el gobierno se producen por aumentos de inmigración. Hay alrededor de 600.000 ahora, estas cifras deben de ser de hace un año. Tenemos el régimen general, el régimen agrario y empleados del hogar, obviamente.

¿Cómo son los inmigrantes? Pues son más jóvenes que nosotros, están un 80% concentrados entre 25 y 34 años, lo cual tiene su explicación lógica. El inmigrante se enfrenta a riesgos en su inversión en inmigrar y, por lo tanto, tiene que tener un horizonte largo para recuperar la rentabilidad de la inversión que ha hecho. Tienen mayores tasas de paro, pero hay que ponerlas en entredicho porque muchos de ellos están en la economía ilegal, por lo tanto, aunque oficialmente están parados, no lo están en la práctica. Tienen similares tasas de participación y similares niveles educativos, de hecho los niveles educativos son ligeramente superiores en cuanto a titulaciones. El porcentaje de inmigrantes que llegan con titulación universitaria es más alto que en España. En España, el porcentaje de personas que tienen titulación universitaria está alrededor del 20% y dentro de los inmigrantes está alrededor del 25%, lo cual también tiene su explicación.

 

Las políticas españolas

Una breve descripción de las políticas en España: han sido unas políticas de “stop and go”, políticas de frenazo y acelerón, que han cerrado los ojos a la realidad muy cambiante, con una aceleración enorme. Son políticas de cupos muy reducidos y posteriormente amnistías, procesos de regularización, que obviamente alimentan la llegada de nuevos inmigrantes ilegales. Tenemos una especie de estancamiento de la economía española. Esto ha cambiado recientemente, pero en el proceso de amnistía del 2000-2001, para que se hagan una idea, se recibieron casi 600.000 solicitudes de legalización.

¿Cuáles son los determinantes económicos de la inmigración? Pues los determinantes económicos de la inmigración serán comparar el beneficio de cuando emigro frente al beneficio de cuando me quedo en mi país. Obviamente, el beneficio no es el beneficio que obtengo hoy sino el beneficio a lo largo del periodo en que ejerzo la inversión, lo que para los economistas es el valor presente descontado. La ganancia de la inmigración será el valor presente de la renta en el país de destino, menos el valor presente de la renta en el país de origen, menos los costes económicos, ecológicos, de adaptación a un nuevo ambiente, de pérdida de conexiones con los familiares, etc.

Muchas veces nos preguntamos qué hay detrás de las mentes de las personas que pasan calamidades atravesando el estrecho en pateras, y qué puede haber para que emigren sabiendo todas esas calamidades. Las diferencias del valor presente, una vez que llegan a España, se sitúan, encuentran un trabajo, etc., son tan grandes (aunque el corto plazo sea muy negativo) que excede en mucho el valor presente en el país de origen. Por poner un ejemplo, las diferencias salariales entre España y Marruecos, en renta por cápita, no en salarios, son de 12 a 1. Si se corrigen por poder adquisitivo, son de 9 a 1. Todavía uno puede entender que se corran esos riesgos. En EE.UU., por ejemplo, el salario mínimo/hora es de 5,15$, mientras que el salario medio de un mejicano es de 5$ al día. El precio de una botella de leche estaba hasta hace poco, en San Diego, en 30 centavos. Si uno cruza Tijuana, que está unos metros más allá, son 29 centavos. Es obvio por qué los mejicanos cruzan la frontera aun jugándose la vida: las diferencias son enormes. Dentro de estos costes están los que se pagan a los traficantes, a las personas que facilitan la entrada, sobretodo en regímenes muy estrictos. Las estimaciones que se tienen indican que, por ejemplo, pasar de Marruecos a España cuesta 3.000$, pasar de China a Europa, 12.000$, de China a EE.UU., 35.000$, y que esos costes, a veces, pueden ser importantes, aunque quedan muy relativizados cuando uno mira lo que son las diferencias en el valor presente de bienestar que no puede conseguir en unos y otros países. Pero fíjense que estos costes en algunos casos son muy importantes y, por lo tanto, solamente aquellas personas que realmente piensan que pueden recuperar la rentabilidad de los costes que están acometiendo, mediante la rentabilidad de su acción, que es emigrar, lo harán. Esto quiere decir que no emigra cualquiera. Los inmigrantes son especialmente buenos, hay un proceso de autoselección. Por eso son jóvenes, están educados, etc. A una persona que tiene muy poco capital humano, en términos de cualificaciones, no le merece la pena emigrar, porque tiene que acometer unos costes que no va a poder recuperar en el futuro.

