11S: el debate ciudadano sobre el futuro urbano

Margarita Gutman

Sin haber salido del aturdimiento personal y colectivo que produjo el ataque a las Torres, inmersos aún en la confusión y desmesura de la tragedia, mucho antes de que se apaguen los fuegos y aminore la montaña de humo que reemplazó por semanas a las Torres Gemelas en el cielo de Nueva York, emergieron casi inmediatamente en toda clase de conferencias y conversaciones privadas, en los medios y en el Internet, encontradas discusiones sobre el destino del sitio del World Trade Center y del Lower Manhattan.

Comenzaba así, una de las reacciones más notables al ataque del 11S: la conformación de un extendido, intenso, sostenido y tormentoso debate público que generó más foros, proyectos y discusiones que ninguna otra cuestión de planeamiento urbano en toda la historia de la ciudad. A un ritmo creciente, diarios, revistas y radios, incontables páginas de Internet y programas de televisión, grupos corporativos, agrupaciones profesionales y artísticas, cientos de asociaciones étnicas dispersas por la región metropolitana de Nueva York, y los infaltables foros académicos, propusieron, discutieron, inventaron y evaluaron innumerables alternativas para la reconstrucción del "Ground Zero" y el Lower Manhattan en su conjunto. La dimensión que adquirió y tiene en la actualidad este debate urbano público, y el ritmo creciente con el que se expande, lo ha convertido en una referencia ineludible en el proceso de decisiones para la reconstrucción del sur de Manhattan.

Dejo de lado en este artículo, las actividades y debates sobre la asistencia a las familias de las víctimas y damnificados directos e indirectos, así como la respuesta gubernamental al terrorismo y a la seguridad interna y externa. Dejo también de lado las discusiones sobre la trayectoria económica de la ciudad y de USA pre y post 11S, así como el papel del municipio, el estado y las miles de asociaciones civiles en las tareas de contención física y psicológica de la población. Seguiré sólo con el debate urbano que se generó. Sin embargo, ecos y manifestaciones de estas cuestiones se transparentan con bastante claridad en la discusión pública sobre el destino de Ground Zero y del Lower Manhattan.

Si bien la variedad de los protagonistas de la discusión es notable, también lo es la variedad de los temas que se tratan en esta multiplicidad de foros. Aun se discute acaloradamente y día a día -en tanto el proceso sigue al rojo vivo- acerca de los valores básicos de la reconstrucción del sitio, tanto en relación a los resultados como a los procesos: "¿con qué y cómo llenar el vacío?". Se evalúa si la reconstrucción debe ser rápida o lenta, ejecutiva o deliberativa, limitada o inclusiva. Se discute acerca de los beneficiarios, los agentes de decisión y los modelos de gestión pública y privada. Se discute (y se ejerce) la influencia de los grupos de poder, pero también la forma que adoptaría la participación ciudadana. Se evalúan las actividades que se desarrollarían en el sitio: conmemorativas, comerciales, financieras, culturales, de vivienda, educativas, o usos mixtos. Pero también se discute la forma física que adoptarían, es decir, los planteos urbanos y las formas arquitectónicas, escala y significados, incluyendo notables discusiones sobre la relación entre ciudad y arquitectura. También se discute la tensión entre tradición y renovación, cuestionando la legitimidad de conservar la "tradición" neoyorkina, así como el significado mismo de estos conceptos. Son ricos los matices de esta discusión sobre el significado de la tradición y la renovación en una ciudad como Nueva York cuya tradición es, precisamente, la continua renovación y el cambio.

Lo cierto es que una especie de fuerte y súbito resplandor -eco y contra metáfora del ataque- dio inesperada visibilidad, a lo largo y a lo ancho de la metrópolis a nuevas y viejas voces, asociaciones, conflictos y contradicciones. Mientras en este espacio de debate público se manifiestan voces y demandas, hay avances -no siempre a la luz pública- en la defensa del "status quo" en el proceso de decisiones. En medio del calor de tantas discusiones, las decisiones se fueron tomando mientras el sitio se limpiaba y ordenaba en tiempo record, antes de lo planeado.

Según varios agudos críticos (Marcuse, Harvey, Kahan, Muschamp) está latente el riesgo de que todo siga igual que siempre, y el proceso de decisiones vaya prolijamente de arriba hacia abajo, en paralelo y sin contaminarse con las agitadas discusiones públicas. Es un riesgo, es cierto, pero la dimensión del debate también es un síntoma de alerta del público. La inusitada dimensión de la tragedia bien puede provocar transformaciones en las políticas públicas que no hubieran sido posibles de otro modo. Así lo comentaba el "New York Times" en relación al reconocimiento de las parejas homosexuales de las víctimas a la hora de distribuir los fondos especiales de ayuda. Así puede suceder también con el proceso de decisión de las grandes obras urbanas, en este caso del WTC y porqué no, del futuro de Nueva York en general.

Con el objeto de ordenar esta exposición, he identificado tres etapas en el debate público desde septiembre 11 de 2001 hasta fines de mayo de 2002, fecha en que se escribe este artículo:

La primera etapa (el mes y medio posterior al ataque) puede ser calificada como el contragolpe: "rellenemos el vacío", "reconstruyamos lo que se destruyó en el ataque". Está marcada por fragmentarias propuestas de personajes notables, principalmente planificadores, arquitectos, artistas e intelectuales quienes intentaban representar una voz unitaria y consensuada. Ambas reacciones, el contragolpe y la unidad, posiblemente hayan surgido como reacción casi previsible ante la ferocidad del impacto.

La segunda etapa (de fines de octubre a marzo 2002) incrementa y diversifica exponencialmente, tanto el contenido del debate como los actores que participan. Se expresan innumerables y diversas ideas y planes, se conforman los organismos públicos responsables de la reconstrucción y las diversas coaliciones de la sociedad civil.

La tercera etapa, cuyo comienzo podría ubicar el 11 de marzo -a los 6 meses del ataque- contiene ya a las coaliciones formadas, interactuando en un proceso de toma de decisiones establecido por los estamentos de gobierno. En esta etapa toman cuerpo las actividades organizadas por asociaciones privadas de consulta y trabajo con las comunidades de toda la región metropolitana, en especial el programa "Imagine New York"; adquieren visibilidad coaliciones poderosas como la "Civic Alliance"; y el organismo oficial encargado de la reconstrucción, el Lower Manhattan Development Corporation (LMDC) entra en régimen y establece el cronograma de la toma de decisiones hasta fines del 2002. Se inauguran las audiencias públicas a la par que el sitio termina de limpiarse, los metros son reconstruidos, y un mar imparable de turistas cumplen con el peregrinaje obligado sobre las plataformas provisorias que se levantaron alrededor del "Ground Zero". Podríamos decir que esta etapa termina el 30 de mayo, día de la solemne ceremonia en la cual se retira el último escombro del sitio: es el día que marca el fin del duelo y el comienzo de la reconstrucción. También, posiblemente, sea la hora de la verdad para ver cómo se materializa la agitación de este intenso debate público, que paso a describir.

