26M: Las elecciones de la reacción y el pacto ante la confusión

JOSÉ MONTILLA

Dentro de unos pocos meses, el 26 de mayo, tenemos una cita importante con las urnas. Celebraremos, en Catalunya y en el conjunto de España, elecciones municipales y, al mismo tiempo, elecciones al Parlamento Europeo. En otras partes de España las habrá, también, para elegir los correspondientes parlamentos autonómicos.

Foto: Patrick Hendry.

Foto: Patrick Hendry.

No descubro nada si afirmo que estas elecciones van a celebrarse en unos de los momentos más confusos y difíciles de la aún tierna vida democrática española. Es complicado, por no decir imposible, prever lo que pueda ocurrir entre ahora mismo y esa fecha en Catalunya. Es evidente que esas elecciones se celebrarán en un contexto muy condicionado por decisiones que poco tienen que ver con el balance de los gobiernos municipales salientes, con la satisfacción o desaprobación con la que los ciudadanos evalúan una determinada acción de gobierno, con el desarrollo económico, cultural o social de nuestros pueblos y ciudades o con las expectativas ofrecidas por las distintas candidaturas en sus respectivos programas electorales.

“Estas elecciones van a celebrarse en unos de los momentos más confusos y difíciles de la aún tierna vida democrática española”

¿Habrá Presupuestos Generales del Estado para 2019? ¿Tendrá continuidad el gobierno del presidente Sánchez? ¿Cómo afectará al ambiente ciudadano el desarrollo del juicio contra los dirigentes independentistas?

Y es igualmente obvio que el panorama de las ofertas políticas, de sus alianzas y de sus mensajes aparece también confuso. De hecho, al escribir este artículo se desconoce cómo van a conformarse las candidaturas municipales. Únicamente el PSC ha explicitado su oferta electoral y su voluntad de concurrir con sus siglas a los comicios.

“El panorama de las ofertas políticas, de sus alianzas y de sus mensajes aparece también confuso”

¿En qué situación concurrirá la amalgama de los “Comuns-Podem-Guanyem” en Barcelona y en los distintos municipios metropolitanos? ¿Habrá acuerdos electorales en el espacio del nuevo triunvirato de las derechas (PP, Vox, Ciudadanos)? ¿Cómo concurrirá el espacio independentista a esos comicios? ¿Qué será de los herederos de CDC: existirá el PDCat, será absorbido por La Crida, acordarán estrategia y objetivos con los de ERC…?

Precisamente, por lo complejo de la situación me parece oportuno compartir algunas reflexiones desde la tribuna que me ofrece La Factoría.

En primer lugar, sin darle a ello más valor del que tiene, creo necesario recordar lo que significaron las elecciones municipales hace ahora 40 años. Ya sé que el tiempo pasa volando y que a los nuevos conciudadanos que no vivieron esa época les pueden traer al pairo los méritos de los que hicieron posible la transición y los avances que todos obtuvimos. Pero sin hacer alarde de ningún tipo de nostalgia, debemos recordar que entonces todo estaba por hacer y mucho se hizo. Lo más importante, en un territorio como nuestro Baix Llobregat: se devolvió la dignidad a nuestras poblaciones que ya nunca más han aceptado ser ciudades de segunda clase. En estos cuarenta años de recuperación del orgullo de vivir en democracia hemos aprendido a luchar por unos servicios públicos dignos a través de las políticas locales, vigilando día a día el quehacer de nuestros ediles y resolviendo los problemas, sean viejos o nuevos, del único modo que se pueden resolver: a través de eso que aprendimos de la mejor tradición sindical, es decir de la negociación y el pacto.

“en un territorio como nuestro Baix Llobregat: se devolvió la dignidad a nuestras poblaciones que ya nunca más han aceptado ser ciudades de segunda clase”

En segundo lugar, y precisamente para poner en valor lo ya conseguido, debemos exigir que las elecciones locales sirvan para discutir sobre los problemas concretos de nuestras ciudades. Creo que debemos ser especialmente beligerantes ante todos aquellos que quieren utilizar esos comicios no para proponer las mejoras que necesita la vida cotidiana de nuestros pueblos y ciudades, sino para utilizarlos en un combate político que nada tiene que ver con las necesidades de nuestra comunidad más inmediata. Las elecciones locales no son una nueva pantalla del “procés” ni el terreno en el que dirimir las controversias sobre la organización territorial de España.

“Las elecciones locales no son una nueva pantalla del “procés” ni el terreno en el que dirimir las controversias sobre la organización territorial de España”

En tercer lugar, necesitamos que del resultado de esas elecciones se desprenda un compromiso claro y diáfano con la igualdad y la justicia social. Llevamos años de retroceso en los servicios públicos más esenciales como consecuencia de una crisis que ha dejado muchas heridas. Sus consecuencias no han sido homogéneas, en absoluto. La crisis ha golpeado con más fuerza a unos que a otros. Y no parece aceptable que cuando llega un nuevo periodo de reactivación económica esta no se use para recuperar al menos parte del terreno perdido. Por eso conviene que las elecciones municipales de mayo otorguen la confianza a los que se comprometan con las reformas sociales que tanto necesitamos.

“Llevamos años de retroceso en los servicios públicos más esenciales”

El 26 de mayo se dirime, también, la composición del Parlamento Europeo. A pesar de todas sus deficiencias, el proyecto europeo sigue siendo la mayor y mejor esperanza para el viejo continente. No debemos ocultarlas ni pasar por alto la difícil situación que atraviesa el proyecto europeo por los múltiples problemas que lo acechan. Problemas derivados del Brexit, de las tensiones relacionadas con la inmigración, de la presión de los distintos populismos que alimentan caminos contrarios al proyecto… todo ello lleva a buena parte de la opinión pública a desdeñar la importancia y la utilidad de la Unión Europea para la mejora de nuestras sociedades. Conviene no olvidar que, a pesar de todos los pesares, esta reciente crisis económica, que ha tenido un alcance global, habría comportado costes mayores para todos nosotros si la Unión no hubiera existido.

“Esta reciente crisis económica (…) habría comportado costes mayores para todos nosotros si la Unión (Europea) no hubiera existido”

A la vista del crecimiento de las voces euroescépticas, de las que por cierto también participan nuestros particulares populismos, conviene reaccionar.

“Lo que ahora necesitamos no es menos sino más y mejor Europa”

Europa está en una auténtica encrucijada ante la que debemos optar: menos Unión, más renacionalización de las políticas, menos “gobierno europeo” o, como defendemos los socialistas y progresistas europeos, más integración de las políticas, mayor presupuesto común y mejor desarrollo federal del proyecto. Y es que lo que ahora necesitamos no es menos sino más y mejor Europa. Necesitamos que los tímidos avances conseguidos en estos últimos años se consoliden y den paso a un nuevo periodo de madurez de la Unión, en beneficio de los ciudadanos y ciudadanas de esta vieja Europa que sigue siendo un puntal de la defensa del estado del bienestar en todo el mundo.

 

José Montilla

Expresident de la Generalitat de Catalunya y senador del PSC.