 

Los países de origen

Normalmente, uno tiende a pensar que la inmigración se produce de los países más agrícolas a los países más industrializados. La evidencia que tenemos, sobretodo el último siglo, es que la inmigración empieza en los países de origen cuando estos empiezan a industrializarse. La radiografía típica muestra que la mujer se incorpora a la fábrica que existe en la población local para apoyar al marido que se va al extranjero. Ésta es la imagen típica, pero no tanto viniendo desde el mundo agrícola hay esta especie de apoyo.

Hechos curiosos de la inmigración familiar: las tasas de divorcio entre los inmigrantes son más elevadas que las tasas de divorcio entre los nativos. Por ejemplo, en EE.UU. dadas las dificultades de acceso, etc., ¿cómo lo hacen los inmigrantes? La evidencia que se tiene (esto es un promedio, hay que mirar las cosas con perspectiva) es que no en todos los casos se produce lo mismo. Pero básicamente las ganancias de los nativos convergen a los 15 años de estancia. Es decir, que si aquí tuviéramos los salarios y la edad, al principio están por debajo de los nativos porque tienen menos experiencia, aunque la misma cualificación, a lo mejor no conocen el idioma local también, están subempleados en determinados sectores… pero conforme se van asentando, llegan a superar a los nativos, porque están especialmente motivados. No son un grupo representativo, aleatorio de la población de origen, son un grupo muy autoseleccionado. Aun así hay que llevar cuidado, y en muchos estudios uno no controla por los efectos de cohorte: cuando hacemos este tipo de aseveraciones, normalmente lo que hacemos es mirar un censo o una encuesta de salarios en un momento determinado del tiempo, miramos cuanto gana un nativo, cuanto gana un inmigrante en una determinada edad, cuanto gana un inmigrante con otra determinada edad… Pero si hay efectos de cohorte, imagínense que éste fuera el perfil de ganancias de los inmigrantes que han llegado en los 90, los más recientes (que hemos dicho que la evidencia es que son peores que los que legaron en los 50), por ejemplo, y en medio están los nativos y los que llegaron en los 70. Entonces la fotografía que se toma cuando hacemos un estudio basado en un momento del tiempo sería que el inmigrante joven está aquí, el nativo está aquí y el inmigrante viejo está aquí. Pero esto no significa que cuando el joven alcance los 70 años se sitúe allí. Se situará ahí. Entonces hay que llevar cuidado con estos efectos de cohorte. Simplemente para información para aquellas personas interesadas en medir estas cosas.

 