 

La reacción como contragolpe del ataque

Mientras el polvo gris de las Torres pulverizadas aun cubría todos los rincones del Lower Manhattan, mientras las tareas de rescate y lenta remoción de escombros entraba en su penoso régimen, a sólo 72 horas del ataque un periodista del "New York Times", John Tierney, recogía el desafiante (y a la vez tranquilizador) voto de Giuliani: "Skyline will be made whole again" (el perfil urbano será nuevamente completado). Se hacía de ese modo eco de la pregunta que a sólo dos días del desastre, ya había emergido en la discusión pública: "¿Cómo completar el perfil urbano de Manhattan?" Estas tempranísimas discusiones sobre la reconstrucción se volcaron sobre la reparación del perfil urbano, y eran miradas lejanas sobre la ciudad y el sitio. Por cierto, desde lejos fueron siempre vistas las Torres y de lejos también asistimos, incrédulos, a su derrumbe desde Washington Square, uno de sus barrios más cercanos.

Estas primeras discusiones giraron en torno al carácter simbólico de las Torres magnificado por la casi instantánea cobertura global de los medios. En la discusión de los referentes simbólicos de las Torres aparecen de lleno las dos caras (global y local) de la tragedia: ¿Símbolos de qué? se preguntaban, ¿son o fueron las Torres Gemelas símbolo del capitalismo global, o símbolo de la ciudad de Nueva York? Para los turistas, eran sin duda el símbolo favorito de Nueva York; para los terroristas fueron si duda, el símbolo más claro del capitalismo y las finanzas globales. Sin embargo, según algunos especialistas locales, no fueron necesariamente el símbolo favorito de Nueva York para sus habitantes. Desde su construcción a principios de los años 70s nunca reemplazaron la predilección por el Chrysler ni por el Empire State, símbolos quintaesenciales de la ciudad de Nueva York, si de perfiles lejanos se habla.

Pero, si de símbolos se trata, para Tierney, como para muchas otras voces progresistas, las Torres Gemelas del WTC eran hasta el 11S un símbolo por cierto, pero de la ineptitud gubernamental, del paternalismo político y de la beneficencia dirigida a las corporaciones. Tierney se hace eco del desprecio de los arquitectos por las Torres, encarnado por uno de los críticos de arquitectura creadores de opinión a fines de los 70s, Paul Golberger. Pero este desprecio iluminado, muy pronto iba a torcer el rumbo y juntarse con la evocación positiva del público en general, al descubrir que los edificios tenían más presencia física y emocional en el paisaje de Nueva York que lo que se pensaba. A pesar de las contradictorias percepciones anteriores a septiembre 11, con su destrucción, las Torres se convirtieron en un monumento cívico para los neoyorkinos.

Esta temprana discusión pública, que se desarrolla como una mirada lejana sobre el sitio del desastre, que discute los referentes simbólicos y el perfil urbano, es casi un automático contragolpe al estímulo de la destrucción: "discutamos como reconstruir lo que se demolió", como llenar "un súbito, resplandeciente vacío." Pero, a esta reacción por la reconstrucción se le opuso inmediatamente la ira y el dolor de quienes no querían construir nada en lo que entendían era, de allí en más, un cementerio, un territorio sagrado y se sentían ofendidos por los que encontraron en la tragedia una oportunidad para "mejorar" la zona o hacer nuevos y mejores negocios.

De esta manera, las primeras, dispersas y fragmentarias reacciones en medio de la confusión de la primera semana oscilaron entre la reconstrucción inmediata o la conservación del sitio vacío como testimonio de la tragedia. Los empresarios inmobiliarios y muchos profesionales defendieron la rápida reconstrucción. Esta posición se bifurcaba entre la reconstrucción de las mismas Torres (el colmo de la arrogancia para algunos) o el diseño de otro tipo de edificios. Los familiares de las víctimas y mucha gente en general, aun aturdidos, no concebían ni conciben al día de hoy, otro destino que el de territorio sagrado para el sitio. Todavía no se escuchaban las voces de los vecinos más pobres y menos visibles del Lower Manhattan, ni los de China Town, ni los del Lower East Side.

En las semanas siguientes, en medio de una movilización solidaria incomparable que inundó las calles de Manhattan por semanas, la prensa escrita recogió las opiniones de especialistas y "gente conocida", que no vacilaron en contestar de las más variadas maneras: desde las apelaciones por no dejar instalar una ausencia y "llenar el vacío con belleza", hasta las exhortaciones a contrarrestar las urgencias defensivas de vigilancia y control, y buscar alternativas de diseño que permitan retener la densa y vital mezcla de usos críticas para la vida urbana. Estas primeras manifestaciones fueron colocando las cuestiones que luego se debatirían en foros más amplios y menos especializados.

También a pocos días del ataque opinaron sobre el futuro del sitio las empresas del mercado inmobiliario de Manhattan. Se habían perdido 13,5 millones de pies cuadrados de oficinas y quedaron dañados 16,5 millones de oficinas, sumando un total de 30 millones de pies cuadrados fuera de uso. Las grandes empresas querían reconstruir todo y enseguida. Su opinión es poderosa: el mercado inmobiliario tiene un peso excepcional en Manhattan en tanto es una de las fuerzas económicas más importantes detrás de las finanzas. Estaban preocupados por la rápida recolocación de las más grandes empresas del WTC en los suburbios y en New Jersey y querían reconstruir espacio de oficinas inmediatamente, ya que suponían (correctamente) que las grandes corporaciones no iban a regresar al Lower Manhattan nunca más.

Para esa fecha, a dos semanas del ataque, arquitectos, planificadores, corporaciones y compañías inmobiliarias ya habían propuesto todo tipo de planes: desde la reconstrucción de las oficinas corporativas derrumbadas, hasta una reconstrucción "sensible" a las pérdidas de vidas que incluía un memorial incorporado como parte del diseño, o la instalación en el sitio de una nueva sede para el New York Stock Exchange, o una sucursal del Museo Guggenheim, o una serie de rascacielos de 50 pisos (voces de empresarios inmobiliarios), o la prioridad del desarrollo de la infraestructura de transporte que reconecte el Lower Manhattan con la región, propuesta también avalada por los planificadores urbanos.

Para los empresarios inmobiliarios (en particular para la empresa que administra el World Financial Center) el desarrollo del transporte es un factor crucial: la conexión metropolitana con Long Island, New Jersey y con el resto de Nueva York. Otro de los proyectos proponía enterrar una parte de West Street para comunicar Battery Park con la ciudad, proyecto que hoy en día está en discusión para abrir el sitio del WTC al río, pero ha recibido hasta ahora una fuerte negativa de los residentes. Esta negativa continúa en realidad el rechazo al proyecto del Westway, por parte de las asociaciones vecinales que 20 años atrás pararon la construcción de la autovía bajo nivel en el West Side desde la calle 59 hacia el sur.

Trece días luego del ataque, desde un editorial del "New York Times", se declaraba que estaba unánimemente reconocida la necesidad imperiosa de reconstruir el sitio del WTC y el distrito financiero del Lower Manhattan, reafirmando su status de centro financiero mundial y devolviendo la confianza al sufrido barrio. Otra vez lo global y local juntos. El editorial demandaba a las autoridades políticas la creación de una comisión o autoridad que dirija la reconstrucción del sitio en estos momentos de consenso provocado por la emergencia. Proponía que esta comisión aunara representantes del municipio y del estado por partes iguales y que se le otorgasen los poderes suficientes para que haga el trabajo bien y rápido, en los aspectos estéticos y económicos, para volver a darle al Lower Manhattan la vitalidad que había adquirido a fines de los 90s. No había en esta editorial mención alguna de la inclusión de grupos civiles en el proceso de decisión. Sin embargo, anticipaba el organismo que sería oficialmente creado a mediados de octubre bajo el nombre de Lower Manhattan Development Corporation (LMDC). El "New York Times" no se hacía eco aun de lo que luego se convirtió en una referencia obligada: la inclusión de la sociedad civil, demanda a la que el LMDC creado en noviembre, respondió a su manera, constituyendo varios comités asesores en enero del 2002.

