Acuerdo Nissan

Isabel Martinez

Para poder explicar y poder comprender el acuerdo alcanzado en Nissan, lo primero que hay que desarrollar es una descripción del escenario global en la que se encuentran las multinacionales del sector del automóvil, así como exponer una descripción del sector en el ámbito europeo para posteriormente describir específicamente la situación de Nissan.

A las multinacionales, aprovechando la protección de la legislación mundial, se les permite el libre movimiento de sus actividades en el conjunto de países del mundo, sin que exista un criterio ético en su utilización. Este criterio debería exigir, independientemente del país, unas medidas reguladores homogéneas de condiciones salariales o sociales. Esta desregulación normativa busca alcanzar los máximos beneficios, con el menor coste social, económico y laboral. Esta ambición desmedida por los beneficios ha llevado a las grandes multinacionales a trasladar sus producciones a aquellos países con menores exigencias sociales hacia su mercado laboral y con mayores ventajas dentro del ámbito fiscal y financiero. Esa falta de obligación por parte de las multinacionales y esa falta de regulación de unos mínimos sociales y laborales a nivel mundial, hacen que el trabajo sea una guerra constante entre los mismos trabajadores por mantener los puestos de trabajo. 
Casos evidentes son cuando las multinacionales independientemente de otros factores, instalan factorías donde las condiciones sociales no llegan a alcanzar unos mínimos de dignidad humanitaria. Los salarios se convierten meros pagos simbólicos que son usados para chantajear a los gobiernos de turno. Cuando esta situación  la trasladamos a Europa, una Europa que quieren hacernos creer que  es la panacea de las condiciones laborales comparada con otros países, se pone de manifiesto  el mismo objetivo de suprimir, dentro de lo posible, los avances sociales y laborales que puede existir entre Europa y en otros países desarrollados.

La falta de una política común, de unos derechos sociales y laborales uniformes en todos los países de la comunidad europea, hacen que la vorágine y el canibalismo de las multinacionales sin ningún tipo de control por parte de los gobiernos, intenten menguar los derechos laborales y sociales de los trabajadores, chantajeando a estos con el traslado de las producciones de un país a otro, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, poniendo en una guerra constante, ya no solo a gobiernos por mantener las plantas, sino a una guerra entre los mismos trabajadores por mantener los puestos de trabajo. En el fondo con esos criterios, con esa permisividad de los gobiernos y con el único fin por parte de las multinacionales de aumentar sus beneficios, se busca el minimizar las condiciones sociales y laborales de los trabajadores, poniendo siempre en tela de juicio la posibilidad de trasladar las producciones de un país a otro.

Es en este momento, cuando ves que los gobiernos no crean unas obligaciones y unos deberes a las multinacionales, proporcionándoles el mas amplio abanico de posibilidades en detrimento de las condiciones de los trabajadores, es cuando sindicalmente se debe actuar dentro de las posibilidades legales y sociales para intentar mantener las mejores condiciones sociales y laborales de los trabajadores, sabiendo que las políticas de los gobiernos están en contra de estas posiciones y sabiendo, también, que alguna de esas decisiones sindicales pueden tener alguna secuela y efecto negativo para otros trabajadores en otros países.

¿Qué políticas efectúan los gobiernos cuando una multinacional amenaza con trasladar su producción a otro país si el gobierno del país al cual puede recaer esa producción no hace nada? ¿No existe ningún tipo de acuerdo entre gobiernos para no aceptar esos chantajes? Pues no, existe la misma guerra encarnizada que entre empresas, el mal de unos es el beneficio de otros. Y es ahí donde los sindicatos dentro de las herramientas que, por desgracia,  los gobiernos nos van mermando debemos luchar. Una lucha que como comentábamos, por desgracia y en el intento de mantener los puestos de trabajo y unas condiciones dignas, en algún otro país estaremos afectando a otros trabajadores.  En España estamos asistiendo a una situación de acoso y derribo de los sindicatos por parte nos sólo del gobierno, sino también de los poderes fácticos que lo apoyan y alientan.