Criterios para emigrar

Sigo hablándoles de la autoselección. La idea básica es que los inmigrantes son especiales y, además, eligen los países a los que emigran de acuerdo con ciertas características. Imagínense estas características, van a ser la desigualdad de la renta en el país de origen y la desigualdad de la renta en el país receptor. Imagínense que aquí tengo los salarios y aquí las cualificaciones. La línea es el nivel de renta por cualificación. Las personas con mucha cualificación ganan más que las personas con poca cualificación. Si el país de destino tiene una desigualdad salarial que es mayor que las del país de origen, está claro que a los que tienen pocas cualificaciones no les interesa emigrar porque están por debajo. A los que tienen muchas cualificaciones sí que les interesa. Uno esperaría que los EE.UU., que tienen una desigualdad de renta muy superior a otros países, atrajera a todos los grandes científicos rusos que se van a las universidades norteamericanas, donde cobran mucho más que en las universidades suecas. O lo mismo con la inmigración española. Dependiendo de cómo sea esa desigualdad, los países atraen a un tipo u otro. El otro caso es que la desigualdad en el país de origen es mucho más alta que en el país de destino. Piensen, por ejemplo, en los Estados de bienestar en Europa, que hacen que la distribución de la renta sea más igualitaria que si hubieran, cómo en EE.UU., las libres fuerzas del mercado actuando. Entonces la inmigración que se trae es inmigración poco cualificada y los que ganan son realmente las personas que acceden a esos mínimos del Estado de bienestar y que vienen de no poder conseguir nada en sus países de origen. Tendríamos también casos de muchos países europeos donde, por ejemplo, la presencia de sindicatos, sobretodo para personas con cualificación media y baja, implicaría que la desigualdad, al principio, no es muy alta, pero luego, para personas con cualificación superior, técnicos, etc., empieza a subir muchísimo, porque las empresas ya pueden pagar lo que quieran. Si tenemos esta desigualdad en el país de destino y este perfil en el país de origen, lo que atraeremos será lo que vemos en la práctica, los dos extremos de la distribución: inmigrantes muy poco cualificados -para hacer todas estas tareas que decíamos que, además, tienen la ventaja de poder acceder a determinadas funciones en el Estado de bienestar, determinadas ayudas-, y los más cualificados. Esto puede explicar, por ejemplo, lo que les decía antes: Alemania, que tiene una desigualdad de la renta mucho más reducida que la India, los que atraería no serían los indios muy cualificados, sino los indios poco cualificados y, por eso, los indios no quieren ir a Alemania. Sin embargo, en Inglaterra, la desigualdad salarial es parecida o mucho mayor que en Alemania y sí que tienen éxito en atraer a los cerebros indios. No me extenderé mucho en ello.

Hay una literatura cada vez más preocupante sobre el fenómeno de la fuga de los cerebros, el “brain drain”, de Europa a EE.UU. que se ha ido intensificando los últimos años. Por ejemplo, de acuerdo con la National Science Foundation, el 60% de los estudiantes europeos que van a hacer el doctorado en EE.UU. no tienen ninguna intención de volver. Los que vuelven durante cinco años después de haber acabado sus tesis doctorales son solamente el 45%. El Estado de bienestar determina el tipo de inmigración que vamos a tener.

 