Para fines de septiembre, sólo a tres semanas del ataque, los diarios difundían las ideas y proyectos que, como no podía ser de otro modo en una ciudad como Nueva York, comenzaron a esbozarse por todos lados: en una breve encuesta sobre si reconstruir o dejar sólo un espacio abierto y vacío, artistas, historiadores, escritores y arquitectos se pronunciaron con firmeza en pro y en contra, a veces con los mismos argumentos. Louise Burgeois, escultora (89), no vacilaba en calificar de "idiotic" la idea de dejar un parque y proponía una altísima escultura rematada por una estrella ascendente cuyos rayos parecen disolverse y llorar sobre la ciudad. Otros arquitectos como Richard Meier, Robert A. M. Stern (decano de Yale), David M. Childs (del estudio Skidmore, Owings y Merrill, autores de la torre Sears de Chicago) proponían la reconstrucción bajo distintas formas y actividades, pero ninguno pensaba en dejar el vacío. Incluso sugerían seguir construyendo rascacielos (por ser uno de los mejores productos arquitectónicos norteamericanos), u otros edificios conteniendo una variedad de funciones que incluyan un memorial. Algunos artistas proponían dejar el espacio totalmente vacío como testimonio de la tragedia.

Otro tema de debate temprano era la velocidad de la reconstrucción: rápida o tomándose el tiempo necesario para decidir con certeza y consenso. Robert Yaro, el presidente de la Regional Plan Association colocaba la opción: "La tensión es entre hacer algo rápido o hacerlo bien". Un profesor de planeamiento urbano de la universidad de Massachusetts, John Mullin, retomaba la opción "global o local" y analizaba la tensión entre una reconstrucción mirando hacia adentro o hacia fuera: "¿algo para los neoyorkinos o para lo que NY simboliza en el mundo?", y sostenía con gran tranquilidad que en realidad NY debía reconstruir el sitio de cara a los neoyorkinos y sin grandes alardes, en tanto cualquier cosa que se haga en ese sitio se convertirá en un ícono y por lo tanto debería representar a NY especialmente: "NY no necesita proclamar su poder en Torres hasta el cielo como lo hizo años atrás, con sólo un murmullo el mundo escuchará igual".

En un largo artículo en el "New York Times" se denunciaba que todos estos planes estaban aún en el aire porque aún no se estaba creada la institución que permita siquiera empezar a analizar las ideas que ya estaban circulando en muy diversos ámbitos.

"Si pensamos en lo que vendrá: ¿cómo debería Nueva York balancear las necesidades de los hombres de negocios y los residentes, con la afirmación global que la reconstrucción del sitio va a hacer sobre NY en el siglo XXI?" Entrevistado, Richard Sennett articulaba la pregunta que millones de personas se hacían: "¿Qué clase de ciudad es NY hoy, luego del ataque?" Y respondía: "Debemos inventar algo totalmente nuevo acá, y será algo que significará repensar las maneras en que usamos la ciudad".

Las ideas que se evaluaban iban desde las más inmediatas y concretas a las más conceptuales y de largo plazo. Algunos proponían un concurso internacional para producir algo que sea emblemático de NY como ciudad global -algo a la par de las 7 maravillas del mundo- y otros por el contrario querían que se enfaticen las ideas locales que representen lo más distintivo de Nueva York. Algunos proponían la creación de una comisión gubernamental fuerte con poderes amplios de decisión y ejecución expeditiva, a la vez que otros sostenían que eso sería un desastre y que se debía dar voz y voto a los residentes y a los familiares de las víctimas, aun cuando se dilate la marcha del proceso.

La mayoría de los expertos sostenían que reconstruir solamente las oficinas perdidas sería un error garrafal y se perdería la oportunidad de repensar las necesidades de la ciudad, desde el transporte a nuevos modos de comunicación, desde los modos de trabajar y vivir en la ciudad, a la necesidad de combatir la amenaza del terrorismo en el interior de la metrópolis.

Pasado el primer shock, el proceso de discusión pública que se desarrolló y el estado en el que se halla al día de hoy, pareciera demostrar que puede haber cambios en los procesos de producción urbana en New York. Muchos analistas coinciden en sostener que al margen de lo que efectivamente se decida en cuanto a las actividades, usos del suelo, infraestructura de transporte, trama urbana, formas estilísticas y aspectos estéticos, lo que nunca más se podrá volver a repetir es el mismo proceso de decisión urbana a puertas cerradas que caracterizó la construcción de las Torres Gemelas 40 años atrás. Muchos también son conscientes de la necesidad de la hora, de superar el patrón de enfrentamiento entre acciones tipo Robert Moses - que entre otras son las que llevaron a la construcción del WTC-- y el modelo de acción ciudadana de Jane Jacobs, que en su momento consiguió parar los proyectos de demolición del West Village para la construcción de más autopistas.

Hasta aquí las primeras manifestaciones del debate público, mayormente recogido en el "New York Times", el diario de mayor influencia y tirada de la ciudad, con proyecciones nacionales e internacionales. En los meses restantes del 2001 fueron tomando forma una serie de instituciones oficiales y civiles que llevaron adelante el grueso del debate sobre el Lower Manhattan.

 

Las corporaciones económicas

Los primeros en reaccionar y proponer proyectos de reconstrucción fueron los empresarios inmobiliarios y los arquitectos corporativos. A tres semanas del ataque, una coalición formada por el American Institute of Architects, New York City Partnerships, y el Real State Board of New York tomó el nombre de "NYC Rebuild Task Force" con el objeto de completar un plan para el sur de Manhattan en unas semanas. El Consejo Directivo de esta coalición contenía representantes de empresas corporativas de arquitectura como Skidmore Owing and Merril, Fox and Fowle, HOK y Kohn Pederson Fox. Era una respuesta urgente tipo esquicio compulsivo. Al margen del proyecto, estas propuestas tenían para un crítico del "New York Times" un alto valor terapéutico para contrarrestar la angustia de no saber qué depara el futuro. En síntesis, eran un valioso antídoto para el trauma del ataque. Al mismo tiempo Larry Silverstein, el developer privado que tiene el "lease" sobre las Torres demolidas por 99 años, también encargó un rápido plan de reconstrucción de los 16 acres de terreno a David Childs de Skidmore Owings and Merrill y a otro estudio privado. Ante tanta presión de planes listos para el contraataque, Muschamp interpreta el sentimiento de muchos, y exhorta a la calma: a tomarse el tiempo necesario para pensar, educarse y evaluar las ideas esbozadas por estudiosos como Saskia Sassen, Manuel Castells, Carl Shorske, William Morris, Ulrich Beck y otros. "La información se absorbe, dice Muschamp, con muchos años de debate, reflexión, relatos y experimentos en la aplicación. Con esfuerzo, la información puede ser transformada en conocimiento… Lo mejor que podemos hacer en este momento es aflojar esta furia de control. Reconstruyámonos a nosotros mismos primero, y contemplemos el futuro de Nueva York desde un marco de referencia más educado"

