Citilabs: ¿Qué pueden ser los laboratorios ciudadanos?

Artur Serra

La crisis económica actual, con tasas del 20% de paro en sociedades como la española, pone sobre la mesa el denominado “cambio del modelo económico”. Hay un consenso general según el cual se trata de ir hacia una economía que aporte más valor, mediante la mayor capacitación del factor humano, un aumento de la I+D+i y mejores y más avanzadas infraestructuras.

¿Como se puede dar este salto adelante? ¿Qué cambios se tienen que introducir en la políticas publicas para que estas adquieran más eficacia para resolver la crisis? En particular nos centraremos en un nuevo enfoque en las políticas publicas relativas a las nuevas tecnologías y la sociedad del conocimiento, dado que en principio caminamos hacia una mayor digitalización tanto de la economía como de la sociedad.

 

Sociedades de innovación

Hasta ahora las políticas de sociedad digital se han impulsado a partir de las decisiones de altos cargos dentro de un Ministerio especializado en el tema, por ejemplo las Secretarías de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información. En el caso europeo, se trata del Commissioner of ICT and Media. A su vez, las TIC han conseguido ser consideradas como un sector industrial más, como el automóvil o la construcción. Y su modelo de I+D+i se cree que sigue las mismas pautas que los modelos de innovación tradicionales, es decir, un modelo de Triple Hélice donde las universidades, las grandes empresas y la Administración gestionan las grandes líneas de I+D+i cuyos resultados volcaban al mercado en forma de productos y servicios consumibles. Pero puede que no sea así.

La actual crisis hace ver más clara si cabe la debilidad de dichas políticas informacionales y ofrecen la posibilidad de un cambio.

En este articulo proponemos dar un nuevo enfoque a políticas publicas en el ámbito digital a partir de lo que ya está pasando en la sociedad-red. Y, ¿qué está pasando? Pues, en primer lugar, una mayor implicación del conjunto de actores sociales y muy en particular del conjunto de ciudadanos en dichas políticas. Uno de los elementos claves de estas nuevas políticas puede ser la apertura del sistema de I+D+i al gran público. Se trata de considerar al ciudadano como un actor más dentro de dicho sistema, en la línea de los servicios de la Web 2.0 (Wikipedia, blogsfera, redes sociales,...). Dicho enfoque implica modelos de I+D+i abiertos, siguiendo el camino iniciado por la European Network of Living Labs y yendo hacia una implicación de las ciudades en dichas políticas.

Finalmente, una toma de decisiones en el ámbito político más abierta al consenso con el conjunto de departamentos ministeriales y al parternariado con el conjunto de actores económicos y sociales , dejando atrás las viejas prácticas cerradas y sectarias.

En resumen, se trata de abrir paso al desarrollo de sociedades de innovación.

 

Laboratorios ciudadanos

En noviembre de 2007 se inauguró, en Cornellà de Llobregat, Citilab, el primer laboratorio ciudadano europeo. Se trata de un proyecto iniciado al calor del Primer Congreso Mundial de Redes Ciudadanas celebrado en Barcelona del 2 al 4 de noviembre de 2000. Dicho congreso reunió a los representantes más destacados de todo el mundo en “community networks” y telecentros. La preocupación principal en aquel momento era reducir la brecha digital con políticas activas de alfabetización digital y de dar acceso a los ciudadanos al mundo Internet. Fue el final de varias décadas iniciadas por los Community Technology Centers de Tonia Stone en Harlem en los 80s, seguidas por Tom Grunder y el Cleveland Free-Net iniciando el movimiento de las community networking de principios de los 90 y culminadas por el movimiento de telecentros en todo el mundo.

El siguiente paso ya sería otro. ¿Podrían los propios ciudadanos no solamente ser usuarios de la red sino sus propios constructores?

La propia arquitectura de Internet permite avanzar en este sentido. Uno de los principios fundamentales de la red es el principio de la comunicación extremo a extremo (“end-to-end principle”) según el cual la comunicación de la red depende de los propios usuarios. Esta arquitectura distribuida ha servido para la explosión de contenidos y servicios de la Web 2.0. Servicios como Wikipedia demuestran que la creación de contenidos de calidad pueden realizarla los propios ciudadanos. Como indica von Hippel del MIT, la innovación se está democratizando1. ¿Podrían ser los propios ciudadanos con su actividad innovadora los protagonistas de la era digital? ¿Podría la sociedad-red ser al mismo tiempo una sociedad-innovadora? ¿Qué centros, qué instituciones puede hacer realidad estas hipótesis?