Beneficios y costes

Un poquito de economía pero muy sencilla: los beneficios y los costes. Ahora vamos a poner los pros y los contras en los lados de la balanza y vamos a ver quién gana. Tendremos que medir los beneficios y los costes tanto para el país de origen cómo para el país de destino. Para que sea una operación completamente exitosa, tanto el país de destino cómo el país de origen deberían ganar con la inmigración. De hecho, así va a ser el caso. Es decir, la inmigración es un movimiento que trata de asignar los recursos allí donde son más productivos. Es decir, un inmigrante marroquí viene a España porque sabe que va a ser más productivo y su salario va a ser mayor que en Marruecos. Si indemniza Marruecos a través de las remesas de inmigrantes, tanto Marruecos cómo España ganan. Ese es el mensaje básico. Imagínense que aquí en una gráfica tengo el salario y el empleo. La línea decreciente es lo que llamamos la curva de demanda de trabajo (cuanto mayor sean los salarios las empresas demandan menos trabajadores) y la línea vertical es lo que llamamos la oferta de trabajo. La ponemos vertical porque aunque pensamos que a mayores salarios mayor intención de trabajo, pero a corto plazo es muy difícil producir trabajadores. Por ejemplo necesitamos producir trabajadores con cualificaciones para la industria de nuevas tecnologías: pues no podemos en dos días darle un curso a una persona y ponerla a trabajar, necesitamos tiempo. Entonces, a corto plazo, la oferta de trabajo está fija, es lo que hay. Imagínense que aumenta la oferta de trabajo por la inmigración, llegan un montón de inmigrantes, 160.000 al año. Entonces, esto se desplaza. Es fácil ver que lo que ocurre es que el país receptor gana ese triangulito, medido en términos del PIB, ganan. Pero detrás de esa ganancia hay un problema distributivo, hay unos que pierden y otros que ganan. Ganan los empresarios y pierden los trabajadores, porque observen que al llegar más inmigrantes, el salario de equilibrio, donde la oferta es igual a la demanda, cae. Y, por tanto, los trabajadores pierden. Esto suponiendo que los trabajadores del país sean iguales, que no haya diferencias por cualificaciones, y también suponiendo que son iguales a los inmigrantes, que tienen las mismas cualificaciones. Luego tendremos que hacer unas matizaciones. Pero gana. Podríamos pensar un poco más allá: que los inmigrantes también comen y demandan bienes, etc. Por lo tanto, no es solamente la curva de oferta la que se desplaza sino también la curva de demanda, entonces podemos ver cuál es la ganancia en términos de bienestar del país. Y ahora pasaríamos de este triangulito a una especie de trapezoide más grande, porque también ha aumentado la demanda. Podemos hacer cálculos, en términos del PIB, con las cifras actuales, por ejemplo, lo que obtenemos de inmigración en España es que con las cifras del 3%, 4% que estamos observando actualmente, el tamaño de ese triangulito que les he enseñado anteriormente nos daría un 0,05% del PIB, muy poco. 53 mil millones de las viejas pesetas, 318 millones de euros. Sería cómo cinco Zidanes o cinco Ronaldos.

Detrás de ese beneficio neto de la inmigración hay unos movimientos importantísimos a favor de empresarios y en contra de trabajadores. La variación salarial en porcentaje del PIB bajaría en un 2%, la masa salarial se rebajaría un 2%, 13 mil millones de euros, mientras que las variaciones de la renta de capital aumentarían en un 2,05%, de tal manera que el neto sería el 0,5%, lo cual es una cantidad muy sustancial. De ahí el problema de la inmigración: hay problemas distributivos. El país gana, con lo cual tenemos capacidad para diseñar sistemas de impuestos y subsidios, de manera que los que ganan compensen a los que pierden, pero al final todo el mundo gana algo.

Podemos hacer más cálculos de este estilo, por ejemplo, si se tiene en cuenta la variación de la demanda: en lugar de ser 0,5% es 0,14% del PIB, todavía una cantidad muy reducida porque las tasas de inmigración son bajas todavía (aunque han crecido mucho en los últimos años). Si todos los que llegaran fueran muy cualificados, por ejemplo Premios Nobel, las ganancias serían muy superiores, y sería alrededor de un 0,40% del PIB suponiendo que seguimos con el 4%. Si todos los que llegaran fueran muy poco cualificados, entonces las ganancias serían muy pequeñitas, apenas 0,02% del PIB.

 