Para fines de octubre estos grupos trataban de tomar posiciones adelantadas en lo que en realidad era aun un vacío de poder, en tanto no había aun agencia gubernamental encargada de la reconstrucción. La coalición de tres agrupaciones privadas de arquitectos antes mencionada, incorporaba a su Consejo Directivo a ejecutivos de grandes empresas del mercando inmobiliario que se sumaban a los representantes de las grandes firmas corporativas de arquitectos. En una interesante evolución de su página de Internet, se rebautizaban como "NY Infraestructure Task Force" ("¿quién va a estar en contra de la infraestructura?", acota el crítico del "New York Times") y se rectificaban aclarando que su misión no consistía en proponer ningún diseño específico. Para Muschamp esta coalición representaba una reencarnación contemporánea de la rígida jerarquía faraónica. A pesar de su voluntad de canalizar las expectativas y acuerdos de la comunidad de planificadores de Nueva York, Muschamp les negaba totalmente su capacidad de representar a la vasta y diversa comunidad de pequeños estudios de arquitectos, exposiciones urbanas en museos, conferencias organizadas por entidades sin fines de lucro, y un público educado que aprecia el diseño y la creatividad. "Una sofisticada audiencia local e internacional, dice Muschamp, está preparada para ver como una gran ciudad moderna podría quizás arropar su imaginación alrededor del dinero y la muerte, el ice-cream y el destino, el éxito y el terror. Esa audiencia está dispuesta a esperar. No hay apuro en satisfacer sus expectativas, no ciertamente cuando el mundo está aun en guerra. La ciudad no es un video juego. Eros y Tanatos están en el aire, junto con heroísmo, conexión con el otro, sacrificio, decepción, grandiosidad, paranoia y avaricia. En este temprano momento, en base a qué deberíamos pensar que alguno de estos senderos están listos para ser contenidos?

Lo que comenzó como una respuesta que pretendía ser unitaria y patriótica en respuesta a la agresión del ataque, enseguida mostró como era de esperar, los conflictos y las contradicciones cuya resolución democrática constituye, al menos en teoría, la base del sistema.

A dos meses del ataque, el Gobernador del estado de Nueva York creaba una nueva agencia estatal, la Lower Manhattan Development Corporation (LMDC) como subsidiaria del Empire State Development Corporation. Esta última agencia tiene atribuciones para construir en cualquier lugar del Estado de Nueva York. Si bien la Autoridad Portuaria -otra agencia del estado- era la dueña del terreno y las Torres, la nueva agencia LMDC fue creada para supervisar la revitalización del Lower Manhattan, dirigir la planificación y reconstrucción del sitio del WTC y canalizar los millonarios fondos provenientes del Tesoro Federal y del Estado. Técnicamente, la LMDC depende del gobernador del estado de Nueva York, así como la Empire State Development Corporation y la Autoridad Portuaria de Nueva York y New Jersey.

En noviembre del 2001, el gobernador Pataki nominó 7 de los 11 miembros del Consejo Directivo de la LMDC y designó a su presidente John Whitehead, ex ejecutivo de Wall Street y ex subsecretario de estado durante la presidencia de Reagan. También en noviembre -en medio de las elecciones municipales- el saliente alcalde Rudy Giuliani, designó los otros 4 miembros. Recién en marzo de 2002 el nuevo alcalde Michael Bloomberg que asumió en enero de 2002, consiguió nominar otros 3 representantes y tener una Comisión Directiva más pareja con 7 miembros por el municipio y otros tantos por el estado de Nueva York.

Si bien no cabe duda de la preeminencia del estado de Nueva York en esta corporación que canalizará decisiones y fondos millonarios, en sus documentos públicos la LMDC se define como una "corporación conjunta estado-ciudad". Hubo voces que protestaron por la reducida representatividad de esta todopoderosa corporación y describieron ácidamente a su Consejo Directivo como compuesto por: "un americano de origen africano, ningún arquitecto, ningún líder de la cultura, un residente del Downtown, ningún educador, ningún familiar de las víctimas del 11S, tres funcionarios de la administración de Giuliani, un amigo de George W. Bush, ningún planificador, un dirigente sindical (ramo de la construcción), ningún urbanista, y cuatro ejecutivos de Wall Street."

Cabe preguntarse ¿por qué una corporación con más peso del estado que del municipio, tiene en sus manos la responsabilidad de planificar y distribuir los fondos para la reconstrucción del sitio del WTC, cuyo impacto se hará sentir no sólo en el Lower Manhattan sino en los 5 distritos de la ciudad? La razón de esta paradoja se remonta a la complicada historia de la construcción de las Torres Gemelas.

El WTC fue concebido a fines de la década de 1950 por los hermanos David y Nelson Rockefeller, banquero y gobernador del estado de Nueva York, como parte de una operación de revitalización inmobiliaria del Lower Manhattan. Más tarde, en la década de 1960, los Rockefeller encargaron a la Autoridad Portuaria de New York y New Jersey -entidad que combinaba las cualidades de una corporación privada con una agencia pública- el diseño y la construcción del complejo de negocios.

Para esa fecha, la Autoridad Portuaria tenía ya amplia experiencia en construcciones, manejaba los túneles bajo el río Hudson (el Holland y el Lincoln), el puente George Washington y varios en Staten Island, y los tres aeropuertos de Nueva York. En la década de 1960 la corporación manejaba mucho dinero, sus explotaciones le daba enormes beneficios, y además, tenía el derecho a emitir bonos -con lo cual el presupuesto de la construcción no iba a pesar sobre el estado de Nueva York- y el derecho de expropiar terrenos declarados de utilidad pública.

La ubicación del WTC fue definida por un par de edificios en el LM que pasaron a ser propiedad de la Autoridad Portuaria, al haber tomado a su cargo la empresa de trenes del estado de New Jersey que estaba casi quebrada. De ese modo, según Golberger, la localización del WTC no fue un acto de planificación alguna, sino el resultado de una componenda política entre el estado de New Jersey y la corporación. La Autoridad Portuaria completó los 16 acres del terreno del WTC comprando uno a uno los lotes a precios muy bajos, ya que habían sido declarados de utilidad pública. De esa manera se erradicó del sitio a una extensa comunidad de pequeños y medianos comerciantes el Radio Row, y el municipio perdió todo control sobre ese terreno.

El director de la Autoridad Portuaria a fines de los 60s, Austin Tobin, eligió los arquitectos y dispuso a su arbitrio todos las decisiones de manera individual, sin consulta alguna con nadie. Lo hizo al estilo de los grandes zares de las obras públicas cuyo más eminente representante fue Robert Moses. Menos conocido que él, Tobin sin embargo llevó adelante todo lo que se propuso, barrió de un plumazo calles centenarias, erradicó una comunidad entera de pequeños comerciantes, levantó dos rascacielos que empequeñecieron a todos los anteriores sin tener que respetar ninguna ley ni ordenanza o código municipal, incluyendo reglamentos contra incendio. Tampoco tuvo que realizar estudios de impacto ecológico, ni tuvo oposición alguna de grupos comunitarios. La comisión de planificación de la NYC, "que nunca fue el campeón de procesos de decisión democrática" se limitó a firmar a posteriori todo lo que Tobin proponía.