Los laboratorios ciudadanos intentan ser una respuesta. Se trata de combinar la antigua idea de “collaboratory”2 lanzada en los años 90s en ámbitos académicos, o laboratorios virtuales donde los científicos de cualquier materia y lugar colaboran en red, con también la antigua idea de las redes ciudadanas, donde los ciudadanos colaboramos en el ámbito digital para infinidad de usos y que en esta década han vuelto a popularizar las redes sociales.

Los laboratorios ciudadanos son un nuevo artefacto social para posibilitar una apertura de los sistemas de I+D+i incluyendo los propios usuarios. En la misma línea que los denominados Living Labs, pero a diferencia de éstos, que provienen más de las propias universidades o empresas, los citilabs nacerían de la propia actividad e intereses ciudadanos. Su dinámica de construcción sería de abajo arriba, de extremo a extremo, de ciudadano a ciudadano, incluyendo de por medio el apoyo necesario de universidades, empresas y administraciones públicas.

Los citilabs serían los nuevos espacios virtuales, y también físicos, donde el ciudadano no se considera tan sólo un usuario de la tecnología, sino un actor principal en su creación y en el propio desarrollo de la sociedad del conocimiento.

En España, la crisis del modelo económico basado en el negocio inmobiliario y en el del turismo parece que está animando al mundo municipal a buscar otras alternativas basadas en la innovación, la formación y las infraestructuras digitales. Es desde ese mundo local de medios y pequeños municipios de donde están surgiendo los primeros laboratorios ciudadanos. Van apareciendo en la periferia de las grandes ciudades, en municipios donde la conexión gobierno local-ciudadano es más próxima que en aquellas y donde Internet muestra un efecto más directo. Hasta ahora se ha hablado mucho de las PYMES, como motor del desarrollo económico, a partir de ahora podríamos empezar a hablar de los PYMMs, pequeños y medianos municipios, como un elemento clave en el nuevo sistema económico y de innovación europeo, y conectados en sistemas regionales más amplios. Pero veamos el caso de Cornellà.

 

Can Suris: De Fábrica Textil a Laboratorio Ciudadano

La antigua fábrica textil Can Suris en Cornellà de Llobregat, reunía las características adecuadas para convertirse en un primer prototipo de estos laboratorios ciudadanos. Es importante ir creando instituciones, que no sólo hagan avanzar la sociedad digital, sino que su propia configuración física simbolice estos nuevos espacios urbanos.

Como informaba la web del CEIP Suris: “La fábrica Fontanals i Suris, una de las más importantes de la industria textil local, fue construida en el año 1897 partiendo de la estética del primer modernismo. La fábrica dejó de funcionar en los años sesenta”. http://www.xtec.es/centres/a8037978/

Las fábricas modernistas fueron una expresión cultural culminante de aquella clase empresarial catalana, que hizo de este país la “fábrica de España” y el espejo de las vanguardias artísticas de la época. Artes e industrias iban de la mano. Aquella Catalunya industrial pugna ahora por convertirse en una Catalunya digital. Pero los actores ya son otros.

El 11 de junio del 2002 se presentaba en el  ayuntamiento de Cornellà el “Documento base para la propuesta de usos y servicios de un centro de innovación Universidad/Ciudad para la Sociedad del Conocimiento”. El nombre que para dicho centro sugería la propuesta era el de Citilab. El  ayuntamiento aprobaba la propuesta y se decidía la constitución de una Fundación sin ánimo de lucro basada en un nuevo tipo de parternariado basado en el propio  ayuntamiento y diversas instituciones públicas (Generalitat de Catalunya, Fundació Catalana per a la Recerca,...), la universidad, las empresas y también el propio sector ciudadano, representado por el director del Instituto Esteve Terrades de FP.

Un primer problema fue la transformación del edificio Can Suris, catalogado como patrimonio cultural de la ciudad. Se debía respetar su estructura original, pero añadiendo los requerimientos de un nuevo edificio digital. Cómo pasar de una fábrica textil a un laboratorio ciudadano ha sido en sí mismo un proyecto de investigación que todavía continúa. Es importante que los nuevos edificios simbolicen la nueva sociedad con un mínimo de dignidad y belleza. Una importante ayuda del Fondo Social Europeo fue dedicada a dicho fin. Inicialmente la propuesta se formuló por el arquitecto Vicens Guallart miembro del colectivo Metàpolis, que había realizado el proyecto Media House. Su lema: “La casa es el ordenador; su estructura, la red”.  http://www.metapolis.com