Las cualificaciones

En todos estos cálculos hemos dicho que los inmigrantes eran iguales que los nacionales, pero no es el caso: hay cualificados, no cualificados, etc. Generalmente, cómo hemos dicho, en la mayoría de los países receptores, cómo ocurre en España, ha habido un aumento del esfuerzo educativo muy grande. Y esto es lo que explica por qué, conforme nuestro capital humano va aumentando, estamos menos dispuestos a tomar determinados trabajos que exigen pocas cualificaciones y que, por lo tanto, tienen retribuciones bajas. Básicamente, lo que uno puede pensar es que los efectos negativos, tanto en empleo cómo en salario, de la llegada de inmigración se producen en dos grupos muy específicos: uno es el muy poco educado, aquellas personas que no han acabado la enseñanza secundaria, y los inmigrantes anteriores. Estos son los que compiten directamente, mientras que las personas con cualificación alta, ganan. Por ejemplo, si no tuviera una persona de nacionalidad dominicana que cuida de mis hijas, no podría escribir este artículo, por lo tanto mi capacidad se resentiría. Por lo tanto, gano con la inmigración. No creo que esta persona dominicana esté sustituyendo a otra persona española que pueda prestar estos servicios porque el nivel educativo ha subido mucho en España. Ya no estamos dispuestos en ese sentido. Hay ganadores y perdedores, pero, en global, gana el país y conforme las tasas de inmigración sean más altas, ganaremos más. Esas cifras que les he dado son pequeñas, pero simplemente porque la tasa de inmigración todavía es reducida.

Lo anterior era el coste indirecto, la reducción de los salarios sobre los trabajadores, pero también hay costes que se producen del acceso de los inmigrantes a los sistemas de bienestar (educación, sanidad, prestación por desempleo, etc.). El coste, más o menos, se calcula, para las cifras que les he dado antes, para alrededor del 0,25% del PIB. Hay cálculos hechos recientemente que, sin embargo, nos dicen que los inmigrantes aportan más que lo que reciben. El coste sería negativo, alrededor del 1,02% del PIB. Sin embargo, fíjense que estos cálculos recientes están hechos por el Imserso y pueden estar sesgados por el hecho de que las primeras generaciones, los inmigrantes llegan normalmente solos, no con la familia. Entonces, muchos de estos costes al principio son reducidos, porque los niños no tienen que mandarlos al colegio, las personas al principio son jóvenes, cuando traen a los padres se ponen enfermos y tienen que acceder a la sanidad… pero, básicamente, los resultados que venimos a mostrar son que la inmigración, para el país de destino, no es dañina. Si acaso es beneficiosa, cómo el comercio internacional o los movimientos de capitales. Asignamos el trabajo donde es más productivo. Pero tenemos que llevar cuidado con nuestros movimientos distributivos dentro del país.

¿Qué pasa con el país de origen? Tienen beneficios, que son las remesas. El inmigrante marroquí que trabaja de camarero en España es mucho más productivo que lo que era en su puesto de trabajo en Marruecos. Las remesas de inmigrantes son más importantes que la ayuda mundial oficial al desarrollo. Son unos 60 billones de dólares al año, en el año 2000, 56 billones de ayuda oficial. Hay graves extorsiones en la llegada de esas remesas. Por ejemplo, las cuotas fijas por enviar una transferencia, por ejemplo de servicio doméstico, a través de las entidades oficiales y no oficiales que utilizan estas personas pueden llegar al 25%. Es decir, que de cada 100 dólares que mandan a Ecuador, sólo llegan 75 dólares. Hay, con este grado de extorsión, nivel para que las entidades financieras entren a formar parte de un papel mucho más activo. Por ejemplo, en EE.UU. hay un acuerdo que funciona muy bien, entre Wells Fargo y Bancomer. Wells Fargo es un banco americano y Bancomer un banco mejicano. Pues la idea es que un mejicano en EE.UU. puede abrir una cuenta simplemente mostrando sus papeles mejicanos, no tiene que mostrar ningún permiso de trabajo, en Wells Fargo, y, automáticamente, se abre la cuenta en Bancomer, en cualquier ciudad mejicana. Sus familiares pueden retirar lo que vaya aportando a un coste mucho más bajo, la tasa creo que es de un 5%. El efecto multiplicador de las remesas de los inmigrantes es muy importante. Normalmente, se estima que 1 dólar remesa de inmigrante produce un efecto multiplicador que produce de 3 a 4 dólares de crecimiento en el país de origen. Cómo bien sabemos de la historia de nuestro propio país, las remesas de emigrantes es uno de los motores del desarrollo: se abren comercios y oportunidades de negocio, etc.