Destruidas las Torres, que fueron otorgadas por un "lease" a Larry Silverstein por 99 años muy poco antes del ataque, le toca al propietario del terreno, a la Autoridad Portuaria que depende directamente del estado de Nueva York, hacerse cargo de la reconstrucción. El municipio, sólo obtuvo por ahora la misma cantidad de lugares que el estado en la Comisión Directiva de la LMDC.

Peter Marcuse, en un libro recientemente publicado, ponía en tela de juicio el proceso de decisiones que la LMDC se aprestaba a tomar cuando declaraba que iban "a trabajar en estrecha relación con el sector privado para determinar una adecuada respuesta -orientada por el mercado- a las necesidades económicas y de infraestructura del Lower Manhattan". Marcuse denuncia esta falacia, y sostiene que el sector privado no participará a través de las fuerzas del mercado, sino como grupo de presión en la esfera pública. Señala, además, que nada de lo que se hizo en los últimos 40 años en el WTC estuvo orientado por el mercado, sino casi todo realizado por el gobierno y que, en realidad, iban "en contra de las tendencias del mercado". La mudanza de oficinas corporativas hacia el Midtown y la decadencia del Downtown estaba en pleno incremento hacia la década de 1950. Marcuse también destaca que la misma construcción de las Torres Gemelas, fue en realidad una empresa pública promovida por los Rockefeller.

En esta empresa faraónica que culminó con la erección de las dos Torres Gemelas el sector privado intervino, ciertamente, pero no a través del mercado sino como grupo de presión para canalizar la inversión de los fondos públicos. Cuando se inauguraron en 1973 las Torres estuvieron vacías por años: muchas de las oficinas fueron ocupadas por la misma Corporación y la Autoridad Portuaria. Recién durante la burbuja expansiva de la década del 1990 se alquilaron los millones de pies cuadrados de las oficinas a pleno. Este rol que la empresa privada jugó en la construcción de las Torres a fines de los 60s, será según Marcuse, el mismo rol que jugará en la reconstrucción del sitio, en tanto que son enormes las necesidades en infraestructura que para el desarrollo del mercado privado en el sitio. Sólo los fondos gubernamentales estarán en condiciones de hacerlas.

Pero la LMDC también tenía en su agenda ampliar su base de sustentación y dar cabida a "representantes de la comunidad" o "stakeholders" así como al agitado debate público en plena efervescencia. En marzo de 2002, el patricio presidente de la LMDC, creó ocho Consejos Asesores, llamando a representantes de Familias, Residentes, Restaurantes, Comerciantes al por menor y pequeños negocios, Artes Educación y Turismo, Firmas Financieras y Profesionales, Viajeros y Transporte, y Desarrollo. Con esta estructura el LMDC se aprestaba a canalizar las opiniones y conseguir el consenso público. Hacia mayo de 2002, además de los Consejos Asesores, la LMDC se había entrevistado "con juntas de la comunidad, grupos cívicos, organizaciones de planificación y benéficas, funcionarios federales, estatales y locales elegidos, y agencias de gobierno".

 

La sociedad civil

Como hongos después de la lluvia brotaron las agrupaciones de la sociedad civil, con planes, ideas y demandas de participación bajo el brazo. Muchas de las innumerables asociaciones preexistentes en NY se volcaron al debate y a reclamar por un proceso inclusivo y participativo en la reconstrucción del sitio. A estas entidades civiles se le sumaron otras que surgieron como respuesta directa al 11S, como la de los familiares de las víctimas por el memorial, de apoyo económico y psicológico, como Here is New York, o New York Recovers, o Rebuild New York-Our Town.

En un movimiento inverso, mientras se estrechaba el área del desastre y las tareas de limpieza se concentraban sobre los 16 acres de tierra del WTC, se ampliaba el espectro de las agrupaciones civiles que se hacían oír en el debate público y se asociaban en coaliciones mayores. Las coaliciones más grandes, como la Civic Alliance, New York New Visions, y el Imagine NY por ejemplo, incluyen entre 20 y 70 agrupaciones trabajando juntas en cada una, tienen buena llegada a los medios de comunicación y se transformaron en una referencia ineludible para las autoridades.

También en un movimiento inverso, se ampliaba el campo del debate urbano: la multiplicación y la diversidad de las agrupaciones que lo alimentaban produjo la ampliación de la escala de los problemas que pasaron de la discusión específica sobre la reconstrucción del sitio, hacia la revitalización de todo el Lower Manhattan, y al debate de las condiciones urbanas en toda la ciudad de Nueva York y el área metropolitana. Con justeza, emergió así en el debate público la dimensión regional del impacto del ataque, y por lo tanto, la necesidad de dar respuesta integral a la ciudad y no solamente a los grandes intereses comerciales y financieros que habitaban el WTC. El reclamo de una distribución equitativa de los fondos federales y estatales surgió directamente desde estos foros dispersos por todo el área metropolitana de los tres estados.

Veamos sólo una de las nuevas iniciativas. "Here is New York" fue fundada por 4 vecinos del SOHO que empezaron a recolectar fotografías de la ciudad atacada. Armaron "una democracia de imágenes" según ellos mismos se definen, al juntar fotos tomadas por todos y por ninguno. Desde fines de septiembre de 2002, en dos pequeños locales en la calle Prince del SOHO, cuelgan de piolines como ropa tendida en las ventanas de Nápoles, miles de fotos del ataque, de la destrucción y de los días de búsqueda y duelo. Cuelgan mansamente, una junto a otra, todas del mismo tamaño, las fotos de profesionales famosos junto a la de comerciantes, oficinistas, amas de casa, maestras, estudiantes, trabajadores de la construcción y niños. "Los eventos del 11S afectaron a todos por igual, dice uno de los fundadores de Here is New York, no dejando a nadie inmune de la confusión, el shock y el dolor. Enseguida pensamos que la mayor cantidad posible de gente debería tener la oportunidad de ver esas fotos, pero también debía tener la oportunidad de agregar las propias a la colección. En los días que siguieron al 11S parecía que todos en NY tenían una cámara en la mano. Cuando comenzamos a pedir fotos, nos inundaron con negativos, diapositivas, copias y fotos digitales. Mostramos todas las que podemos y creemos que es el archivo más grande de este tipo en la historia de la ciudad." El trabajo de voluntarios sostiene esta exposición pública que fue visitada por cien mil personas en los primeros dos meses. Se vendieron más de 30.000 reproducciones y lo recaudado en la venta va para la Children's Aid Society's WTC Relief Fund. El proyecto se expande como toda buena empresa norteamericana velozmente, hoy se puede visitar la muestra por Internet, adquirir copias desde cualquier país, y están programadas dos muestras en Berlín y en Arles, en Francia en los próximos meses. Al día de hoy, debido a la masividad de los envíos, han suspendido temporalmente la recepción de nuevas fotos. Es un ejemplo del poder que pueden adquirir las iniciativas civiles y las imágenes, cuando son liberadas de los medios y tienen el permiso de hablar por sí mismas.

