Brasil: la política social del gobierno

Tarso Genro

Para hablar de las políticas sociales estratégicas del gobierno del presidente Lula es necesario que nombremos algo del proceso político de mi país. Porque no haremos comprensible la naturaleza del gobierno del presidente Lula, la relación de fuerzas que se hace en la política en Brasil, la extensión del frente político que ofrece sustentación a mi gobierno, sin algunas consideraciones respecto al proceso político nacional. Lula ha sido propuesto por mi partido, el Partido de los Trabajadores del Frente Popular, para una cuarta elección. En todos los procesos electorales anteriores los conservadores de mi país, los que defienden un modelo de desarrollo que nos ha situado hoy como deudores de 150 millones de dólares por día para sostener a la necesidad de capitales de corto plazo en mi país, decían estos señores que era imposible que la izquierda, la formación de centroizquierda que nosotros representamos, gobernara el país porque conformaríamos una situación de inestabilidad absoluta, de indeterminación para el futuro y de caos político total. Esa fue la argumentación de base que han desarrollado nuestros adversarios en las contiendas políticas. El pueblo brasileño ha considerado la esperanza como el factor fundamental de su opción política, ha derrotado al miedo y esto ha resultado en la elección del presidente Lula para gobernar mi país por cuatro años.

La propuesta central, de un nuevo modelo de desarrollo, de un nuevo tipo de inserción internacional soberana, cooperativa, autodeterminada e interdependiente, pero soberana, se ha basado en la propuesta de un nuevo tipo de federalismo en mi país, y hay que tener en consideración que el federalismo en mi país es muy centralista y autoritario. Ha sido ubicado en una formula política que es la formación en Brasil de lo que el presidente ha apuntado como el nuevo contrato social, que profundice un proceso de democratización de las instituciones públicas, políticas, en mi país y que permita la transición ordenada, permisible, negociada, pero con tensiones políticas y sociales normales, democráticas, hacia el nuevo modelo de desarrollo político-social. Esta es la cuestión clave que ha informado la victoria del presidente Lula y que es el fundamento de todas las políticas desarrolladas por mi gobierno hasta ahora.

 

Un nuevo contrato social

Lo que buscamos: altas tasas de crecimiento económico. Teniendo en consideración que el crecimiento económico en mi país en los últimos años fue mediocre, es necesario desarrollar una política para la inclusión de 32 millones de brasileños que viven en la pobreza absoluta y que permita una coalición social de nuevo tipo.

No sé si es conocida en Europa la situación de Brasil. Estamos al borde de una ruptura social grave. Tres días atrás fue asesinado, por primera vez en la historia de mi país que recuerde, un magistrado, un juez. Es una situación que apunta a algo similar a lo que ocurrió en Italia en la década de los 70. Con una diferencia: en Italia el terrorismo tenía una fundamentación política, el terror fue producto de una decisión política. Acá tenemos un proceso diferente. Hay un proceso de politización de la criminalidad. Los grupos criminales, organizados, incluso en el interior del Estado, pero principalmente en las regiones más pauperizadas, están en vías de politización, atacando la democracia, las autoridades, el régimen socioeconómico, pero instituyendo un proceso de ruptura de la coalición social mínima para que la democracia tenga funcionalidad.

Creo que una parte de Europa tiene la visión que acá tuvimos un gobierno socialdemócrata modernizador, una situación social estable y socioeconómica que prometía, que fundaba las bases de una edificación socialdemócrata para la sociedad brasileña. Pero la situación es de inmensa gravedad. Es una nación que tiene que pagar todos los días entorno a 150 millones de dólares, su deuda pública, y que tiene 32 millones de brasileños al borde de la sociedad formal.

La propuesta del presidente Lula del nuevo contrato social es inclusiva políticamente. La visión del gobierno no es hacer un inventario de la herencia del pasado, es organizar un conjunto de fuerzas políticas de centro y dirección a la izquierda que tengan compromisos básicos y estructurales, para hacer una transición de un modelo económico neoliberal, socialmente perverso, fundamentado en la necesidad de obtención de capitales de corto plazo para que el estado continúe procesando su existencia, para ir a otro modelo de nueva inclusión social, de nueva cohesión social, de un marco regulatorio democrático en que los conflictos no terminen en la muerte, disolución, derrota política total del otro, sino que se resuelvan por la búsqueda del consenso mínimo sin que las divergencias sean diluidas.