Vayamos a los costes. En primer lugar, los inmigrantes se autoseleccionan, por tanto están entre los mejores, en cuanto a capacidades, de las sociedades de origen. Esto produce un “brain drain”, una fuga de cerebros para el país de origen con graves consecuencias de carácter fiscal, pues si estos son las personas más productivas, la base fiscal se ve dañada muy sustancialmente. Por ejemplo, por darles un dato, hay un millón de indios en EE.UU. con educación superior que aportan, en cuanto a sus rentas en EE.UU., alrededor de un 10% de la India (les recuerdo que la India tiene 1.029 millones de habitantes). La pérdida de base fiscal de ingresos positivos al perder a los mejores trabajadores puede ser muy sustancial. Y, en segundo lugar, en los países de origen, si se van los mejores, se produce una mayor desigualdad de la renta porque aquellos que se queden van a ser muy escasos y sus salarios van a aumentar mucho. Éste es otro fenómeno regulador de la inmigración: los médicos indios que se vayan a EE.UU. verán que los que se han quedado han mejorado relativamente y esto producirá un fenómeno de retorno. Pero inmediatamente lo que se produce en el país de origen es un aumento de la desigualdad de la renta. Y, por último, si los que se van son los mejores y los más jóvenes, tarde o temprano (año 2050) se va a producir un envejecimiento enorme en los países de origen. En los países latinoamericanos y en algunos países africanos ya no será cómo cuidar a las personas mayores en Europa, sino cómo cuidar a las personas en estos países, dado que los jóvenes se habrán venido aquí. Estos son los costes.

 

Demografía y pensiones

Sobre demografía y pensiones voy a ser breve. La idea básica en los sistemas de pensiones de reparto cómo los que tenemos en Europa (financiamos las pensiones de una generación con las contribuciones de los trabajadores contemporáneos, los que trabajamos ahora pagamos para las pensiones de nuestros mayores), con los problemas de empleo en Europa, con el progresivo envejecimiento debido al desarrollo de las técnicas sanitarias, etc., es que el porcentaje en pensiones de nuestro país puede pasar en 50 años del 10% al 21%, muy fácilmente. La idea es atraer más contribuciones mediante la inmigración, que haya más personas que aporten. El problema es que la solución es transitoria si los inmigrantes se quedan en nuestro país y finalmente tienen derecho a una pensión. Porque lo que aportan hoy, si en el futuro aumenta la masa de pensionistas, y si hay algún tipo de actualización de equilibrio actuarial incluso en un sistema de reparto entre lo que uno pone y lo que uno saca, pues lo que están poniendo ahora los inmigrantes lo sacarán luego cuando se jubilen. Aunque es una solución transitoria, si los inmigrantes mantienen tasas de fecundidad altas, el problema se podría ir sosteniendo, porque los hijos de los inmigrantes pagarán las pensiones de los inmigrantes cuando se hagan mayores. Se puede ir suavizando. De todas maneras, en EE.UU., por ejemplo, se han hecho cálculos del tipo de inmigrantes que se necesitarían y la solución al problema de las pensiones, que consistiría en subir ya cuatro puntos las contribuciones a la seguridad social de empresarios y trabajadores. Esto equilibraría el problema en EE.UU. La pregunta es ¿qué tipo de inmigrantes tenemos que atraer para evitar esa subida de cuatro puntos? Recuerden que al principio de la charla les dije que el flujo de inmigrantes es de 1 millón de personas al año aproximadamente en EE.UU. Lo que necesitaríamos sería 1,6 millones de inmigrantes de edades comprendidas entre 40 y 44 años, con educación superior, sin hijos (los hijos cuestan dinero al sistema de bienestar) y con la tasa de retorno que tienen actualmente (que no se redujera), que no se quedaran aquí y cobraran su pensión. Solamente el 12% de los inmigrantes que llegan ahora a EE.UU. tienen esas características. Éstas son las soluciones duraderas, las que evitan el problema, las otras son soluciones transitorias. Aun así, transitoriamente, con cuotas anuales de alrededor de 100.000 personas en España podría reducirse el aumento de lo que tendremos que pagar en algún momento para compensar, financiar, equilibrar el sistema de pensiones. Se reduciría ese aumento del 29% al 17%, si llegaran 100.000 personas cada año. Durante algún periodo, en algún momento, tendríamos que parar. Por lo tanto, el mensaje básico es que la inmigración es un alivio transitorio, no muy importante, a la crisis del sistema de pensiones. La crisis del sistema de pensiones se soluciona aumentando las tasas de empleo, es la única manera de hacerlo.