Finalmente la reforma tuvo que atenerse a las características de patrimonio cultural de dicho centro, que obligaba a la conservación de las características históricas de la fábrica. Tras más de 5 años de una lenta y penosa reforma, los resultados, según los propios ciudadanos, han sido más que satisfactorios. Al tiempo que se ha preservado lo esencial del edificio, se ha conectado a las redes académicas de Internet avanzado, como i2cat y la propia Anella Cientifica. También tiempo, Citilab está conectado a la Anella Cultural, una nueva infraestructura de red digital que conecta con grandes instalaciones culturales de Barcelona (El Liceu, CCCB, El Mercat de les Flors,...) con teatros y centros municipales de las principales ciudades de Catalunya. Simultáneamente, se le ha dotado de platós con croma y equipamiento de HD, que permite que Citilab sea el primer equipamiento ciudadano preparado para la denominada Internet del Futuro.

En la planta baja, se organizan actividades diarias para el gran público basadas con un acceso a Internet en banda ancha. Citilab tiene en estos momentos más de 3.000 miembros registrados de una población de algo más de 80.000 habitantes. Todos los días centenares de ciudadanos llenan los espacios. Aparentemente, es un gran telecentro, con una diferencia importante. Como dice Vicens Badenes, su director, le preguntamos a los usuarios: “Y tú, ¿qué quieres hacer?. Si lo sabes hacer tú mismo, adelante. Sino, te ayudamos a hacerlo”. Intentamos partir de los propios intereses y conocimientos de los usuarios para mostrarles, o aprender de ellos, tecnologías que les pueden ayudar a conseguir sus objetivos y entre ambos ir desarrollando nuevos proyectos de innovación de diverso grado.

 

Formación tecnológica para todos

Objetivo inicial de Citilab es la formación tecnológica para todos. Tratamos de enseñar, no sólo las herramientas digitales, sino el conocimiento que hay tras ellas. Cómo se ha llegado a diseñarlas, a programarlas, a construirlas. No enseñamos sólo a usar la tecnología sino a hacer tecnología. Enseñamos programación, construcción de robots, de redes digitales, y todo ello mediante proyectos de investigación e innovación. También enseñamos a gestionar y financiar dichos proyectos. Seguimos la metodología del “project-based learning” pero abierta a cualquier ciudadano que lo desee.

En este sentido enseñamos las TIC como materia en sí misma y como conocimiento que se aplica a muchos otros campos.

En primer lugar, retomamos el antiguo reto de enseñar la programación informática como una alfabetización básica del ciudadano digital, como las matemáticas de la era digital, como una nueva forma de pensar. Elegimos la programación por objetos basada en el lenguaje Smalltak como punto de partida de un conjunto de actividades orientadas a dar al ciudadano herramientas conceptuales y que le ayuden, no sólo a usar la tecnología, sino a diseñarla, a hacerla suya, a dominarla.  http://smalltalk.cat/

Al mismo tiempo, consideramos las TIC como un nuevo tipo de lenguaje aplicable al aprendizaje de otras muchas materias. El proyecto denominado Huerto Digital se dirige justamente a facilitar las nuevas herramientas de la Web 2.0 y otras a los maestros de primaria, secundaria y formación profesional. De nuevo partimos del mismo principio: la escucha. Escuchamos a los profesores acerca de qué materia enseñan, qué problemas tienen en el aula con sus alumnos, qué les interesa enseñar, y les ofrecemos conocimientos sobre cómo las TIC pueden ayudar a su labor docente. Intentamos pasar de la lección al proyecto a partir de un entorno de aprendizaje personalizado. Los primeros resultados con maestros y profesores de los cinco institutos y colegios de Cornellà son prometedores.(Ricardo Torres, Using Web 2.0 Applications As Supporting Tools for Personal Learning Environments. 2009.  http://www.springerlink.com/content/mr7076065928g228/ )

Finalmente, estas nuevas metodologías las estamos empezando a plantear en el ámbito de la propia formación ocupacional. Pensamos que no basta con los actuales cursos de formación ocupacional. Estamos estudiando si la formación por proyectos propia de las TIC junto con los entornos de aprendizaje personalizados pueden servir también a los trabajadores en paro y en busca de nuevas ocupaciones a la creación de nuevos perfiles profesionales, así como para cubrir los existentes. Con sindicatos y empresas, con el Servei Català d'Ocupació, estamos ahora en proceso de transferir estas metodologías innovadoras en los propios procesos de formación ocupacional. Es necesaria una nueva formación ocupacional para empleos emergentes y muchos de ellos pueden nacer de esta metodología que unifica formación-innovación y empleo.