Esta propuesta de un nuevo contrato social que busca la estructuración de una nueva mayoría social y política para el país es la posibilidad concreta que tenemos de hacer una transición sin rupturas. Y cuando digo transición sin rupturas no se trata de una visión de conciliación, sino de una visión que concilie fuerzas sociales de políticas operantes en el proceso económico y social de Brasil en un compromiso de nueva mayoría con un objetivo concreto, para llegar a algo, alcanzar un punto de convergencia, sin que las fuerzas pierdan su identidad, especificidad ni sus compromisos, incluso corporativos, clasistas, parciales, particularistas, pero que estén articuladas entorno a este proyecto alternativo de desarrollo de modernización democrática en Brasil.

 

Sin cultura democrática

Brasil carece de una herencia y de una construcción de una cultura democrática. Brasil no tiene una cultura democrática sólida. Tuvimos un proceso de modernización socioeconómica en mi país a partir de lo que llamamos una revolución, en 1930, que fue modernizadora, populista, renovadora, que posibilitó un espacio de desarrollo industrial, en los modelos tradicionales de la segunda revolución industrial. Pero desde 1930 hasta hoy tuvimos muchos espacios dictatoriales, autoritarios, incluso algunos de ellos muy violentos. Hay que considerar que nada similar a nuestros hermanos argentinos, una dictadura militar con la dilapidación completa por la violencia del ente político, de los diversos sectores políticos que se desarrollaron. Pero sí que tuvimos regímenes autoritarios muy fuertes, que sofocaron la emergencia de liderazgos políticos con tradición, autoridad, relación con la cultura política y la historia de Brasil. Tanto es esto verdad que nuestros partidos, el Partido de los Trabajadores, tiene poco más de 20 años de existencia y está hoy en la hegemonía de un bloque, partidario, político, que tiene el gobierno de Brasil en sus manos. Pero no es el gobierno del Partido de los Trabajadores, y esto es muy importante para la información política de Europa, porque acá tomamos algunas informaciones de los periódicos “El PT gobierna en Brasil”: el PT es la fuerza hegemónica de una coalición política más amplia que tiene características de centroizquierda, que es la evolución posible, democrática, de la política brasileña.

En ese sentido, el presidente Lula ha organizado una Secretaría con rango ministerial, la Secretaría del Consejo de Desarrollo Económico-Social y ha innovado institucionalmente la estructura del ejecutivo, porque ha organizado un Consejo de Desarrollo Económico-Social cuya composición es de 82 ciudadanos de la sociedad civil y 10 ministros del Estado. Soy secretario ejecutivo de ese consejo y el presidente de la República es el presidente de este consejo. Tiene dos movimientos en su responsabilidad. Un movimiento a corto plazo, que es un movimiento de viabilización de las políticas sociales de largo plazo, a través de tres reformas fundamentales del estado. Este consejo hace la articulación con la sociedad civil para conformar el contenido de las reformas, en un espacio normativo en que el presidente de la República formará su juicio sobre las reformas. No serán reformas originarias de la visión estricta del partido hegemónico, sino de la visión del partido hegemónico mediada por los demás partidos que componen la coalición gubernamental y una participación directa de la sociedad civil para que la reforma que va al Parlamento sea la mejor reforma aprobada, aunque no sea la óptima. Es un acto de comprensión política y social que está en la base de la comprensión del presidente de la República, de la conformación del nuevo pacto social, para que sean viables las políticas sociales de más profundidad, que no sean meramente políticas compensatorias o sociales (que son fundamentales para la supervivencia de las personas, para la reorganización familiar, etc.).