 

Tres tipos de inmigración

Por último, quiero hacer una especie de conclusiones. He dicho que había tres tipos de inmigración: la inmigración económica (las personas que vienen a trabajar), la inmigración por reunificación familiar (familiares de los que ya han emigrado se reúnen con ellos) y la inmigración por asilo político, refugiados. Hay mucha variabilidad. En el caso de EE.UU., la mayoría de inmigración, el 80%, es por reunificación familiar, el 10% es por trabajadores y otro 10% es por refugiados. En otros países, por ejemplo, los países nórdicos, el porcentaje de refugiados es mucho más alto. En Suecia, el 20% de los inmigrantes son refugiados, el 77% de reunificación familiar y el 3% para trabajar. ¿Cuáles son los retos? Básicamente son dos. El primero es cómo controlamos los flujos. Sabemos que son positivos, pero hay efectos negativos sobre la distribución de ganancias entre unos grupos de la población y otros. Y, en segundo lugar, cómo integramos a los que ya están, a los inmigrantes clandestinos, qué hacemos con ellos. ¿Hay que echarlos? ¿Ésta es la solución? O, ¿hay que tratar de asimilarlos? Todo tiene sus pros y sus contras. Las amnistías tienen un efecto de llamada. Éstas son las preguntas que intento contestar desde un punto de vista de mis opiniones personales, basadas en la evidencia que les he comentado hasta ahora.

 

Apuntes de solución

En cuanto a políticas, la idea fundamental es que si queremos beneficiar tanto al país de destino cómo al país de origen necesitamos políticas temporales, no podemos quitar al país de destino sus mejores ciudadanos permanentemente. Entonces mi opinión es que los visados deben tener un carácter temporal. La idea básica es que le demos suficiente tiempo al inmigrante para integrarse dentro de la sociedad receptora, pero de alguna manera hay que forzar, no obligatoriamente, pero sí incentivar, a que el inmigrante vuelva a integrarse en su sociedad de origen, enriqueciéndola con la mejora del capital humano que ha tenido durante el proceso de inmigración.

En segundo lugar, aunque nos parezca un poco complicado desde el punto de vista moral, tenemos que ser un poco más selectivos, fundamentalmente por esos fenómenos redistributivos que se producen en las sociedades de acogida. No podemos abrir las puertas a cualquier tipo de inmigrante sino que debemos tener una cierta ordenación del tráfico. Los costes de esta combinación de temporalidad y selectividad: es obvio que la temporalidad tiene graves contradicciones con la integración. Si tengo un permiso de un año, no tengo ningún incentivo para integrarme en la sociedad española. Entonces, hay un choque entre temporalidad y selección.

