Futuro joven

Ian Carbó

El pasado 26 de febrero el Instituto Nacional de Estadística (INE) hacía públicos los resultados sobre la evolución del empleo en España. Por primera vez en la historia la tasa de paro alcanzó el 27.2%, lo que significa que la cifra de desempleados es de 6.2 millones de personas. Si estos datos pueden ser desesperanzadores, las cifras de paro entre los jóvenes resultan aún más descorazonadoras. Entre los menores de 25 años en condiciones de trabajar, la tasa de paro se eleva hasta el 57.2%, una circunstancia sin precedentes y de perspectivas poco alentadoras.

Ante tal situación, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social desarrolló un plan para favorecer la inserción de los jóvenes al mercado de trabajo y mejorar su actual situación dentro del ámbito laboral. El plan, diseñado junto a los sindicatos CCOO y UGT y las patronales CEOE y CEPYME cuenta con 100 medidas para combatir el desempleo. Bajo el nombre de “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven” se proponen algunas medidas de corto alcance, con efecto inmediato mientras que otras, enfocadas a una eventual mejora de la productividad son disposiciones con efectos a medio-­‐largo plazo.
Se desconoce aún el alcance que van a tener esas medidas si bien sería acertado que lograsen combatir los problemas de fondo del empleo juvenil y no convertirse en un mero parche como otras tantas medidas adoptadas por el ejecutivo español.

Hacíamos referencia anteriormente a unos problemas estructurales en la situación de muchos jóvenes en relación al mercado laboral. A grandes rasgos, uno de los problemas que tiene el Estado español en materia de empleo es consecuencia del menor gasto en educación que los países vecinos de la Unión Europea. Este hecho acaba traduciéndose en un fracaso escolar muy por encima de la media de la UE y en un retroceso en los niveles de convergencia de capital humano respecto a Europa. Preocupante es que España no cuente con ninguna universidad entre las 150 primeras en los rankings de universidades internacionales. Algunos discutirán de la validez de las clasificaciones y de los varemos utilizados pero ciertamente, resulta desconcertantes como España, una de las quince primeras economías mundiales carece de universidades al nivel de otros países con un PIB significativamente inferior. Si entendemos la universidad como la cima del conocimiento y la puerta del mercado laboral y somos objetivos, empezamos a entender el porqué de la situación laboral de tantos jóvenes.

Más allá de los problemas de la educación superior, también la educación básica parece presentar algunas dificultades siendo el conocimiento de idiomas la más grave de ellas. ¿Cómo se puede entender que después de estudiar inglés durante 10 años, un alumno acabe su educación sin apenas hablarlo? Este hecho impide que muchos jóvenes, pese a las pobres expectativas de trabajo en territorio nacional tengan las posibilidad de probar suerte en el extranjero. Y después, aquellos “afortunados” que logran salir son alabados por la ministra Báñez en lo que se presenta como un éxito de “movilidad exterior”.
Ya fuera del ámbito educativo, otro impedimento que tienen los jóvenes a la hora de encontrar trabajo es intrínseco del mercado laboral español. Por todos es conocida la rigidez salarial y dualidad de éste. Una dualidad que significa que, ante una recesión se despida a los trabajadores más jóvenes para evitar despidos costosos y que, junto a la rigidez salarial dificulte mucho la estabilidad de aquellos trabajadores en busca de una oportunidad.

La reforma laboral aprobada en Febrero de 2012 pretendía alterar el paradigma del mercado de trabajo español y acercar la situación de empleo al de otros países de la unión europeo mediante facilidades en la contratación, la potenciación de contratos indefinidos y otras decisiones que han demostrado ser del todo ineficaces.

En cuanto a la rigidez de salarios se refiere, la teoría económica nos dice que ante una caída de la renta generalizada, los salarios acaban retrocediendo. ¿Qué pasa si esto no se da? Si un empresario vendía 100 artículos y ahora vende sólo 50 se enfrenta a una disyuntiva para sobrevivir. O bien baja el sueldo a sus trabajadores, o despide a la mitad de su plantilla. Si la primera opción, dadas unas circunstancias concretas no es posible, el ajuste se dará por el aumento de paro.

En este modesto análisis de la situación laboral de los jóvenes españoles no hay que olvidar la coyuntura histórica. La historia del capitalismo es una historia de vaivenes y oscilaciones en la que se suceden distintos ciclos económicos. Durante las últimas cinco décadas, des de que España adoptara el sistema económico capitalista se han vivido varios periodos de crisis globales siendo los más significativos la década entre 1975 y 1985 y la de principios de los años noventa. La observación de datos históricos nos permite comprobar como en ambas ocasiones la destrucción de empleo en España fue mucho más acusada que en otras regiones. Resulta evidente que la historia no puede servir como justificante pues ésta descansa sobre unos pilares estructurales. Parecen ser estos precisamente los responsables de que la tasa de ocupación en España sido históricamente inferior a la de los países de la OCDE.

Unos pilares-­‐ a los que nos referíamos con anterioridad-­‐ que necesitan ser reconstruidos si España quiere crecer de forma estable y sostenida en el futuro. La reconstrucción pasa por una mejora de la competitividad (mayor gasto en educación a todos los niveles) y por un cambio en la legislación que tenga efectos reales sobre el desempleo estructural (rebajar la tasa de temporalidad y los parados de larga duración) y sobretodo, que pueda revertir la rigidez y la dualidad del mercado de trabajo nacional.

Las perspectivas de crecimiento para la economía española son pobres. En el cuadro macroeconómico que presentó el Ministerio de Economía el día 28 de abril no se observa crecimiento hasta 2014, y será un crecimiento leve del que se teme, no vaya a generar todavía oferta de trabajo.

Nos encontramos pues, ante un escenario desolador y del cual la única aportación positiva que podemos sacar es esperar que la situación sirva para motivar las reformas estructurales que verdaderamente se necesitan en materia laboral y que permitan una convergencia real con la Unión Europea una vez se invierta la situación y se recupere la senda del crecimiento.



 

Ian Carbo
Estudiante de Economía, Universidad de Barcelona

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