Cercanía con perspectiva

UNAI SORDO

Atravesamos las secuelas de una profunda crisis económica que llevó aparejada una enorme crisis política y social. Tuvo efectos devastadores sobre el empleo, así como sobre las condiciones laborales y de vida de una parte importante de la población. Las reformas se decretaron de forma inmisericorde en el marco de las conocidas como “políticas de devaluación interna”.

 Huelga general, 29 de marzo de 2012, Madrid. Foto:  Mar Coll del Tarré .

Huelga general, 29 de marzo de 2012, Madrid. Foto: Mar Coll del Tarré.

Esta pérdida de derechos y certidumbres, que se precipitó como un auténtico torrente entre el año 2010 y el 2014, provocó a su vez la citada crisis política y social. Se cuestionan de forma creciente los sistemas de mediación democrática “clásicos” en el plano institucional y los partidos políticos como expresión orgánica de esa mediación entre ciudadanía e institución.

“Se cuestionan de forma creciente los sistemas de mediación democrática clásicos

De alguna manera, también sufre ese cuestionamiento el sindicalismo, al menos en su vertiente representativa. Y esto es un problema muy grave, pues igual que la política democrática es necesaria para la defensa de los intereses de quienes individualmente nada pueden ante los grandes poderes fácticos, el sindicato (la expresión organizada del mundo del trabajo) es clave para defender las condiciones laborales y materiales de la gran mayoría de la población, cuyo bienestar depende fundamentalmente de su trabajo.

Estamos en un momento decisivo. Porque se ha dejado atrás la crisis macroeconómica pero las secuelas de las reformas que se han tomado con la excusa de esa crisis, hacen que la recuperación no lleguen a la mayoría social. Y también porque conviene reforzar la legitimidad social de la acción sindical.

“Las secuelas de las reformas que se han tomado con la excusa de esa crisis, hacen que la recuperación no lleguen a la mayoría social”

No hacerlo no tendría efectos neutros, porque para la ideología neoliberal el mundo del trabajo organizado es prescindible. Puede tolerar un sindicalismo corporativo que canalice las problemáticas variadas que surgen cada día en centenares de miles de centros de trabajo. Pero contempla con simpatía el deterioro de la función sociopolítica de las organizaciones sindicales, tan importantes para disputar la distribución de renta y poder en sociedades complejas.

Para contrarrestar todo esto, CCOO viene trabajando en la necesidad de revitalizar una acción sindical de proximidad a los problemas de la gente, pero que no olvide que los cambios estructurales se dan en ámbitos globales de igual manera.

“CCOO viene trabajando en la necesidad de revitalizar una acción sindical de proximidad a los problemas de la gente”

Esta relación entre lo próximo y lo global es muy importante en un momento en el que se han abierto ciertos espejismos sobre los que conviene reflexionar.

La marea neoliberal de los últimos años, y la victoria del poder económico frente al político/democrático, han instalado una sensación de inutilidad en el marco institucional y representativo. En sentido contrario, aparecen alternativas organizacionales diversas, aparentemente horizontales, más bien reactivas ante un problema y las consecuencias de ese problema. La simpatía que generan y la justicia de muchas de las reivindicaciones hacen que consigan un importante respaldo popular con algunos resultados más que notables ante temas como los desahucios, las pensiones (más en clave de sensibilización que de resultados tangibles) u otros.

“Aparecen alternativas organizacionales diversas, aparentemente horizontales, más bien reactivas ante un problema y las consecuencias de ese problema”

Sin embargo, no debemos olvidar que el proceso de empobrecimiento de una parte importante de la población, la desigualdad y la ruptura de expectativas de una llamada “clase media aspiracional”, se ha dado a través de reformas estructurales en la forma de distribución de renta y poder. En definitiva, en la determinación de las condiciones de vida de la mayoría social.

El sindicalismo que representa CCOO, tiene un papel central en la encrucijada a la que hoy se enfrenta la mayoría trabajadora. Somos una organización “para organizar” a la clase trabajadora; tenemos un papel representativo obtenido en el proceso democrático de las elecciones sindicales; nos movemos diariamente en la cotidianidad del problema de la gente en el mundo del trabajo.

Organización, representación, cotidianidad en la solución de problemas. En el equilibrio entre esas funciones nos movemos. Queremos reforzar nuestra vertiente organizativa para estar más cerca de los problemas de la clase trabajadora. En primer lugar, en el centro de trabajo y, en segundo lugar, en su entorno territorial, porque ahí también se juega una parte fundamental de sus condiciones de vida.

“Queremos reforzar nuestra vertiente organizativa para estar más cerca de los problemas de la clase trabajadora”

Para ello hemos canalizado nuestros recursos sindicales de forma prioritaria a tener una presencia lo más cotidiana posible en los centros de trabajo. También es necesario acercar aquella parte del sindicato más estructurada (secciones sindicales de grandes o medianas empresas) al tejido de empresas en red, suministradoras, subcontratas… donde demasiadas veces la precariedad laboral y la explotación campa a sus anchas.

“Es necesario acercar aquella parte del sindicato más estructurada al tejido de empresas en red, suministradoras, subcontratas…”

Poner lo fuerte a disposición de lo precarizado; o como decíamos en nuestro último congreso: “lo que la empresa ha desintegrado, intégrelo el sindicato”. Somos conscientes que donde el sindicato está, es útil y es percibido como tal. Seguimos contando con aproximadamente un millón de personas afiliadas, y más de noventa y siete mil delegados y delegadas en decenas de miles de empresa por toda España. En Catalunya (también en el Baix Llobregat) después de más de cuarenta años ininterrumpidos, seguimos siendo primera fuerza sindical, así como primera organización social por afiliación organizada.

“Lo que la empresa ha desintegrado, intégrelo el sindicato”

Pero esta apuesta por la proximidad, por ganar legitimidad donde ante los problemas de la gente únicamente está el sindicato, no nos puede llevar a perder perspectiva: el para qué estamos, para qué afiliamos, para qué organizamos. Y es para transformar la sociedad. Las relaciones de dominación y explotación, las desigualdades. Para democratizar la economía y la empresa, ese habitual reducto a la participación que siguen siendo muchos centros de trabajo en este país. Por eso, la vertiente representativa del sindicato, la capacidad de construir marcos de derechos colectivos en la empresa, pero también fuera de la empresa es tan determinante. De poco sirve subir los salarios un 4% si no tenemos servicios públicos para atender la enfermedad, la dependencia. Si de ese salario nos tenemos que capitalizar una futura pensión o abonar un copago farmacéutico o un precio de la luz desproporcionado.

“De poco sirve subir los salarios un 4% si no tenemos servicios públicos para atender la enfermedad, la dependencia”

Por eso seguimos apostando por nuestra vertiente sectorial y territorial. Laboral y sociopolítica. Desde la viruta del centro de trabajo hasta la interlocución con la Presidencia de Gobierno.

Unai Sordo.

Secretario General de Comisiones Obreras (CCOO).