Pasemos ahora a las coaliciones, que manifiestan la complejidad que adquirió la respuesta de la sociedad civil en el debate urbano. "New York New Visions" es una coalición de 20 organizaciones de planificadores y urbanistas que se juntaron inmediatamente después del ataque, con el objeto de ocuparse de los problemas de la reconstrucción del sitio y del LM. Según sus organizadores, representan a 30.000 individuos. En tres meses de trabajo produjeron un documento con recomendaciones preliminares sobre la reconstrucción de la infraestructura de trasporte, que presentaron ante el Gobernador, el alcalde, la LMDC, delegaciones del Congreso y otras agencias estatales civiles y comerciales.

La Civic Alliance for Rebuilding Downtown New York comenzó a tomar forma en octubre de 2001. Al día de hoy es posiblemente una de las coaliciones creadas en respuesta al ataque que adquirió mayor poder y voz ante los organismos estatales. Creada por iniciativa de la Regional Plan Association, está coorganizada por la New School University, la New York University y el Pratt Institute, y agrupa a 75 agrupaciones comunitarias, barriales, medioambientales y comerciales. Según sus organizadores, representan un corte vertical de Nueva York y la región metropolitana. Constituye un amplio "paraguas" para sostener los esfuerzos en pro de una planificación comunitaria e inclusiva en la reconstrucción del Lower Manhattan.

En febrero del 2002 la CivicAlliance llevó a cabo un foro "Listening to the City" al que asistieron 650 personas. Se organizó en pequeños grupos y las discusiones se conectaron en tiempo real a través de un sofisticado sistema de comunicación que permitió la elaboración inmediata de las conclusiones. Según sus organizadores, participaron toda clase de personas: residentes y trabajadores del Downtown, familiares de las víctimas y sobrevivientes, personal de rescate y emergencia, vecinos y líderes comunitarios. Sin embargo, según algunos participantes, el encuentro tuvo una marcada homogeneidad étnica y de nivel de ingresos, superior al medio de New York.

En base a ese foro y al trabajo de las 75 organizaciones de la coalición, prepararon un informe con recomendaciones preliminares para la revitalización del Lower Manhattan en abril de 2002. El objetivo es modesto: "convertir el Lower Manhattan en la primera ciudad del mundo del siglo XXI", que demuestre el camino hacia un nuevo futuro urbano. El informe visualiza un LM rebosante de actividades las 24 horas del día y los 7 días de la semana, con parques y plazas, usos mixtos diversificados en residenciales, comerciales, educativos, un centro cultural a escala regional y global, y con un lugar para honrar a los muertos del 11S y afirmar los principios democráticos. De ese modo, el informe de 47 páginas propone un proceso inclusivo para el diseño del memorial del 11S, y un plan para todo el Lower Manhattan. Incluyen la reconstrucción de la infraestructura de transporte público y la circulación como pilares de la reconstrucción del Lower Manhattan, el incremento de la población residente y los servicios comerciales y culturales. Proponen hacer más inclusiva la planificación, diseño y revisión de los proyectos, revitalizar, diversificar y hacer más equitativo el desarrollo económico del LM. Proponen asimismo transformar el sitio del WTC en una parte más de un amplio espacio público conmemorativo que se expanda hasta el río. Y como tambor de fondo a tantas listas de buenas intenciones: una y otra vez insisten en un proceso de planificación y decisiones más abierto y participativo. Tampoco puede faltar la tecnología que pareciera abrir más alternativas: también la Civic Alliance abrió una página de Internet para recibir las ideas y proyectos sobre el LM. Parecieran indudables los beneficios del Internet para recoger voces ideas y propuestas, lo que está por verse es el papel que puede jugar en la elaboración de las ideas y su inclusión en el proceso de decisiones.

 

El debate a pleno

Al atardecer del 11 de marzo, a seis meses del ataque, se prendieron 80 reflectores en el sur de Manhattan, que recrearon en la noche de la ciudad, las siluetas iluminadas de las Torres Gemelas. Este "tributo de luz" estaba basado en un proyecto concebido independientemente por varios artistas, y fue organizado y promovido por la Municipal Art Society con el apoyo de numerosas fundaciones. Al mes se apagaron los reflectores, pero hay numerosos pedidos para que se vuelva a iluminar el cielo de Nueva York muchas otras veces. Los dos aces gemelos de luces que se fundían con las nubes en las alturas fueron un poderoso símbolo de la tragedia, pero al mismo tiempo, de la tarea que quedaba por hacer.

En ese mismo mes de marzo, se lanzaba públicamente otro de los proyectos promovidos por la sociedad civil que se ocupan del futuro del sitio de las Torres, "Imagine NY: giving voice to the people's visions" (dando voz a las visiones de la gente). "Imagine NY" construyó una de las redes más inclusivas y geográficamente más amplias que se generaron en reacción al ataque. Es un proyecto de la Municipal Art Society, en colaboración con el Pratt Institute de Brooklyn y 50 organizaciones comunitarias, culturales y comerciales de la región metropolitana de Nueva York.

Se trataba de incluir todas las ideas y visiones del público sobre la reconstrucción del sitio del WTC y sobre el futuro de las comunidades de toda la región afectada por el ataque. Durante un mes y medio se organizaron talleres que funcionaron como foros públicos abiertos a todos los interesados en expresar sus ideas. Una vez incluidas todas las ideas y visiones en una base de datos, fueron clasificadas por temas e identificadas las visiones comunes, a través de un proceso inclusivo y transparente. La segunda etapa del proyecto es de implementación y está actualmente en ejecución. El desafío es asegurar que estos temas y visiones sean escuchadas por los agentes que toman las decisiones sobre el sitio, el memorial y el Lower Manhattan.

El proyecto comenzó a fines del 2001 y fue lanzado públicamente el 14 de marzo. Con asombro, viví el sostenido crecimiento de esta coalición. En los meses de invierno, durante la preparación del proyecto, la gran mesa alrededor de la cual nos reuníamos como Consejo Directivo estaba cada vez más llena: hubo que disponer una segunda fila de sillas, y las infaltables presentaciones de cada uno de los representantes de las instituciones se volvieron interminables. Las reuniones se hacían en un piso 39, justo encima del sitio del WTC y confieso que a las primeras no me fue fácil llegar en el metro, ni subir al ascensor y menos aún mirar para abajo al sitio atrincherado en las tareas de limpieza. Me quedó claro de entrada y luego lo corroboré en varios talleres y reuniones en los barrios de Nueva York, que para cada uno de los que de una u otra manera participamos en el proyecto, el compartir una actividad de discusión pública, inclusiva y orientada hacia el futuro, era de gran ayuda ante la desmesura y complejidad de la situación que se vivía en la ciudad.

Entre el primer taller que se hizo el 14 de marzo en el Lower East Side -donde Jordi Borja fue uno de los participantes en un grupo de hispanos- y el último realizado a fines de mayo, 3.000 personas participaron en 230 talleres, 25 talleres-esquicios y 700 enviaron sus ideas por la web. Los talleres se hicieron en escuelas, museos, templos, asociaciones barriales, institutos geriátricos, universidades, hospitales y cuarteles de bomberos, tanto en Nueva York, como en New Jersey y Connecticut.

El 1 de junio se realizó un "Summit" una reunión general de conclusiones. Se habían presentado 18.492 ideas individuales que elaboradas en talleres y esquicios produjeron las visiones. En un laborioso trabajo se clasificaron las visiones en los 19 temas y se elaboraron 50 versiones preliminares de las visiones que englobaban las formuladas en los talleres. En la reunión del 1 de junio participaron 300 personas que revisaron esas 50 visiones preliminares, revisando nuevamente cada una de las visiones elaboradas por los talleres. Confieso que me pareció una tarea imposible. Sin embargo, compartí mi asombro con el grupo que me tocó facilitar, cuando al fin acordó en la reformulación de la visión luego de haber discutido las 200 visiones que debían sintetizar.