 

Las tres reformas

Las tres reformas fundamentales son: la reforma tributaria, la reforma de la seguridad social y la reforma de la legislación laboral. En cuanto procesamos políticamente estas reformas, en cuanto hablamos con la sociedad para que el gobierno forme su juicio sobre la reforma posible, tenemos políticas sociales de transición que tienen una durabilidad indeterminada pero que son políticas sociales ciudadanas, o compensatorias, necesarias, para que no se establezca la ruptura total de la sociedad formal con la sociedad informal, que se está comunicando hoy, particularmente a través de la violencia y no de la inserción, de la relación política dialogada, de procesos de inclusión. Me refiero a políticas importantes, como ha sido la política de Hambre Cero que ha sido una propuesta del presidente Lula y que hace la condensación de un conjunto de medios y de microprogramas sociales, entorno a un macroprograma que tiene una Secretaría y un Ministerio especial para su desarrollo y que tienen conexión con otros ministerios y secretarías, incluso con programas interiores, algunos programas originarios del presidente Fernando Enrique. El programa Hambre Cero está en la situación actual de proyectos pilotos en los sectores más pobres, de más exclusión social en Brasil.

Tenemos grandes programas sociales de durabilidad, que hacen la conexión con cuestiones de empleo organizado artificialmente, políticas estatales de emergencia de nuevos empleos. Hay el proyecto Primer Empleo, que es una conexión que hace el Estado subsidiando a las empresas, corporaciones privadas, que abren espacio para la contratación de jóvenes. Tienen ventajas fiscales. Hay una pretensión de que hasta la mitad del año próximo tengamos 100.000 jóvenes en este programa Primer Empleo. Hay el programa Bolsa-Escuela que tiene su origen en el gobierno del actual ministro de Educación en Brasil, que fue un programa dotado por Fernando Enrique, que es el pago de un cierto valor mensual que el Estado hace a la familia para que mantenga en la escuela al niño que está en la calle. Es un subsidio a la educación que requiere del niño de la calle, porque es una forma de financiación de la familia a través de ayuda económica. Pero la cuestión de Brasil no es una cuestión de políticas sociales compensatorias, solamente de políticas de creación de empleo a través de políticas estatales. Todo esto es importante, necesario y éticamente irrenunciable, pero las políticas sociales de inclusión, con sustentabilidad y permanencia en mi país sólo serán posibles cuando realicemos las reformas fundamentales -les indicaré la importancia que tienen para mi país- y también cuando conformemos, a medio plazo, otro modelo de desarrollo económico y una inserción internacional que tenga la capacidad de establecer una cooperación al mismo nivel. Incluso para nosotros, hoy es fundamental una unidad con la Europa unificada.

La reforma tributaria en mi país. Nosotros tenemos una carga tributaria muy alta. Algo alrededor del 37% o 36% del PIB, es una carga muy elevada. La reforma tributaria no está hecha para elevar la carga y sí para ampliar la base de su incidencia y reforzar algunos sectores productivos que son fundamentales para avanzar en el desarrollo. Incluso dar sustentación, y eso es fundamental para nosotros, a las exportaciones que son el punto clave de acumulación interna que tenemos para viabilizar una relación menos perversa con la necesidad de los capitales de corto plazo que hacen que este Estado permanezca funcionando.

La reforma de la seguridad social, que acá llamamos la reforma de la presidencia, es una reforma que tiene carácter social. Acá se ha debatido mucho, por insistencia de la prensa, la reforma de la seguridad social como una cuestión del déficit público. Es una cuestión del déficit público, la reforma de la seguridad social brasileña, las pensiones, las jubilaciones, son muy onerosas y mal distribuidas internamente en el cuerpo de los jubilados. Pero la cuestión de esta reforma es también una cuestión de justicia social. Para que ustedes tengan un ejemplo, tenemos, acá, jubilaciones de 50 dólares y jubilaciones de 7.000 dólares. Esto es una injusticia insoportable pero se bate contra intereses muy concretos que se presentan como si fueran intereses universales. Y no lo son, son intereses muy particularistas, de algo como el 5% como máximo del sector público brasileño. Es necesaria la reforma de la seguridad social como elemento de justicia social, y también de reorganización de las finanzas públicas.