 

Un centro de innovación social

La tecnología que enseñamos en Citilab y que experimentamos no es sólo digital. Es también social.  Enseñamos innovación social y digital a la vez. De la misma forma que existen las ciencias naturales y sociales, lo mismo ocurre con la tecnología. Existe la tecnología-máquina y la tecnología social. A ésta última se la denomina recientemente “innovación social”, nombre muy en boga a partir de la creación de la Office for Social Innovation del nuevo Presidente Barak Obama.

Uno de los proyectos más claros de innovación social y digital es el Seniorlab. Se trata de un proyecto destinado a producir un cambio en la propia identidad de nuestros mayores, en la visión de sí mismos como colectivo social. En las sociedades modernas “mayores”, o “Gent gran” en catalán, son términos asociados a pensionistas, dependientes, enfermos crónicos, y personas con escasa formación y cultura. Justamente Seniorlab nació de la toma de conciencia de que estamos precisamente ante un nuevo hecho histórico: la existencia de generaciones de mayores que por primera vez tienen, en su mayoría, una relativa buena salud, muchas ganas de aprender, de no quedarse atrás en el tema de las nuevas tecnologías, y que al mismo tiempo atienden crecientes responsabilidades sociales como la atención a las generaciones más jóvenes o más viejas. Seniorlab es pues un proyecto, realizado en colaboración con la Universitat de la Gent Gran, para conocer a dicha generación y ver cómo las TIC pueden ayudar al desarrollo de dichas capacidades e intereses.

Parece que se trata de uno de los proyectos pioneros en ofrecer a la generación de nuestros mayores la posibilidad de ser protagonistas de proyectos de innovación en aquellas áreas de su interés, como la memoria histórica y personal, la vida independiente, la propia formación, y la gestión de su entorno. Metodologías que estamos utilizando para dicha innovación social: “action research” y “participatory design”, ambas orientadas a generar conocimiento destinado al cambio social. (Davydd J. Greenwood and Morten Levin, Introduction to Action Research: Social Research for Social Change, 2nd ed. (Thousand Oaks, CA: Sage, 2007). El Seniorlab está dando lugar a la generación del futuro profesional de la dinamización sociocultural de la tercera edad.

Otra de las innovaciones sociales que hemos introducido es el denominado Break-Out, o evento social de nuevo tipo, consistente en abrir las oficinas y los lugares de trabajo al trabajo cooperativo o coworking. Iniciado en Nueva York, Citilab se ha convertido en la primera institución en Europa en su desarrollo y documentación.

Una buena mañana todos los trabajadores y equipos de Citilab salen del edificio y se van a un centro de oficinas (World Trade Center de Cornellà), un transporte público (Tranvía metropolitano) o un centro cívico (Fabra i Coats) y organizan allá sus reuniones o actividades a las que se invita a participar a todos los profesionales o trabajadores allí existentes. Los primeros resultados han sido muy positivos por parte de un público atónito, que primero contempla asombrado a un grupo de trabajadores que, con ordenadores en mano, realizan su rutina diaria de forma distinta, y después empieza a querer participar en el experimento, realizando verdaderas aportaciones sorprendentemente innovadoras. El Break-out está dando lugar a la generación del futuro profesional dedicado a la innovación en los métodos y la organización del trabajo.

 

Nuevos Social Media

Estas innovaciones sociales están siendo documentadas por el laboratorio de social media de Citilab. Los media en red abren realmente la posibilidad a todos y cada uno de los ciudadanos de ser realmente actores en su vida diaria.

La planta superior de Citilab, recientemente inaugurada (diciembre 2009), está destinada a experimentar con dichos media sociales de Internet, así como a la exploración de la cultura tecnológica.