Los temas que englobaban las visiones producidas en los talleres públicos del Imagine NY son en parte similares a los que proponen otras entidades públicas y privadas, como el memorial, la reconstrucción, seguridad y transportes. Pero también surgieron otros temas que son propios de las preocupaciones de las comunidades y barrios metropolitanos, como el desarrollo económico, desarrollo comunitario, empleo, inversiones públicas, espiritualidad, solidaridad y tolerancia.

Al final del Summit, a sala llena, dos hileras de personas esperaban contra las paredes laterales con sus papeles celestes en la mano para leer la reformulación de cada una de las 50 visiones sobre las que se trabajó esa mañana. Al terminar esa larga presentación comenzó la parte más agitada de la reunión, en la que mucha gente se alineó nuevamente detrás de los dos micrófonos para proponer alternativas de implementación de las visiones y hacerse escuchar ante las autoridades. Al calor del entrenamiento en ejercer las opiniones personales, la última parte de la asamblea mostraba la dimensión, la profundidad, el detalle y la pasión que el trabajo colectivo desató.

Los organizadores, liderados por la Municipal Art Society y el Pratt Institute son ahora los encargados de hacerse oír en las instancias que el cronograma definido por la LMDC definió y presentarlas también ante el gobernador y el alcalde.

En abril, la LMDC proseguía sus rondas de consultas con distintas organizaciones civiles y presentaba un Plan Borrador con los principios preliminares. En mayo, a través de una breve convocatoria pública, se seleccionó al estudio de arquitectura que iba a ser el encargado de asesorar a la LMDC en la planificación de la reconstrucción, tema que provocó asombro y todo tipo de protestas y demandas en la prensa. A fines de mayo, la LMDC junto con la Autoridad Portuaria ofrecieron una audiencia pública para escuchar las opiniones de los vecinos y organizaciones civiles sobre las opciones para el sitio del WTC y sus áreas adyacentes, así como sobre los proyectos de infraestructura de transporte. Cientos de personas de juntaron en una audiencia programada para tres horas que comenzó 40 minutos más tarde. Fue la primera de una serie de audiencias públicas que la LMDC se propone mantener como foro público para debatir los esfuerzos de reconstrucción. La próxima audiencia será el 20 de julio, pero en realidad será la "Listening to the City II" organizada por la Civic Alliance junto con America Speaks y otras organizaciones como el Pratt Institute. Los organizadores esperan reunir más 5.000 personas de todos los distritos de la ciudad y trabajar con un sistema interactivo de comunicación similar al que usaron en febrero en "Listening to the city 1."

El LMDC presentó un plan de 4 fases de sucesivas rondas de propuestas y consultas, que termina a fines del 2002. Encabezando la lista de sus principios para acción, el LMDC declara "Tomar decisiones basándose en un proceso público inclusivo y abierto", a la que siguen otras sobre la creación de monumento conmemorativo, la rápida revitalización del Lower Manhattan, la coordinación a las mejoras en la infraestructura de transporte, etc.

En realidad, el 30 de mayo en la ceremonia de clausura de las tareas de rescate y limpieza, comenzó simbólicamente la reconstrucción del sitio y del LM. Esta segunda mitad del año será la hora de la verdad, en la cual el amplio debate público sobre el sitio y la ciudad que se desató con el ataque a las Torres, puede materializarse en un proceso democrático e inclusivo. Así lo reclaman las organizaciones comunitarias y así lo sostienen en sus declaraciones oficiales las organizaciones gubernamentales. Se verá ahora en este futuro inmediato, si la ciudad de Nueva York se convertirá en un ejemplo de proceso democrático en su reconstrucción, o los procesos de decisión en la capital financiera del mundo, repetirán más de lo mismo.

 

El debate sobre el futuro de la ciudad

Desde el principio del debate, los temas más frecuentes de discusión partían de la primera gran opción: dejar el sitio vacío en homenaje a las víctimas con sólo un memorial y o un parque conmemorativo, o reconstruir el sitio para reinsertarlo en el desarrollo económico de la ciudad. El alcalde Giuliani, en su último mensaje antes de entregar la administración el 1 de enero de 2002, hizo una pública y emotiva propuesta de dejar el sitio sólo como memorial. Giuliani utilizaba todo el peso del prestigio que ganó en su liderazgo de las tareas de rescate, y sostenía que si se hacía bien el memorial, el desarrollo económico iba a ocurrir de todos modos. La reacción de Bloomberg, el recién electo alcalde, no se hizo esperar y a los 3 días de asumir, en una reunión con el presidente de LMDC anunciaba que el sitio no iba a contener sólo un memorial. Tampoco imaginaba ninguna gran torre de 100 pisos pero pensaba incorporar, además del memorial, otros usos como comerciales y oficinas. Declaraban además, que se decidirían estos usos luego de consultas con todos los interesados, incluyendo los familiares de las víctimas y que la LMDC tenía la misión de estudiar todas las alternativas posibles.

Para principios de año, las propuestas para memoriales ya comenzaban a inundar las páginas de Internet, exposiciones privadas y reuniones de todo tipo. Entre los más encarnizados defensores de dejar el sitio sólo como memorial se encuentran los familiares de las víctimas, agrupados en organizaciones recién creadas, que luchan por obtener un sitio donde recordar a sus seres queridos muertos juntos con el derrumbe de las Torres, lejos de las actividades comerciales.

Los lobbies del poder económico y del mercado inmobiliario quieren reconstruir lo más pronto posible, aun cuando todos defienden la idea del memorial. Lo que está en juego es la escala y la ubicación del memorial. También la gente de los barrios intervienen en este debate, y aún los niños en las escuelas. En los resultados del "Imagine NY" se reproduce cientos de veces y de varias maneras distintas opciones para el memorial y el sitio sagrado, con propuestas aun más diversas que las que se escuchan en los foros más especializados.

Los que defienden la idea de utilizar el sitio para promover el desarrollo económico se diversifican entre la reconstrucción de edificios de oficinas o de usos mixtos, tanto en forma de rascacielos o una serie de edificios más bajos; o la combinación de usos mixtos, con un memorial, actividades comerciales, de vivienda, culturales y educativas.

Algunas ideas fueron adquiriendo consenso, como los usos múltiples incluyendo el memorial y otros usos comerciales y culturales. Otras son discutidas en foros y cartas de lectores a los diarios, como la sentida necesidad de restaurar la cuadrícula que el WTC borró. La que mayor consenso tomó fue el acuerdo sobre la necesidad imperiosa de reconstruir no sólo los 16 acres de tierra del WTC sino de revitalizar todo el Lower Manhattan, y en particular la infraestructura de transporte público a través de la construcción de un súper nodo de intercambio entre metros, trenes y ferrys.