La otra reforma era la reforma de la legislación laboral. Hay una larga tradición doctrinaria en el derecho laboral, incluso español, de debatir la flexibilización. Para nosotros esta no es la cuestión, es una ironía que una nación que tiene así como el 55% de su fuerza de trabajo fuera de la legislación laboral, informal, hable de flexibilización. Para nosotros, lo importante es la modernización de la legislación laboral, la formalización de la informalidad, para que las personas se queden abrigadas por la seguridad social, para que el Estado recaude las contribuciones sociales, los impuestos. Una parte enorme de la fuerza de trabajo está al margen de la ley, del Estado. Hay que modernizar la legislación laboral porque hoy hay formas de contratación (horizontalización, cuarterización, intermitencia), relaciones en equipo, de trabajo, nuevas cooperaciones, que la clase obrera hace para establecer sus contratos de trabajo, que necesitan el enfoque normativo del Estado para que emerjan en la legalidad y seguridad, y para que los empleadores puedan contratar la fuerza de trabajo con tranquilidad y para que la contratación informal no se torne siempre en caso judicial, como suele ocurrir casi siempre en mi país. Simplificación, desburocratización, un tratamiento muy especial para las microempresas para que puedan contratar más, la modernización de la legislación laboralista: nuevo modelo de contrato social.

Primera conclusión: el gobierno actual hace una política financiera de respeto al derecho internacional y a los contratos y así permanecerá. No habrá ruptura de contratos porque esto nos ubicaría en una situación de inestabilidad lamentable, similar a la situación argentina en que tuvo que hacer una ruptura de los contratos por imposibilidad de cumplirlos. Nosotros tenemos condiciones de mantener nuestras relaciones contractuales internacionales, de dar sustentación a la relación sobre agencias internacionales, pero también la política concreta de descolocarnos lo más rápido posible de las necesidades de los capitales de corto plazo, porque nuestra soberanía para decidir nuestra política económica es permanentemente amenazada por la involucración de la situación global sobre los países que tienen una deuda pública muy alta.

Segunda cuestión: nuestro tránsito para un modelo de desarrollo que tenga tasas de crecimiento de un 20%, 30% o 40% superiores a la tasas de crecimiento que tuvimos hasta ahora. Brasil es un país que tiene un potencial material enorme de mar, de clima, de tierras fértiles, una industria moderna altamente desarrollada y una mano de obra de calidad, con una clase obrera con capacidad de respuesta extraordinaria. El nuevo modelo de desarrollo económico es un modelo nacionalista no xenófobo, es un modelo de integración global con preservación de un proyecto nacional de desarrollo, lo que no tuvimos hasta ahora.

Y el tercer punto es una reforma del Estado brasileño, que tiene fronteras burocráticas muy duras que separan la sociedad informal del estado, que separan al ciudadano común del estado. Por ejemplo, por primera vez en la historia de mi país, una institución como el Consejo de Desarrollo Económico-Social, tiene intervención política directa de la sociedad civil orgánica para formación del juicio del gobierno sobre las reformas. Por primera vez en la historia de mi país tenemos una discusión organizada, con la sociedad, del plan plurianual (el plan económico, social, de cuatro años), el macroplan presupuestario de cuatro años que va a regir al Estado brasileño en el próximo periodo. Estamos organizando un debate con la sociedad directamente. En este momento, en condiciones muy provisionales, porque estamos al comienzo del gobierno y esto no es costumbre en mi país. De esta forma, las políticas sociales inmediatas, necesarias, algunas de ellas permanentes, son políticas de sustentación de la estabilidad social, de la cohesión social, en dirección a un nuevo modelo económico y social para un proyecto nacional de desarrollo que tenga características de inclusión, de empleo y de profundización de la vida y la cultura democrática en Brasil.


 

Tarso Genro.
Ministro para el desarrollo económico y social de Brasil y alcalde de Porto Alegre en dos mandatos.

Este artículo es la transcripción de la ponencia desarrollada por el autor en el encuentro “La participación de la sociedad en el Estado de bienestar del siglo XXI”, organizado por el “Forum Europa” los días 19, 20 y 21 de marzo del 2003 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y patrocinado por la Diputación de Barcelona.

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