El amor al servicio de la justicia social

CARLES NAVALES

Maurice Thorez (1900-1964) fue secretario general del Partido Comunista Francés desde 1930 hasta su muerte 34 años más tarde; Jeannette Thorez-Vermeersch (1910-2001) fue elegida y formó parte de la Asamblea Nacional de Francia, primero, y del Senado, después, de 1945 a 1968. “Maurice et Jeannette”, ensayo escrito por Annette Wieviorka (Fayard, 2010), da más alimento a la admiración que, de un tiempo a esta parte, las nuevas generaciones francesas tienen hacia ilustres parejas, tales como Aragón y Elsa, Jean-Paul y Simone o Maurice y Jeannette: el amor al servicio de la literatura, de la filosofía, de la política.

Foto: Unsplash.

Foto: Unsplash.

En España, grandes binomios también los hay, uno de ellos el que durante tantísimos años fue divisa del sindicalismo catalán y, quizá como pocos, representación y símbolo vivo del amor al servicio de la justicia social: Carme Giménez y Ángel Rozas.

Nuestro homenaje a una persona por muchos desconocida: Carme Giménez Tonietti, compañera de Ángel Rozas. Ella nació en Barcelona el año 1919 y nos dejó en septiembre de 2002.

Carme vino al mundo en el barrio de Gràcia. Su padre, un convencido anarquista de los años treinta; pero ella, por esas fechas,  se hizo de las JSUC (Juventudes Socialistas Unificadas de Catalunya). Y, a partir de 1939, se incorporó a un PSUC en proceso de reconstrucción.

Su actividad militante consistía en visitar y ofrecer solidaridad a los presos políticos y a sus familias. Formó parte del grupo de mujeres que dedicaron muchos esfuerzos para poder hacer llegar un paquete de ropa, de comida, el calor de una carta… a los presos, o, simplemente poder visitarlos y hablar con ellos.

Al iniciarse la década de los años sesenta, tuvo vinculación con los grupos de trabajadores que constituyeron aquellas comisiones obreras primigenias, que representaron, para el Régimen del General, una especie de OSNI ("objeto sindical no identificado"), lo que sumó a su actividad en la red de solidaridad con los presos.

Fue torturada en las comisarías franquistas, donde era conocida como "La Italiana". Es entonces cuando ella y Ángel se casan, yendo de viaje de bodas a Burgos para hacer una visita a los compañeros que estaban en aquel Penal.

Con el estado de excepción de 1969, Ángel tuvo que marchar a Francia, ya que tenía varias causas pendientes en el Tribunal de Orden Público (TOP) y su baja estatura lo hacía fácilmente identificable: "Para pasar desapercibido me cambio la raya de sitio, y ya está", dijo él; su sentido del humor merecería un libro de esos que se tienen en pie por sí mismos.

Carme, marcha poco después, y pasaron ocho años en París en un ambiente de máxima austeridad. Allá los dos participaron, con Carlos Elvira y Pedro Cristóbal, en la creación de una especie de embajada oficiosa de ese movimiento de los trabajadores denominado Comisiones Obreras: aquello era la Delegación Exterior de CC.OO. de España.

Volvieron en 1977, tras negarles muchas veces el pasaporte. A partir de entonces continuaron su actividad en CC.OO. de Catalunya, y también en el PSUC e Iniciativa.

Ángel y Carme siempre fueron “el amigo de todos”, de todos los sindicalistas de la lucha contra la dictadura y de los de las nuevas generaciones, lo que les hacía merecedores (¡qué privilegio!) de su arroz con leche: era insuperable y su humanidad todavía más.

Cuando estallan las absurdas polémicas sobre las banderas uno piensa que los verdaderos símbolos son las personas que han creído honestamente en los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad, por eso, en días cómo hoy, afirmo que mi única bandera son esas gentes sencillas como Carme y Ángel, que siempre nos harán tener presente que el combate por la justicia social es la mejor bandera a enarbolar. ¡Ojalá estuviéramos construyendo Europa desde los valores en vez de desde los nacionalismos!



Carles Navales (1952-2011).