Se trata de construir los nuevos modelos de media de la era Internet a partir de los propios ciudadanos. Un primer proyecto en marcha se denomina Music-Lab. (http://music-lab.ning.com) Propuesto por el músico Sergio Ramos, se trata de demostrar que Internet no es, como se intenta presentar por determinados círculos, un campo abierto a la piratería, sino una plataforma de creación, de formación y artística. Se trata de empezar desde las propias escuelas de música municipales. Si caminamos hacia ciudades cada vez más creativas, como apunta Richard Florida3, hacen falta proyectos y experimentos para ayudar a la joven generación a crear esas nuevas oportunidades. El proyecto Music-Lab ha iniciado las pruebas que permiten a músicos profesionales realizar sesiones pedagógicas con profesores y estudiantes de las escuelas de música tanto de Catalunya como del resto del mundo. Utilizando tecnologías como la multiconferencia desarrollada por i2cat en el proyecto Anella Cultural, y otras como las redes sociales utilizadas por el propio Citilab. Esta institución ha puesto en marcha un proyecto para mejorar substancialmente la formación artística de los jóvenes, materia de difícil desarrollo por falta de recursos en el propio sistema educativo reglado, pero de una importancia crucial para la generación de empleo en una ciudad creativa.

 

Nuevas culturas tecnológicas

Pero los citilabs se enfrentarán, a medida en que se desarrollen, a un reto mucho más difícil: el desarrollo de una cultura de la responsabilidad, de una cultura que unifique tecnología y sociedad. Para ello partimos de la visión de Herbert Simon sobre las Ciencias de lo Artificial4 y el papel de la cultura profesional. Para este autor Premio Nobel de economía 1977 y profesor de CMU, la cultura tecnológica es una cultura del diseño. Se basa en la creación de mundos artificiales, de mundos diseñados por los seres humanos, por profesionales (ingenieros, arquitectos, médicos,...), aquellas personas que disponen de un conocimiento destinado a “diseñar acciones destinadas a cambiar las situaciones actuales por otras preferibles”. Y ello implica responsabilidad, códigos de conducta profesionales. Los citilabs pueden ser ese nuevo tipo de institución dedicada justamente a la formación de este nuevo tipo de profesional de la sociedad del conocimiento que, mediante la innovación, sea un profesional dedicado a facilitar ese cambio social. Uno de los primeros proyectos en este sentido es el ExpoLab, donde pretendemos introducir al ciudadano en el diseño de las propias exposiciones de ciencia y tecnología a partir de su propia vivencia personal. Se trata de ir descubriendo cómo el mundo tecnológico es un mundo humano, hecho por y para humanos.

Más aún, que el propio mundo natural está siendo humanizado pero de forma irresponsable, como si se tratara de un proceso ineluctable, condenado al desastre necesariamente. Por el contrario, la nueva cultura tecnológica lo que comporta es, por primera vez, introducir el concepto de contingencia, de artificialidad, de humanidad, en el hecho tecnológico.

Los nuevos profesionales, al actuar sobre la realidad para cambiarla, pueden ir desarrollando, como los antiguos profesionales o artesanos, un código deontológico, de buenas prácticas. Esta nueva cultura tecnológica comporta una gran responsabilidad, a diferencia de la antigua cultura tecnológica dominada por la necesidad y las pretendidas leyes inexorables de la economía o la historia. En ese sentido, los citilabs podrían tener como objetivo final ser centros de conocimiento de dicha sociedad del conocimiento basada en una cultura de innovación, cooperación y asunción de responsabilidades. 

 

“La Consagración de la Periferia”: Can Suris en el 2023.

No es la primera vez que Can Suris es protagonista de proyectos de cambio radical. En esta misma revista, La Factoría, y en su número 2, de febrero del 1997, Jordi Rocosa y Ramón Montserrat publicaban el artículo “La Consagración de la Periferia” en el que relatan la vida en el Cornellà de Llobregat en del año 2023.  .Según relatan: “Los equipos científicos del INEM (Instituto de Neo-urbanismo y Environment de Malmöe) se hallan instalados, desde hace algo más de un mes, en el Complejo Ciber-Aeroespacial de la Fábrica de Can Suris (FCS) con la finalidad de llevar a cabo una prospección lumínica de este territorio.”

Can Suris es ya, en el 2010, un centro cíber. Aún no sabemos si en un futuro será también un centro aeroespacial. Lo que sí sabemos es que ha llegado el momento de la consagración de la periferia (http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=33), de la sociedad de comunicación de extremo a extremo, de ciudadano a ciudadano.

 

Notas

1. Von Hippel, Democratizing Innovation. 2005. MITPress.

2http://en.wikipedia.org/wiki/Collaboratory

3. Richard Florida. 2009. Ciudades Creativas. Ediciones Paidos

4. H.Simon. Las Ciencias de lo Artificial. A.T.E. 1973. Barcelona. ISBN: 84-85047-10-9



 

Artur Serra.
Director de investigación de Citilab. Cornellà de Llobregat.
artur@ac.upc.es