En tercer lugar, existe otro aspecto y es que las políticas muy restrictivas tienen un efecto muy negativo para el retorno. Si he entrado en este país ilegalmente y sé que la posibilidad de volver a entrar es muy pequeña porque tienen una política muy restrictiva, una legislación muy dura, hago lo imposible por quedarme. Y la evidencia histórica la vemos, por ejemplo, en EE.UU., con los programas que tenían de visados temporales, lo que llamaban el “Programa de los Braceros”, con México. Cuando la legislación es laxa en cuanto a las exigencias a la inmigración legal, hay un montón de emigraciones de retorno, los inmigrantes no tienen ningún problema en volver a su país de origen y volver otra vez, después, si lo necesitan, a su país de destino. Una política muy dura, restrictiva, incentiva la inmigración ilegal. Por eso mi idea básica es que esa temporalidad no puede ser muy corta, porque no integramos a los inmigrantes, pero tampoco muy restrictiva porque aumenta mucho la inmigración ilegal, que son los que tienen características más negativas para los trabajadores nativos, porque compiten ilegalmente con ellos. Lo que necesitaríamos serían visados con permisos largos. Y voy a dar cómo cifra cinco años, que permitieran al trabajador primero un tiempo de búsqueda de trabajo. Leemos que este año las cuotas de trabajadores han sido un fracaso. Pues, obviamente son un fracaso porque la persona que necesite un trabajador mañana no se puede meter en un proceso administrativo de ver las características, que lo apruebe el Ministerio de Interior, la Delegación de Inmigración, que tardan 180 días, entonces no lo pide directamente. Tienen que ser períodos largos que no vayan asociados al principio a un trabajo, que el inmigrante pueda buscar trabajo (y se le da un periodo hasta 5 años). También implica, obviamente, para reducir los costes de bienestar, que durante un periodo inicial no tuviera derecho a recibir las prestaciones del sistema de bienestar (6 o 7 meses), hasta que encontrara el primer trabajo. Esta idea de una temporalidad limitada pero suficientemente larga y unas ciertas restricciones al principio serían suficientemente beneficiosas. Las políticas de contratación temporal tendrían períodos de estancia largos.

Una idea para incentivar la vuelta, la salida, al acabar estos cinco años, sería que los inmigrantes o las empresas que los contrataran, hicieran un depósito. Piensen ustedes en cuando hacen un alquiler, hacen un depósito con el dueño de la casa que se les devuelve cuando se acaba el contrato. Se supone que sirve para pagar determinados desperfectos, la idea sería la misma. Si un inmigrante marroquí está pagando 3.000 dólares para cruzar el estrecho de mala manera, pues perfectamente a la empresa o al trabajador le podríamos pedir que pagara un depósito de 1.000 dólares que se le devolvería, posiblemente con los intereses acumulados, al acabar su periodo de visado. De tal manera que hubiera un incentivo: si la persona se queda pierde esa cantidad. Tendría que ser una cantidad relativamente importante pero menor que lo que se está pagando por los costes de la inmigración. Las políticas selectivas son políticas de puntos, de cuotas, de subastas, etc.

¿Políticas coordinadas? En Europa es un desastre porque desde que tenemos el sistema de Schengen no hay una política de fronteras coordinada y, por ejemplo, la mayoría de los latinoamericanos que vienen a España entran por Amsterdam y la policía holandesa sabe que van a venir a España y entonces no tienen ningún incentivo a pedirles cuál es su verdadera intención. Entonces hay una falta de coordinación enorme a nivel europeo que no se arregla, cómo digo, con políticas restrictivas.

En cuanto a qué hacer con los que ya están, pienso que no tiene ningún sentido echarlos si estas personas tienen un trabajo en estos momentos y están contribuyendo con sus impuestos en el mantenimiento del Estado de bienestar. Sería muy partidario de una legalización de aquellos que están con papeles encubiertos, es decir, trabajando y pagando cotizaciones. Éstas serían las prescripciones que haría .


 

Juan José Dolado.
Profesor del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid.

Este artículo es la transcripción de la ponencia desarrollada por el autor en el encuentro “La participación de la sociedad en el Estado de bienestar del siglo XXI”, organizado por el “Forum Europa” los días 19, 20 y 21 de marzo del 2003 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y patrocinado por la Diputación de Barcelona.