Ante este mapa y centrándonos en Nissan-Renault nos encontramos en una multinacional instaurada con plantas de trabajo en todo el mundo, con plantas de trabajo en los 5 continentes y sobre todo con el mayor numero de plantas de trabajo instaladas en Europa, tanto plantas Renault como plantas Nissan, con capacidades productivas para poder asumir producciones y cualquier modelo.Esa instalación de la mayoría de plantas en Europa con la repercusión de la crisis menguando las producciones, no estando saturadas la  capacidad total de ellas, hacen que la multinacional se plantee solo sobre su criterio, sin tener en consideración posibilidades o alternativas con los gobiernos en posición solidaria, efectuar una restructuración de sus plantas y completar de producciones estas. Es lógico el pensamiento de situar  a la máxima capacidad las plantas, pero seria lógico si se tuviera en cuenta la repercusión social que puede comportar. Eso claramente nos lleva a tener que hablar de cierres de plantas y reestructuraciones de plantilla (despidos). Y esto siempre pasa a un segundo plano, por detrás de los beneficios.

Bajo esta situación tanto global como europea, de multinacional, envuelta por la crisis actual, en Nissan nos encontramos en una negociación en la que la dirección de la empresa pone encima de la mesa la posibilidad de adjudicación de nuevos vehículos para la planta de Barcelona. La contrapartida es recortar mejoras de los trabajadores,  combinándolo con que una negativa  podría dar al traste con las adjudicaciones que afirmaran  un futuro más seguro y, como consecuencia de ello podría darse  a otra planta del grupo a nivel europeo donde la capacidad podría asumirla. Pero no solo ese planteamiento se efectúa en la planta de Barcelona, también ese planteamiento se realiza en otras plantas del grupo en Europa, poniendo frente a frente a los trabajadores en su lucha por un mismo objetivo, conseguir producciones y nuevas fabricaciones. Recortar derechos para ser mas competitivos o la perdida del puesto de trabajo es la moneda de cambio.

Este escenario tan desequilibrado, en el que los gobiernos están chantajeados por las multinacionales, donde no hay un criterio común, donde las herramientas legales cada vez son más endebles y donde la posibilidad de la pérdida de puestos de trabajo y futuro puede ser real, es en el que nos encontramos en la negociación de Nissan y es ahí donde desde MCA-UGT Catalunya hemos buscado el equilibrio de negociación y acuerdo. Un equilibrio, que  como es lógico es opinable. La valoración que hacemos desde MCA-UGT Catalunya es positiva. Positiva por cuanto se consolida el mantenimiento de los puestos de trabajo, las producciones y la adjudicación de un nuevo modelo.  MCA-UGT Catalunya luchara por recuperar el posible espacio perdido.

Las condiciones genéricas del acuerdo han pasado por un aumento de la jornada efectiva, un nuevo salario para las nuevas contrataciones, un marco de flexibilidad más amplio, la contratación en el futuro de trabajadores para el nuevo vehículo, una consolidación de la plantilla indefinida en el futuro, una consolidación de las cargas de trabajo y, por último, pero no menos importante, la adjudicación de un nuevo modelo. Es un acuerdo positivo: sí. Es el acuerdo que hubiera gustado completamente: no. Pero entendemos, desde MCA-UGT Catalunya, que hemos buscando el equilibrio, con el  riesgo externo, que existía. Con ello hemos consolidado el futuro. Entendemos desde MCA-UGT Catalunya que se trata de un acuerdo positivo, pero ya no solo para los trabajadores de Nissan (unos 3200 en el futuro), sino para todo el tejido industrial y de 1500 trabajadores de empresas auxiliares que trabajan para Nissan.



 

Isabel Martinez
Secretaria General MCA-UGT