Sin embargo, uno de los resultados más interesantes de esta discusión es haber detonado notables reflexiones sobre la vida urbana y toda la ciudad en su conjunto. Esta reflexión sobre la metrópolis tiene relación directa con la discusión sobre la distribución de los fondos públicos destinados a la reconstrucción. Si las víctimas del WTC procedían de diversos rincones de la metrópolis, si los empleos que se perdieron afectaron no tanto a los residentes en el LM como a trabajadores de toda la metrópolis, si la recesión económica que el ataque magnificó afecta a todos, ¿por qué invertir el dinero público sólo en la reconstrucción de los 16 acres de tierra beneficiando nuevamente a los poderosos empresarios privados con inversiones públicas? Muschamp exhortaba a tomarse tiempo para la reconstrucción y aprovechar el momento para reflexionar a fondo sobre la arquitectura de la ciudad. No es el único que amplió el campo del debate temprano.

En noviembre, en una consulta a varios intelectuales y arquitectos, Michael Sorkin sostiene que es imposible pensar qué hacer con el sitio, sin antes discutir el conjunto de la ciudad, y propone que NYC se convierta en el "modelo de una nueva clase de gran ciudad capital mundial, una metrópolis de múltiples y diversos centros, con Manhattan quedando como el centro de todos los centros". Propone que la redistribución del presupuesto incluya la revitalización de todos los distritos de la metrópolis y no sólo de Manhattan: "que vayan fondos para revitalizar el centro del Bronx, Queens, Brooklyn y también Jersey City". El objeto es conformar una metrópolis que recree la ya histórica diversidad y diferencias de NYC que Manhattan en un tiempo pasado representó. Manhattan está en vías de perder esa diversidad por el sostenido alza de los valores inmobiliarios que expulsa hacia fuera a enormes sectores de la población, dejando a Manhattan rica pero más homogénea. Sorkin propone reconstruir la diversidad y diferencias a escala metropolitana.

Mike Wallace, ganador del premio Pulitzer 1998, propone un nuevo "New Deal" para enfrentar esta emergencia, es decir, una revaloración del papel del estado en la reconstrucción, además de la aceptación explícita y pública de que el mercado por sí mismo no puede responder a esta situación. Según Wallace, en la capital de las finanzas y la libre empresa capitalista, se ha asentado nuevamente el convencimiento que para esta reconstrucción hacen falta los dineros públicos. De ese modo, se ha puesto de nuevo en la mira la intervención del estado en los asuntos urbanos, concepto que tan en baja estuvo públicamente -aun cuando no en la práctica- en la década de 1990. Así lo manifiesta Mike Wallace en su propuesta "New New Deal for New York", y así se sostiene en numerosos artículos que evalúan las propuestas para reconstruir la red del transporte público en Nueva York.

 

Dos preguntas, para concluir

Es inevitable preguntarse cómo va a terminar esta ola de debates, estas demandas de procesos participativos, y esta lista de promesas de las agencias oficiales para mantener un proceso de decisiones abierto y en consulta con la opinión pública.

¿Qué pasará ahora con estas opiniones luego de tanto entrenamiento? Qué pasará con las 3.500 personas del "Imagine NY", las 650 de la primera "Listening to the city" de febrero, los miles que participaron en reuniones y foros barriales y universitarios, los cientos de personas que acudieron a la primera audiencia publica del LMDC, los 5.000 más que participarán en el "Listening to the City 2", y los cientos de miles que leen y escuchan en los medios acerca de este debate y lo siguen en sus casas y calles? ¿Qué pasará ahora con esas voces que se ejercitaron tan fuerte individual y colectivamente en pensar sobre la ciudad?

Al margen de lo que pase en este caso con la reconstrucción del WTC, la enorme ola desatada en el apasionado debate que generó este ataque, las cientos de miles de opiniones que se ejercen en todo lugar y bajo diversas formas, quizás sean el verdadero y único reaseguro para el desarrollo de procesos más inclusivos en la construcción del futuro de la ciudad.

Al terminar el Imagine NY Summit, a la hora de las recomendaciones para la implementación de las visiones esbozadas en los talleres, una señora -viuda de una víctima del WTC- agarró el micrófono y a voz de cuello instó a la gente a mandar cartas, a conectarse con sus representantes políticos, a pedir entrevistas personales al alcalde y al gobernador, para hacerse escuchar de a uno en uno y así presionar mejor por las demandas colectivas desde las coaliciones. "No manden emails, decía, manden cartas escritas a mano, que esas siempre se contestan y conseguirán las entrevistas", concluía. Un panorama complicado para las autoridades.

En muchos campos el ataque removió las aguas y permitió nuevas formas de acción, quizás este sea otro de los cambios posibles. Pero todo eso está por verse ahora, a la hora del comienzo oficial de la reconstrucción.

El 30 de mayo de 2002 se retiró con gran ceremonia pública la última pieza metálica de la montaña de escombros del WTC. Este acto marcó la clausura simbólica de las tareas de rescate y limpieza. Fin de la esperanza de encontrar más víctimas, y fin del ordenamiento del gran pozo. A partir de ese acto, dio comienzo la reconstrucción. Los escombros ya no estaban más a la vista "están ahora sólo adentro de nosotros" decía el editorial del NY Times, el sitio está limpio, la tierra está abierta hacia el futuro.

En este día simbólico, la voz del alcalde subrayó la decisión ya comenzada a implementar, de reconstruir prioritariamente la infraestructura eléctrica y de transporte público: metros, trenes y terminales de ferrys. Anunció que se iban a tomar el tiempo necesario para acordar y decidir sobre el memorial, y la reactivación comercial: "no es cuestión de hacer algo hoy, la cuestión es hacer algo que la gente pueda ver en 10, 20 o incluso 100 años más adelante".

Lo cierto es que muy poco de este debate urbano se ocupó de las causas y efectos internacionales de este ataque. En publicaciones como The Nation, o por la National Public Radio y otros medios que no comulgaban con la nacionalización del conflicto -tal como fue presentado en el discurso del presidente y acatado por la mayoría de los grandes medios de comunicación- salieron reflexiones sobre el papel de USA y de NY en el mundo globalizado a su imagen y semejanza, y la injusticia de las relaciones asimétricas tanto en el terreno económico como en el cultural.

Pero, el debate urbano, tal como lo pude observar durante estos meses, tuvo muy pocas referencias a las interdependencias de NY con el mundo exterior. Muy poco apareció en los grandes medios de comunicación, casi nada en los informes y reuniones de la LMDC o la Autoridad Portuaria, organismos encargados de la reconstrucción del sitio. En realidad, el mundo exterior y la interdependencia, aparece sólo en estos discursos y debates, bajo el tema de la seguridad interna, vulnerada por primera vez desde 1812 en Nueva York.

Lo que más me sorprendió es que "el resto del mundo" tampoco aparecía explícitamente en las reuniones en los barrios de Nueva York a las que me tocó asistir o sobre las cuales conseguí información, eso no significa que no se hayan producido. Lo que emergía en estas reuniones así como en los resúmenes de las visiones del Imagine NY, es el espíritu de tolerancia, de aceptación e incluso de la celebración de la diversidad de NY: "construyamos en el sitio un emblema de tolerancia y del conocimiento de los otros". Esta es una de las formas populares en que se articulaba esta tensión entre el mundo interior de NY y el mundo exterior.



 

Margarita Gutman. 
Arquitecta nacida en Buenos Aires.

En la actualidad está a cargo del desarrollo de los programas "Nueva York 2050" y "Buenos Aires 2050", en preparación en las respectivas ciudades.